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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Nos están matando
¿Con qué grupo de hombres las mujeres se sienten, nos sentimos tranquilas? ¿Existe una profesión u oficio que a las mujeres nos proporcione algún tipo de seguridad?
Por América Pacheco
10 de diciembre, 2019
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Pinta de estudiantes de la Universidad de Guanajuato por el asesinato de Ana Daniela Vega.

Soy una mujer solitaria, aunque no lo parezca. Y debido a las condiciones actuales de un destierro autoimpuesto, la mayor parte del día estoy acompañada en exclusiva por las voces que viven en la cabeza y las dos perras que mantengo como las reinas de Java. Todas las mañanas recorro a pie un kilómetro aproximadamente a través de una carretera que conduce a San Miguel de Allende por demás solitaria. Tres días a la semana me traslado en taxi al centro deportivo donde entreno natación a las cinco y media de la mañana en completa oscuridad. Mi casa se encuentra enclavada en la profundidad de una barranca a la que mis amigas consideran un deporte de alto rendimiento llegar caminando. Desde el primer día que pisé esta bella ciudad sentí una seguridad que no había conocido en el pasado. Sin embargo, los dos últimos años ha crecido la violencia en el estado de manera exponencial y aunque la violencia aún no permea en la atmósfera, ya comienza a olerse a la lejanía el tufo de la inseguridad.

Lo anterior viene a cuento porque el día de ayer salí de casa por la mañana y noté que muy cerca del fraccionamiento dónde vivo están construyendo un nuevo edificio -casi apareció de la nada, lo juro por Cristo-, y de un día para otro, la otrora bucólica calma vecinal se ha convertido en una romería sin control. Donde antes solamente existía naturaleza, el sonido de los grillos, las corretizas entre gatos y lagartijas, ahora uno puede toparse con electricistas, tipos en motocicletas a toda velocidad que te orillan a la diabetes por el chingado susto. Y cuando crees que ya estás a salvo, chocas con un grupo de albañiles, tres técnicos de Megacable, un grupo de eléctricos y camionetas polarizadas conducidas por tipos con ropa desgastada y el rostro cubierto con gorras de béisbol. He comenzado a tener miedo por primera vez en cinco años. Que no se malentienda, mi intención no es estigmatizar a nadie. Lo que realmente me tiene tecleando esta columna es la reflexión que saqué de esta nueva invasión de hombres desconocidos: ¿con qué grupo de hombres las mujeres se sienten, nos sentimos tranquilas? ¿Existe una profesión u oficio que a las mujeres nos proporcione algún tipo de seguridad? ¿Serán acaso los abogados, arquitectos, contadores?

A título personal creo que la respuesta a mis interrogantes es imposible de contestar con unanimidad.

Estudiantes protestando en las escalinatas de Rectoría de la Universidad de Guanajuato.

Si nos damos a la ociosa tarea de analizar el perfil académico/laboral de connotados feminicidas, es probable que terminemos desconsoladas: Ted Bundy era abogado, Jeffrey Dahmer, exestudiante de química y militar. Andréi Chikatilo se tituló en Ingeniería, Marxismo-Leninismo, Lengua y literatura rusa. El violador Paul Bernardo era contador. El Caníbal de la Guerrero era poeta. Goyo Cárdenas era un destacado Químico. Ya no hablemos de los taxistas, su mala prensa habla por sí misma.

Escapé de una ciudad feminicida, y ahora me descubro viviendo en otra. La semana pasada se descubrió el cadáver de Ana Daniela Vega de 24 años, estudiante de la carrera de Biología en la Universidad de Guanajuato. Ana Daniela fue encontrada estrangulada en la colonia Noria Alta. La misma colonia a la que llevo a mis perras al veterinario. Por lo menos un millar de personas compuesta por estudiantes, movimientos feministas, ciudadanos y maestros nos manifestamos en la rectoría en su genuino reclamo de seguridad para las estudiantes de la ciudad. La indignación se acentuó porque en un alarde claro por darle carpetazo al caso, las autoridades locales difundieron el suicidio como primera versión de los hechos. Gracias a la presión popular, se abrió el marco de investigación que dio con la captura del presunto asesino de Daniela. Funcionarios fueron despedidos y el gobernador de Guanajuato hizo un statement respecto al feminicidio el pasado lunes 9.

Lo desolador del caso es que el presunto asesino es el exnovio de Ana Daniela.

La violencia contra nuestro género es un fenómeno que persiste en prácticamente todos los países del orbe. Desde la Conferencia Mundial de Derechos Humanos del 93 y la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la comunidad internacional reconoció que la violencia contra la mujer es una significativa preocupación de salud pública, política social y derechos humanos. Pero reconocer el problema no es de ninguna manera suficiente para nuestro género. No ha sido posible documentar la magnitud de la violencia contra las mujeres y mucho menos producir datos comparativos confiables que sirvan para conducir las políticas y monitorear una solución contundente. El caso de la estudiante guanajuatense, así como el de Abril Pérez, nos conducen al núcleo del problema: a las mujeres las matan sus parejas. Las mujeres víctimas de violencia doméstica tienen más del doble de probabilidades de ser heridas, tres veces más probabilidades de temer por su vida, el doble de probabilidades de ser acosadas, y el doble de probabilidades de experimentar más de diez incidentes de violencia en TODA SU VIDA.

Un grupo de investigadores de Naciones Unidas dio a conocer una encuesta realizada a más de diez mil ¡DIEZ MIL! hombres en cinco países de Asia (China, Camboya, Bangladesh, Indonesia y Sri Lanka) con un resultado escalofriante: casi uno de cada cuatro hombres ha cometido al menos una violación. Este estudio realizado por la ONU es el estudio mejor documentado hasta la fecha. El único trabajo similar publicado hasta ahora en la literatura científica se había llevado a cabo en Sudáfrica, donde el 27% de los hombres habría cometido una violación. Por su parte, la revista de investigación médica The Lancet Global Health arroja datos poco alentadores: alrededor de uno de cada 10 entrevistados admite haber violado a una mujer que no era su pareja. Incluyendo a los que han violado a su pareja, el porcentaje asciende al 24%, según explican los autores. Casi la mitad de estos violadores habrían violado a más de una mujer.

El equipo arriba citado de Naciones Unidas que dedica alma corazón y vida a la investigación multinacional violencia y la clara intervención del sexo masculino, advierten de que estos datos no son estrictamente aplicables a otros países, pero consideran que son un buen termómetro. “Nuestros datos tienen un considerable interés global, porque la mayor parte de la población mundial vive en esta región y porque los países que hemos estudiado son muy diversos culturalmente”. Si la OMS afirma en su informe global “La violencia contra las mujeres es un problema global de proporciones epidémicas” que el 35% de las mujeres del planeta mayores de 15 años ha sufrido violencia y que una de cada tres mujeres es víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja, considero, no sé, que tenemos razones sobradas para llorar, gritar, marchar, cantar y desconfiar de todo, de todos. La violencia contra las mujeres es un PROBLEMA DE SALUD de proporciones ENDÉMICAS, entiéndalo usted, amable lector.

Todas y cada una de las alarmas deberían de estar encendidas. Todos los gobiernos del mundo deberían de tener en sus escritorios un plan de trabajo cuya prioridad sea evaluar protocolos urgentes que atiendan una emergencia social de este calibre, así como ubicar al feminicidio dentro del catálogo de delitos de alto impacto. De esta manera será procedente la prisión preventiva y menguar de alguna manera los índices de impunidad y aumentar los de consignación efectiva del culpable.

¿Cómo podríamos sentirnos seguras con los extraños que han comenzado a merodear tu barrio, con el cerrajero que tiene copia de las llaves de nuestra casa, el vigilante del edificio que conoce todos los hábitos y horarios de la familia, con el plomero que revisó todas las recámaras y se dio cuenta que pasas ocho horas del día en completa soledad; si la persona que tiene mayores probabilidades de lastimarte es con la que compartes un proyecto de vida?

La alta prevalencia en los homicidios de parejas íntimas debería de tener implicaciones claras para dirigir esfuerzos de prevención a la violencia letal. Los homicidios que pertenecen a esta categoría son a menudo el resultado final de una respuesta fallida del servicio de justicia social, de salud y penal a la violencia entre parejas. El sector de la salud necesita mejorar la identificación y la respuesta a este sector de violencia, incluida la evaluación de la gravedad de la misma ejercida y el posible riesgo de homicidio entre las mujeres que sufren agresiones por parte de sus novios, amantes, concubinos o esposos.

Es inaceptable que nuestro sistema judicial ignore la tasa de homicidios perpetrados por las parejas íntimas de las víctimas, ya que es un porcentaje brutal que requiere ser mejorado e incluirse en las estrategias protocolarias básicas de reducción de crímenes. Nos urgen políticas preventivas enfocadas en la disminución de riesgo. Las dimensiones del problema se alcanzan a distinguir desde la punta del Himalaya.

El violador, el agresor, el homicida o los tres juntos probablemente no encajen en la categoría de psicópata o enfermo mental. No todos los agresores están trastornados, camaradas. No caigamos en simplificaciones absurdas. Excepto en contados casos de agresores sexuales con perfil antisocial, discapacitados intelectuales o psicóticos, las estadísticas nos han enseñado que un agresor sexual no es carente de juicio, la mayoría son capaces de identificar adecuadamente y con discernimiento la repercusión de sus acciones. Saben perfectamente que están cometiendo un acto violento. Lamentablemente, el agresor se sabe cobijado por un sistema judicial que le permite jamás pisar una prisión o verse fuera de las rejas en meses o incluso semanas, a pesar de ser judicialmente imputable. El costo moral de la impunidad solamente sirve para alimentar con mayores complementos vitamínicos al monstruo. Violan y matan porque saben que serán favorecidos por un sistema que les permite reincidir. Otra consecuencia colateral que no todos quieren ver es que, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de las Mujeres, se estima que más TRES MIL NIÑOS que se encuentran en situación de orfandad a causa del feminicidio de sus madres. No son cifras definitivas, pero el número de niños y niñas tocados por la tragedia es alarmante. Muchos de ellos incluso fueron testigos del crimen. La magnitud del daño es descomunal e irreparable.

Protestas estudiantiles en las paredes de la Rectoría de la UG.

Durante semanas me mantuve al margen de discusiones bizantinas entre amigos, familiares y conocidos respecto a las acciones “violentas” en las que incurrieron las hermanas feministas que han tenido el valor y furia para marchar en las calles de las principales ciudades de mi país (y del mundo) quemando, destruyendo, pintando todo lo que se atravesó en su camino: puertas, ventanas, y hasta los sagrados monumentos que dan testimonio de la grandeza de nuestra nación. Y como este mi país y esta es mi gente, no faltaron las voces hinchadas de cólera e indignación por la condescendencia de las fuerzas de seguridad pública ante la barbarie feminista radical transmitido oportunamente en prime time en todos los noticieros y plataformas digitales.

Pero ¿saben?, a esas nobles almas genuinamente preocupadas en salvaguardar el orden y progreso de este país, les tenemos noticias: en nombre de las 3,578 mujeres asesinadas de 2015 a 2019 en México y en el de sus hijos, no vamos a tener calma ni sosiego. Consíganse una pantalla más grande porque vamos a prenderle fuego al mundo y ustedes van a mirarlo. Porque nos están matando. Y si yo caigo, una marabunta vendrá a tomar mi lugar para incendiar lo que mis manos no puedan.

Se va a caer, lo vamos a tirar.

@amerikapa

 

Fuentes:

The Global Prevalence of Intimate Partner Violence Against Women.

The prevalence of violence against women and some related factors (disponibles aquí y aquí).

Huérfanos por feminicidio: México solo reconoce como víctimas a 238 niños y niñas.

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