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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Old Boy
Un hombre ataviado con un elegante traje negro camina desencantado, sin rumbo fijo por las calles de una ciudad que ha dejado de recordarle, y no es que deba culparle, él mismo es incapaz de recordar la clase de hombre que era antes de su inexplicable cautiverio.
Por América Pacheco
20 de septiembre, 2012
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“Laugh and the world laughs with you. Weep and you weep alone.”

 Ella Wheeler Wilcox

Para Choi Min Sik, con profunda devoción.

Un hombre ataviado con un elegante traje negro camina desencantado, sin rumbo fijo por las calles de una ciudad que ha dejado de recordarle, y no es que deba culparle, él mismo es incapaz de recordar la clase de hombre que era antes de su inexplicable cautiverio. Ha perdido todo lo que le importaba en el mundo. Sus únicas pertenencias las lleva consigo: la vestimenta con cuál lo echaron a la calle, una maleta vacía y la exclusiva posesión de su nombre no pronunciado en una década y un lustro: Oh Daesú. Mientras contempla extasiado la vitrina de un restaurante de sushi, un vagabundo toca su hombro. Le entrega una cartera llena de billetes y un celular. El celular suena. Oh Daesú contesta. Escucha la voz -voz elegante y pausada- que inunda su conducto auditivo con arrogancia y sorna. La voz del verdugo y secuestrador establece la primera charla en quince años usando una sencilla pregunta:

-¿Te gusta tu ropa?

Oh Daesú enardece, se turba, no comprende, ni responde. Sencillamente interpela, contraataca:

-¿Por qué me encerraste? ¿Quién eres?

Soy un erudito de Oh Daesú, mi maestría eres tú.  Un erudito, un experto estudiando a Oh Daesú. Quién soy yo no es importante. ¿Por qué?, es lo importante. Piénsalo bien, que tu memoria recorra toda tu vida. Ya que el colegio ha terminado, es tiempo de la tarea, ¿cierto? Mantén esto en mente: “ser un grano de arena o roca, en el agua se hunden de la misma forma”. Te extraño, apúrate y ven a mí. Tienes cinco días para vengarte”.

La escena la interpretan los entrañables actores coreanos Oh Daesú (Min-sik Choi) y Woo-Jin (Yu Ji-Tae) en el inicio del multi laureado film Old Boy (Corea, 2003) autoría del maestro surcoreano Park Chan-wook, inspirado en el manga más popular del artista japonés Nobuaki Minegishi. El héroe trágico de esta historia -un hombre común y padre de familia-, se ve de pronto secuestrado durante una de sus borracheras el día del cumpleaños de su pequeña hija; el rapto del que es objeto, se prolonga 15 años en los que ve pasar el mundo en una pequeña televisión que se toma la molestia de informarle poco tiempo después de su captura, que es el principal sospechoso del asesinato de su esposa. El final de esta brutal obra maestra argumental, nos enseña que el destierro violento de la ordinaria vida de Oh Daesú, la privación total de su libertad y de cualquier tipo de contacto humano, fueron motivados por un móvil de cinco letras: un rumor. Un inocente rumor que con ligereza dejó escapar en su adolescencia, pero cuyo impacto destrozó almas y destinos. Siempre he considerado que la jugada más brillante del guión es que después de provocarle al espectador un ánimo de total empatía, así como el deseo de que al final de la odisea y búsqueda frenética, nuestro mártir protagonista propine una ejemplar venganza sobre el cruel ejecutor de su desgracia (un encantador Woo-Jin (Yu Ji-Tae)- la magistral vuelta de tuerca del director y guionista  nos ofrece una apabullante disyuntiva: ¿Es Daesú héroe o verdugo?

Ustedes saben que soy mujer de gustos simples y nada más simple que descubrir que una  promesa cinematográfica para conseguir mantenerme del mejor humor. Hace un par de días, dí con una página especializada en cine cuya nota principal era anunciar que la versión Hollywoodense de Old Boy -al fin- se encontraba en etapa de pre-producción (después de haber pasado por demandas, cesiones de derechos no autorizadas y el tamiz de Steven Spielberg, Will Smith como una desafortunada elección para el protagónico, etc.) y en manos del notable director estadounidense Spike Lee (Do the Right Thing, Malcom X). Dos elementos de la nota me parecieron de buen augurio: la primera, es la certeza de que Lee nos entregará un film carente de complacencias y la segunda, el nombre de la dupla protagonista: Josh Brolin y Samuel L. Jackson, a quienes considero actores finísimos, de elocuencia emocional necesaria para meterse en la pena sin fin de los inolvidables monstruos de la versión original.

Park Chan- Wook se ha convertido en el hacedor de los trabajos fílmicos que atesoro como al de pocos realizadores, su trilogía sobre la venganza y Thirst, forman parte de mi top 50 de joyas de la cinematografía de todos los tiempos (IMDb ha otorgado a Old Boy la calificación de 8.4 -puntaje altísimo para los criterios y competencia-, así como el ranking 88 dentro del top 250 de las mejores películas de todos los tiempos filmadas jamás.)

Cuando descubrí la noticia del remake hollywoodense, la compartí de inmediato con una persona que a lo largo de tres años ha mostrado una férrea renuencia a ver la cinta coreana. Su respuesta fue la misma: “no, ese no es el tipo de cine que me gusta, considero que no tengo por qué sufrir viendo una cinta violenta.”

Degusté las tres sílabas: vio-len-ta. Me pregunté en silencio si realmente estábamos hablando de una película violenta y si la apabullante realización de esta obra maestra podría considerarse bajo esa etiqueta. No tardé mucho en contestarme que sí, efectivamente lo era, pero no de la manera en la que se conceptualiza el género como tal.  La violencia portentosa de la que se constituye esta historia, no  estriba en los litros de sangre derramada cuadro por cuadro o por la tosca exhibición de  miembros mutilados. Old Boy en una creación artística bellamente elaborada, su violencia es de manufactura existencial, paradójica, humana, operística y magistral. Los seres humanos somos en sumo cobardes para atrevernos a contemplar al monstruo que nos habita. El autoengaño, la indolencia extrema a practicar sanos ejercicios de introspección nos convierte en seres con poca inclinación por el uso de la empatía como forma de vida, como materia prima vital para construirnos un entorno equilibrado. La búsqueda frenética de Oh Daesú por obtener venganza, no le permitió entender que su captor colocó las pistas ante sus ojos: Your gravest mistake wasn’t failing to find the answer. You can’t find the right answer if you ask the wrong questions. Oh Daesú se obsesionó en preguntar ¿Quién?, cuando las preguntas correctamente formuladas tuvieron que haber significado un manojo de  “¿Por qué?”

“La inteligencia humana es un instrumento apático y muchas veces no sabemos cuidar de nuestros asuntos mejor de que lo hace el más insignificante gusano bajo la tierra. “

Los seres humanos no podemos ser etiquetados bajo un relieve único. Los hombres nos distinguimos por nuestra naturaleza de incuantificable tesitura. No hay maldad absoluta, en la medida que no existe bondad omnímoda. ¿Somos lo suficientemente prudentes como para vivir a modo de que tu historia colectiva permanezca sin mancha? ¿Qué tan inocente es la verdad o la omisión de la misma? ¿Cuál es el alcance de una mentira, de un rumor que no sabes a qué instancias colisionará?

“No todo es lo que parece”

No todo es lo que parece y este precepto Woo-Jin nos hace un sobria enseñanza usando al cautivo como logrado experimento mayéutico. Nuestro villano megalómano, millonario, atractivo y brillante, no es tan fuerte como aparenta, su fragilidad  es exactamente la que poseen las bestias lastimadas por la fuerza de la naturaleza que mata a sus crías recién nacidas ante la impotencia de sus ojos. Su llanto, tan conmovedor como la de un pequeño moribundo azotado por la meningitis.  Su cautivo entiende los pecados del verdugo, porque el verdugo lo incita a cometerlos, haciendo una ejecución perturbadora de persuasión, sí, pero jamás obligándolo.

De acuerdo a su concepción filosófica, el uso de la mayéutica es un arma persuasiva para que el individuo comprenda que el conocimiento está fincado en prejuicios, de tal manera que la verdadera  sabiduría radica de manera natural en el alma, pero es necesario descubrirla mediante severos viajes retrospectivos.

Aplaudo la decisión de otorgarle la batuta a un director como Spike Lee en un proyecto tan noble como lo es el remake de una obra tan pródiga de belleza que a lo largo de una década, ha  irradiado –y conmocionado- con sus protagonistas, guión y un insuperable banda sonora (lo siento, Spike, esta será tu asignatura de adaptación más compleja) la opacidad de los recovecos más íntimos de incalculable número de amantes del celuloide. Woo-Jin y Oh Daesú nos dejan la enorme enseñanza de ser cuidadosos con lo que sale de nuestra lengua, cualquier rumor no fundamentado puede crecer como bola de nieve y no siempre saldremos inmunes a las consecuencias. Ambos consiguen la difícil tarea de provocar hasta al más indiferente, auténtica empatía con sus desgracias e identificarse en su luminosa monstruosidad, porque aunque ciertamente la belleza perenne de su terrible historia, es contada mediante la dureza fonética del lenguaje de la violencia, que yo recuerde, es exactamente el mismo idioma que ha utilizado la naturaleza a lo largo de los milenos para reafirmar nuestra condición de humanos imperfectos. Pocas historias son capaces de confundir nuestros apegos, que nos cueste tanto tomar partido, otorgar sin reservas nuestro apoyo moral. No podemos amar a uno menos que al otro, quizá odiarlos sea más fácil porque en ellos se reflejan todos nuestros pecados, cada una de nuestras vergüenzas y nuestra búsqueda infatigable por dejar de ser esa bestia que los refleja. Que nos refleja. Que nos fascina.

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América Pacheco

Epílogo.

La nieve, Oh Daesú, Mido, la ignorancia de la verdad, la ignominia de la mentira. La frase: “Even though I’m no more than a monster – don’t I, too, have the right to live?” es quizá la mayor de mis expectivas. ¿Cómo lo resolverá usted, Mr. Spike?

Human beings are members of a whole,

In creation of one essence and soul.

If one member is afflicted with pain,

Other members uneasy will remain.

If you have no sympathy for human pain,

The name of human you cannot retain.

– Saadi-

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