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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Permiso para matar
Por América Pacheco
7 de febrero, 2012
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El viernes 16 de septiembre de 2010, 6:45 a.m. Claude Khayat  y Eric Robik -ciudadanos franceses, con residencia en Israel-, conducían a toda velocidad una camioneta 4×4 sobre las calles de Tel Aviv, después de una noche de juerga.  El exceso de velocidad, -y un presumible estado alterado de conciencia-, causaron un choque que provocó que embistieran salvajemente a Lee Zeitouni. El cuerpo de Lee salió disparado por el impacto. La desafortunada chica -de tan solo 25 años- caminaba rumbo al trabajo. Quizá, se pueda pensar que un accidente (haciendo caso omiso del estado etílico de Claude y Eric), lo podemos cometer cualquiera de nosotros. Todos somos susceptibles a ello, es verdad.  El principal crimen, es que la dejaron morir sola, tirada, desangrándose en el pavimento. No existe día, en que la familia Zeitouni piense que si Claude, Eric o la responsabilidad de ambos, hubieran solicitado asistencia médica urgente, Lee hubiera podido salvar su vida. En vez de ello, en cuestión de cuatro horas, se encontraban tomando un vuelo a París, jurando no regresar jamás a Israel.

Roy Peled e Itzik Zeitouni (novio y padre de Lee, respectivamente) se han convertido en estandarte y clamor  ciudadano de su pueblo, para que Francia logre -finalmente- un tratado de extradición con Israel. Sólo de esa forma se podría juzgar a los culpables ( existen evidencias policiales contundentes de su responsabilidad incuestionable en el triste suceso).

El día de ayer, asistí como representante de medios de mi país, a la conferencia de prensa que se ofreció por parte de la familia de Lee Zeitouini en el Centre d’Art et Culture Rachi-Guy de Rotschild. Por lo que pude constatar, que el caso de la muerte de la chica israelí, ha tensado las nada amables relaciones entre ambos gobiernos. El embajador francés en Israel,  Christophe Bigot, declaró a la prensa internacional, que no se extradita bajo ninguna circunstancia,  a ningún país, sin protocolo firmado de por medio.

 

Pero el súbito apoyo e interés en el caso, demostrado públicamente por Carla Bruni (que huele a un tufo, reconociblemente electorero, por la reelección que se avecina) le dio un cariz mediático y abrió expectativas que los deudos necesitan para darle vida a un juicio en el país donde se cometió el delito y cuya pena, alcanzaría los 20 años de cárcel (en Francia, sumarían a lo mucho, siete años de prisión). El homicidio cometido por los dos franceses, ha logrado tambalear con mayor precisión, la delicada relación diplomática, provocada por las bravatas de Benjamín Nethanyahu y Nicolás Sarkozy durante la pasada cumbre G-20.

La extradición -de acuerdo a su interpretación estrictamente jurídica-, se entiende como un proceso oficial por el cual una nación solicita y obtiene de alguna otra nación, la entrega de un criminal sobradamente sospechoso o condenado. Pero para que este ejercicio de cooperación entre naciones “amigas” exista, se tienen que cumplir algunos requisitos que a veces, le llevan a un país, décadas de litigios sin tregua ante tribunales.

En primera instancia, el derecho internacional indica que ningún país está obligado de entregar un criminal a un estado extranjero -por un principio básico de soberanía- por lo que las naciones firman protocolos o tratados de extradición con gobiernos amigos o estratégicamente viables de negociación.

En segunda instancia, para que una extradición proceda, deberá demostrarse que se cumplen con las reglas básicas de criminalidad (estas pueden depender de los países involucrados,pero en esencia, en todos es el mismo proceso). Por ejemplo: existe una listado de crímenes punibles en categoría de “sujeto extraditable”de tal suerte que el delito debe ser concebido como tal, en ambas naciones. Por ejemplo, el homicidio, y ser congruente con lo a continuación listado:

*El delito o crimen, debe ser relevante (un ladrón de gallinas no entra en este apartado, claramente)
*La existencia “a primera vista” de un caso contra el sospechoso (pruebas demostrables, investigación confiable)
*Que la pena “probable” del sujeto, sea proporcional al crimen cometido.

La restricción más poderosa es en lo que respecta a la pena de muerte. Si el país que emite la solicitud de extradición, castigará al sospechoso con pena de muerte,  su solicitud no procederá (en Europa, principalmente),  sencillamente porque violaría el Artículo Tercero de la Convención Europea en Derechos Humanos. Voilá.

Estados Unidos, por ejemplo, se ha distinguido en sus esfuerzos por homologar más allá de sus fronteras, su justicia criminal. El sentir internacional al respecto, es que intentan “intervenir” en la soberanía e imponer su criterio más allá de sus fronteras. Lástima Tío Sam, tu obviedad ya no sorprende a nadie.

El pasado noviembre, el gobierno de Panamá, consiguió mediante una acalorada lucha en tribunales en dos juicios, la autorización de extradición por parte del gobierno francés, del ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, para purgar tres penas de cárcel de 20 años cada una. Desde diciembre, el ex general -tristemente célebre asesino y narcotraficante- duerme en el interior de un penal panameño. Bien por Francia.

Se ha polarizado sobremanera, la reticencia de nuestro propio gobierno para acceder a la extradición en el caso de la presunta secuestradora francesa Florance Cassez, por el temor de que la justicia gala demuestre -una vez más- su cobijo proteccionista para con sus ciudadanos. Delincuentes o no, culpables o no, pero ciudadanos al fin y al cabo, gozan de insólita inmunidad diplomática en países sin tratado.  Lo anterior, otorga razón al gobierno mexicano (más allá de cualquier ambigüedad jurídica en el proceso de Cassez) a no ceder un ápice en la solicitud de que Florence pague sus delitos en su país de origen.

No quedan dudas sobre la culpabilidad de los franceses, existen reportes policiales, la filmación del incidente por las cámaras viales,  así como una tenaz investigación de Roy (quién con sus propios medios y sin hablar una pizca de francés, consiguió la filmación de la confesión de Claude).
Ni siquiera los  abogados de los homicidas han negado la responsabilidad del hecho,  sin embargo, los homicidas, se niegan a regresar a Israel a someterse a una investigación policial y a su juicio correspondiente, porque “temen que será tendencioso y no estará a su favor”. El furor de la familia y del todo el país en general, no sólo estriba en la declaración anterior, sino el argumento de los defensores en el sentido de que “no han violado ninguna ley francesa”… Khayat y Robic seguirán transitando  libres y tranquilos. El pueblo francés luce avergonzado y se ha sumado al clamor de justicia.

Sólo le dejo una nota al presidente Nicolás Sarkozy: el pasado 30 de diciembre, al sur de Francia, a sólo tres meses del homicidio en Tel Aviv,  Claude Khayat fue detenido por conducir por encima de los límites de velocidad permitidos en su país. El señor manejaba a 156 kph, la policía lo dejó en libertad tras el pago de una multa y un breve interrogatorio protocolario. En esta ocasión, no hubo daños a terceros. La reincidencia de Claude, parece indicar que carece del menor atisbo de remordimiento, algún tipo de lección aprendida, o trauma; propios de provocar la muerte de una persona por su irresponsabilidad al volante. Me gustaría saber, algo,  monsieur Sarkozy…¿si Claude hubiera embestido a un ciudadano francés, para dejarlo morir en el pavimento, sería -al fin- considerado como un criminal y digno de ser llevado a proceso por homicidio imprudencial dentro del marco de sus leyes? ¿Sólo de esa manera tendría cabida en su moral?, ¿Francia es acaso, el refugio ideal de los criminales, un paraíso de impunidad? …yo pensé que esas conductas, eran propias de países tercermundistas, no del primer mundo, no en la cuna de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

A la comunidad judía que exige justicia en todo el mundo, al solidario ciudadano galo, a mí, y sobre todo, a la familia de Lee Zeitouni, nos encantaría conocer su respuesta. La esperamos. La memoria de Lee lo necesita con urgencia, porque usted, no sabe lo que es cenar frente a Itzyk Zeitouni y querer regalarle al menos una de esas respuestas. A veces, los nudos en la garganta aniquilan cualquier muestra auténtica de consuelo.

América Pacheco. Quartier Latin, París, Francia.

Nota: Agradezco profundamente a la prensa francesa, a R6 Prod, y al Centre d’Art et Culture, por permitirme estar ahí cuando la historia sucede.

Es muy recomendable el siguiente material que documenta el esfuerzo de la familia. Amigos de Lee, por conseguir una pizca de justicia.

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