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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
¿Quién diablos es Florence Cassez?
Por América Pacheco
10 de febrero, 2011
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Crónicas desde París (Capítulo 1)

Marzo de 2010, 20:00 hrs. Hotel Maxim Quartier Latin, 5e Arrodissement, París, Francia. Habitación 301. Suena el teléfono.

-Oui?

¡Hola guapa! (en perfecto español, pero para mi desgracia, estas dos únicas palabras engloban su profundo dominio del idioma de Cervantes)

¿Mi interlocutor? Maurice R.,  productor y animador de TV en Francia, fotógrafo y reportero de guerra en Israel.

-Hola Maurice- contesté con una voz tan ronca, que me recordó vagamente a la de mi padre cuando enfermó de angina de pecho.

-¿Lista para la fiesta de cumpleaños de Anabelle? –

Mierda. Después de pasar el día completo vagando por las entrañas de París y transbordar cinco veces para ello, el metro Châtelet, cuyo aspecto -sostengo a pesar de las rechiflas o mentadas de madre- es una europea y poco digna copia del metro Pantitlán, la idea de una fiesta de cumpleaños no me seducía. Por mi Anabell podría celebrar hasta su bautizo sin que el curso de mi vida se viera afectado, pero perderme la experiencia de mi primera fiesta parisina, no era en lo absoluto, la idea más racional.

23:30 Rue de Vanneau, 7e Arrodissement Departamento de Anabell, adorable pintora. Primera parada.  El espectáculo que me recibe es fascinante: BABEL.  Todas las razas del mundo se podían identificar en el precioso departamento. Los colores y dispares rasgos fisonómicos del personal enfiestado decoraban el ambiente de forma más vistosa y estética, que la estúpida lámpara tipo discoteque setentera que me dejaba bizca y cegatona cada vez que giraba y mandaba sus infernales luces de colores.

Retazos memorables de la tertulia: Whisky, Ron, Vodka, Merlot, Tequila, Champagne y una gama de licores que mi ignorancia o mi falta de mundo me impidió reconocer. Comida gourmet. Un tazón gigantesco repleto de unas aún más gigantescas fresas cayó a mis manos. Pasteles miniatura y bizcochos de chocolate esparcidos en charolas a lo largo de todo el departamento. Maurice se encargó de llenar mis manos de interminables platos de comida, en cuanto terminaba un platillo me llegaba de inmediato otro con una delicia más apetitosa que la anterior.

Este es el momento preciso de confesar el primero de tres vergonzosos secretos: mi dominio del francés es más pobre que mis bolsillos, mi gramática no va mal, pero mi fonética me asemeja a un Jean Paul Belmondo alcoholizado y chimuelo. Pero aún así, me convertí en el centro de atención del grupo, se disputaban el turno por charlar, invitarme un trago o tocarme. Todos me amaron esa noche, pero más aún Cécile,  bella periodista de conocido diario galo y que he de confesar, me obsequió el cachondeo más seductor registrado en la historia de mi vida.

¿Lo más destacado? conocí a mi alma gemela, un divertido,  adorable y fascinante financiero gay: Benoît.

07.00 Péré Lachaise, 20e arrondissement,  2ª. parada. Departamento de Benoît.  ¿Estado etílico? Digamos que aún articulaba y caminaba con cierta dignidad. Todos los sobrevivientes acabamos departiendo con singular ánimo festivo al filo de la mañana. Los caminos del señor son misteriosos y no recuerdo con claridad que entidad maligna me orilló a preguntarle a Benoît  a bocajarro: ¿Cuál es tu postura en el caso de de Florence Cassez?

Supongo que el cuadro de ambos alegando en jergonanza ininteligible les resultó a todos muy divertido, ya que de inmediato la atención del respetable giró en torno a nuestra conversación.

Este es el momento preciso de confesar el segundo de tres vergonzosos secretos: Mi dominio del inglés es bastante lamentable y con Dios sabe cuántas copas de vino blanco en mi inetrior, mi acento se asemejaba al de Silvester Stallone después de la putiza que le propinó el señor Iván Drago.

Creo que fui  protagonista en ese instante, de la escena más cómica de la película de mi propia vida. B. me respondió con total seguridad que sí, que conocía  a Florence.

-Entonces, dime que significa para ti Florence Cassez?

Su respuesta me dejó atónita: “Pues que es una flor, y todas las flores son bellas”

-¿Qué? no me refiero a la flor, ¿sabes quién es Florence Cassez? –Pregunté con desconfianza-

Con cierta inseguridad contestó: “uhm, creo que si la conozco, cuando viví en New York la conocí, si claro, conozco a Sabine Cassel

-¡No, no me refiero a esa mujer!, te estoy hablando de la ciudadana francesa que fue la más famosa en México durante muchos meses. Noticia de ocho planas – argumenté mirándolo con cierta desesperación.

Miró al techo breves segundos y después, como cuando te acuerdas de la tabla del 7 de súbito, respondió:

-¡Ah sí, esa Florence! pues, opino que es una ciudad muy hermosa. El Ponte Vecchio, está en Italia ¿tú lo conoces?

Manú, nos interrumpió: “mi padre es de Italia, pero yo nunca he estado ahí”

Al fondo, se empezaron a escuchar diversas opiniones acerca de la belleza de la ciudad florentina.

Los miré con incredulidad y les expliqué (mentira, mi lengua y el hemisferio derecho de mi cerebro me jugaban una mala pasada, entre el entumecimiento de ambos, “explicar” no es ni dos segundos creíble) que esta mujer, había cometido delitos en México y que estaba en la cárcel pagando una condena de 60 años por secuestro. Y  aquí comenzó el mayor de mis problemas

-¿Qué hizo? – Preguntó B.

-Participó en una banda peligrosa delictiva en México, fue un caso muy sonado en mi país, pensé que ustedes conocían la historia- volví a mirarlos a todos y les pregunté a cada uno si no habían oído sobre tan escandaloso tema. Me contestaron las peores pendejadas imaginables, cada uno entendió una historia completamente distinta.

-¿Entonces no sabes quién es Florence Cassez? si hasta Nicolás Sarkozy visitó mi país y abogó por Florence con el presidente de México- insistí a  B. con esa impecable insistencia fronteriza con la necedad, que sólo los borrachos perdidos poseen.

-¡Oh, a Nicolas Sarkozy sí lo conozco! -exclamó por primera vez con seguridad.

A estas alturas, mi desesperación y pasmo eran muy evidentes. Volví a repetir la historia, pero ahora en español, ante la sugerencia de Manú; pensando estúpidamente que como entendía vagamente el italiano, podría fungir como traductor.

En esta segunda vuelta, y sintiéndome más segura al expresarme en mi propio idioma, adicioné información, como que tenía en su haber el delito de secuestro de familias, incluyendo niños.

Maurice (quién ya aclaramos, no habla una pizca de español) exclamó:

-¡Ah sí, ya entendí!- y le explicó a B. en francés, la”traducción” de mis palabras. Mi entrevistado entonces, suspiró con alivio.

-¡Ok, ya entendí! Florence es una mujer mala, que hizo cosas terribles en México y debe pagar por ello, pero no le debieron haber quitado a sus hijos, ninguna mujer encarcelada por el delito de prostitución, merece una pena tan larga y  sus niños deben regresar a Francia.

Al fondo, se comenzó a debatir respecto a la maldad de la mujer y que ningún niño debía estar en cautiverio por los crímenes de su madre, entre otros bizarros alegatos.

Recontra mierda. Mi voluntad se desplomó.

-Acabemos de una vez con esto, creo que sé que necesitas-  Dijo mirándome con ternura.

Se levantó y me sirvió una copa de vino, en el proceso, derramó algunas gotas  sobre mi vestido, lo que yo traduje como sutil venganza por arruinar su borrachera. Todos reímos como pendejos, cerré mi libreta en blanco y seguimos bebiendo y cantando alegremente.

Tocan la puerta y aparece un nuevo invitado: Guilles. Maurice me presentó de inmediato explicándole que yo era mexicana. Guilles abrió sus ojos con sorpresa y calidez evidente, me contó que conocía mi país y que lo visitaba con frecuencia. Y después de una breve pausa me preguntó intempestivamente:

-¿Oye y cómo va el caso de Florence Cassez?-

Después de las carcajadas que me sacaron lágrimas auténticas, le conté que llevaba 1 hora tratando de explicarles a la cofradía de borrachos que me acompañaban, qué opinaban de ese caso y que nadie sabía quién era la dama de marras. Se paró visiblemente molesto y les gritó manoteando en todas direcciones:

-¡¿Cómo es posible que no sepan quién es Florence Cassez? ¡Putain de merde!

19:00 hrs Hotel Maxim Quartier Latin, 5e Arrodissement. Habitación 301. Última parada.  Me dispongo a dormir, antes de hacerlo abro distraídamente la libreta en la que intenté infructuosamente documentar mi entrevista y encuentro la siguiente nota:

“America in France is like a piece of heaven that you want to taste everyday,

I love you

Benoît  B.”

Sonreí con toda la dulzura de la que era capaz en mi lamentable estado. Cerré mi libreta y volví a la cama reflexionando que he contribuido a mejorar las relaciones diplomáticas de ambas naciones. Francia y México pueden dormir con tranquilidad, seguirían siendo naciones amigas durante largo, largo tiempo.

¿A quién carajos le importa quién es Florence Cassez? No a mí, no en ese instante. Necesitaba dormir. Con urgencia.

Bon nuit a tous.

Epílogo.

Este es el  momento preciso de confesar el último de mis tres vergonzosos secretos. Maurice, siguiendo su instinto periodístico, documentó la absurda e hilarante entrevista a Benoît. Existe un video de la escena más bochornosa de la película de mi propia vida. Si Dios me presta vida y voluntad, evitaré a toda costa que se asome por youtube. Descarto por completo un chantaje futuro. Mis crónicas son bastas y todas documentadas, en algunas aparecen los personajes que se incluyen en mi relato y cuya identidad cuido celosamente al no usar sus verdaderos nombres. No vaya  a ser el diablo.

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