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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Take me out
La relación con los amigos muchas veces se asemeja a la adicción que nos provocan algunas series. Te enganchas por temporadas. Sobre todo, cuando conoces gente nueva y fascinante.
Por América Pacheco
31 de enero, 2017
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Si tienes un amigo que vale oro, no pierdas el tiempo: véndelo

 

Existen rachas en toda vida del ser humano, en las que gustosamente intercambiaríamos suerte y destino con una almorrana. Y los amigos, como pocos seres vivos, tienen facultades únicas para impedir que te avientes de un puente. Su influencia y apego hacen más por rescatarte del almorranismo que todos los amigos imaginarios juntos, ahí apilados en el rincón de la devoción. Ellos son los que te cachetean o amenazan con aventarte del auto si no dejas de gritar que te deje frente a la casa del ganapan que te dejó por otra o los que pagan tu fianza por disturbios en la vía pública sin chistar. Los verdaderos amigos SON los que verdaderamente están ahí para acompañarte en lo próspero y en lo adverso, en la pobreza y en la enfermedad. Permanecen a tu lado cuando todos por los que en su momento hubieras donado un órgano se han ido. Sin ellos, nuestra existencia sería un páramo deprimente de dimensiones óleo de Frida Kalho.

La relación con los amigos muchas veces se asemeja a la adicción que nos provocan algunas series. Te enganchas por temporadas. Sobre todo, cuando conoces gente nueva y fascinante. Un puñado puede ser tu Orange is the New Black, o tu Black Mirror, pero acaso un par será el Twin Peaks o The Sopranos de tu vida. Así de simple. Pocas relaciones subsisten a la herrumbre del tiempo, a tus mudanzas, cambio de guionista o de marido. A todas tus insufribles temporadas.

2011 fue prácticamente el año almorrana en mi trayectoria. Todo salió mal. Sobre todo, el amor. El listo de calamidades haría palidecer de envidia a las desgracias de moda narradas por Lemony Snicket y evitaré ahondar en detalles; pero Rafael era mi The Wire. Eramos inseparables. Sabía de mi depresión y utilizó todos los recursos a su alcance para arrastrarme al mundo de los vivos.

Una de esas noches, llevó a rastras mis despojos a la presentación de un libro. Ni él ni yo conocíamos al autor; la única información disponible era la siguiente: el escritor era de Torreón y el libro sería presentado por un amigo mutuo: Fer Rivera.

Fieles a nuestra leyenda de llegar tarde a todo, arribamos a la Cantina Centenario de Coyoacán al instante justo de los aplausos del respetable. Agradecimos en silencio no haber tenido que soplarnos la inducción segura al coma profundo. Rafa y yo corrimos directo a la mesa a saludar a Fernando, quién firmaba el autógrafo numero un millón. Lo primero que hizo después de abrazarnos fue mostrarnos el libro de marras y decirnos: “Tienen que leer este libro. Este cabrón es un crack”. Miramos el ejemplar de La Biblia Vaquera que nos mostraba y volteamos a conocer al fin el rostro del crack literario del momento.

¡De pronto flash! La marrana del bikini azul estaba ahí mirándonos. Pedísima.

Lo confieso, el amor nació mutuo y a primera vista. Desde aquella noche coyocoanesca hasta la cervantinesca de hoy, han transcurrido casi siete años de febril amistad. Nuestro amor ha sobrevivido a esposas psicópatas, crushes inmamables, vecinas rogonas, maridos histéricos, amantes fugaces e impresentables mamarrachos. Carlos ha sobrevivido a todas las pruebas y obstáculos que llevan a un ser vivo del sexo masculino a ocupar el rango de mi mejor amigo. Y aunque parezca poca cosa, en verdad no es fácil. Soy una auténtica hija de puta. Tengo el tacto de un sicario para consolar al adolorido. Soy enemiga de la condescendencia. Y no doy buenos consejos, tampoco los doy de buena manera.

Y aunque él detesta no únicamente mi cursilería, sino la de nuestra especie, me vale tres kilómetros de madre porque hoy es su cumpleaños y todo exceso de amor está permitido.

Gracias por la complicidad, por ser mi marranita chula, el Breaking Bad de este hogar. No tengo como pagar la cuota de humor y necedad que aportas a la cotidianeidad de esta provinciana. O quizás, sí. En casa te espera una botella de whisky y una almohada de franela nueva. Veñ, vamos a celebrar. Take me out.

 

 

@amerikapa

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