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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Them: gore racial
Them es un producto sensacionalista e insensible. Cada capítulo es una degradación más terrible que la anterior, acompañada de una grosera impunidad.
Por América Pacheco
18 de abril, 2021
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El jueves por la noche decidí darle una oportunidad a la serie Them, producción de Amazon Prime que vio la luz la semana pasada y que viene a sumar un producto más a la tendencia de moda, de promoción “social terror”, aunque yo prefiero llamarle: racial gore.

Inspirados por Get out, Us (Jordan Peele) y sobre todo, por Lovecraft Country (Misha Green, J. J. Abrams, y otra vez Jordan Peele), los creadores de Them quisieron llevar el siempre pertinente discurso racial y ponerlo en nuestra mesa del desayuno para invitarnos cordialmente a recordar que el mundo es un lugar hostil, cruel, pero también que las minorías negras que habitan en la serie son entusiastas colaboradoras en la espiral de su propio envilecimiento. Algunos críticos han señalado a Them como el producto más anti-negro de la década, porque muestra la depravación racista sin proveernos de contexto alguno que sirva al espectador de un carajo. Them no se decide a utilizar la inmoralidad del racismo como discurso político (porque no lo va a solucionar, lo sabemos) pero abusa en utilizar el dolor negro para revictimizar e intentar -sin suerte- aterrorizar al espectador.

*SPOILER ALERT*

Them arranca contándonos la histórica Gran Migración Afroamericana (desplazamiento de 1,75 millones de afroestadounidenses desde los estados meridionales hacia los del medio oeste, noroeste y oeste) realizada en la década de los 50, en voz y huesos de la familia Emory: Henry (Ashley Thomas) ingeniero y traumatizado veterano de guerra, Lucky (Deborah Ayorinde) matriarca de la familia y dueña y ama de la serie, y sus dos hijas: la adolescente Ruby (Shahadi Wright Joseph) y la encantadora Gracie (Melody Hurd). El capítulo I nos deja muy claro que el motivo de su migración de Carolina del Norte al blanquísimo suburbio de Compton, California es consecuencia de una tragedia atroz que los perseguirá para provocarles más ultrajes emocionales que cualquier hostilidad racista cortesía de sus blanquísimos vecinos. Nuestros fantasmas jamás nos abandonan, todo lo contrario: se acomodan en el equipaje y nos leen cuentos de terror mientras intentamos dormir en la carretera.

Get out (2017) es una una cinta en la que se construyó hábilmente la complejidad del discurso racial contemporáneo en piel de personajes bien estructurados, creíbles. Get out utilizó el recurso existencial de usar a los negros como cobayas de laboratorio para condenarlos a una esclavitud moderna con la justificación unilateral de superioridad genética. En Them, los blancos (adultos, niños) todos ellos son entidades autómatas, vacías, crueles, sin matices ni objetivos. Los habitantes del suburbio de East Compton son una masa racista amorfa, sin alma, excepto la siempre grandiosa Alison Pill, quien encarna a Betty Wendell, la ama de casa rubia americana de manual: entrometida, insatisfecha y probablemente frígida. Betty utiliza su racismo visceral para encender las llamas del vecindario con el claro objetivo de expulsar a la única familia negra del lugar al precio que sea y, como todo gran villano, esconde una historia terrorífica que valía la pena explorar, pero a causa de una apoplejía creativa, se decidió alejarla de la historia principal para mandarla a pasear vacas. Huge mistake.

La premisa de Them es mostrarnos el desmoronamiento de los Emorys en el vecindario en diez días. Es claro que el brutal acoso de sus vecinos racistas contribuye a menguar la estabilidad moral de la familia, pero los Emory son acosados con mayor virulencia por su pasado. Cada miembro es perseguido por un espectro vengativo y monstruoso. Su fragilidad mental se nos muestra desde el principio y nos desarma por completo. Con una premisa similar a His House (Remi Weekes, 2020) notable cinta de terror psicológico, los fantasmas que persiguen a la familia Emory son producto del trauma devastador del espectro más implacable de todos los mundos posibles y conocidos por el hombre: la culpa.

En Them, el racismo y la discriminación toman la forma de un sádico parque de diversiones donde los blancos salen indemnes de cualquier ejercicio de violencia y donde los negros son usados como objetivos de rifle. No tienen salida o escapatoria, excepto su propio castigo y dolor. La serie se vende como un producto de terror, pero no es así. De hecho, los aspectos sobrenaturales que invaden a capricho la problemática doméstica, laboral y social de la familia, únicamente consiguen desbalancear el ritmo narrativo y anular el momentum de tensión. No aterrorizan los elementos sobrenaturales por la sencilla razón que jamás conectan emocionalmente con la psique de los personajes.

La estética de la serie es brillante, cuidada, pero a estas alturas del showbiz, prácticamente cualquier producción con buen presupuesto puede alcanzar una lírica de altos tonos artísticos. De nada sirve contar con una producción deslumbrante, cuando la historia se desmorona después del capítulo 5 sin remedio. Y hablando del capítulo 5, encontré un extraño paralelismo con la cinta Ju-On (2000) de Takashi Shimitzu. En una de las tres entregas de la famosa saga del realizador japonés, hay una escena en la que se infiere el asesinato de un infante frente a una cabina telefónica. Jamás vemos al bebé dentro de la mochila, inferimos que ahí se encuentra, pero la dirección de cámaras lo sugiere con maestría óptica. Sabemos que está ahí, lo escuchamos balbucear y después llorar cuando es asesinado por el enloquecido Takeo Saeki. En el quinto episodio de Them vemos una escena similar: una mujer blanca mete al pequeño Chester en un saco mientras provoca su muerte de manera inhumana; la diferencia con la cinta del japonés es que la madre mira el asesinato de su hijo mientras es brutalmente violada. Ni Takashi Shimitzu se atrevió a mezclar dos horrores al mismo tiempo en pantalla. Takeo mató al hijo del presunto amante de su esposa invadido por un ataque de locura después de aniquilar a su propia familia; pero al momento de llegar a esta escena cumbre del horror, el espectador tuvo frente a sí una construcción clara de cómo llegó a ese punto de desconexión con la realidad. En Them sencillamente nos muestran a una familia blanca que viene de no sabemos dónde a violar mujeres y asesinar brutalmente bebés mientras salen a pasear por el campo los jueves por la tarde. No sé qué tanto aporte al complejo enjambre social actual la contemplación del asesinato de un bebé afroamericano sin mayor aporte que una cinematografía impecable.

No hay radicalidad, ni beligerancia. Them es gore radical discursivo, un relicario de insultos, atrocidades y afrentas. No hay matices posibles. Los blancos son entidades monstruosas, sádicas, sin remordimiento o empatía. Los negros son buenos, pero cuando los llevan al límite, pueden superar a sus némesis en sadismo y la maldad sin culpa. Como se sabe, soy idiota y sigo sin entender prácticamente todo lo que me rodea, así que pienso en voz alta: si vas a crear un espejo que refleje el pasado y el presente para proporcionar un discurso que utilice el racismo para contar una historia de tragedia sin retribución, es claro que únicamente estás abonando tedio para desgastar un modelo creativo que vino a refrescar los espacios cinematográficos y televisivos.

Them es un producto sensacionalista e insensible. Cada capítulo es una degradación más terrible que la anterior, acompañada de una grosera impunidad. Y lo más lamentable de todo es que el cast es poderoso, los personajes pudieron ser construidos con material robusto, multidimensional, pero los guionistas decidieron darles un cartón por cuerpo y plástico por alma de tal manera, que uno espera que la antagonista principal se salga con la suya porque miren, ya que los maten a todos. Total. Pero ni eso. El mal no tiene forma, lo nubla todo y no hay lugar para la justa revancha. Es increíble no encontrar bondad ni en los oprimidos.

La maravillosa crítica Angelica Bastien escribió que los creadores de la serie Little Marvin y Lena Waithe no están interesados ​​en desafiar el status quo, porque ahora son parte de la industria, y que están usando cobardemente el dolor negro para llenarse los bolsillos. Y estoy completamente de acuerdo con ella. Little Marvin declaró en una entrevista que el terror ayuda a que un tema tan duro como el racismo sea más fácil de ver para la audiencia. Pero lamento contradecirlo, no realizó una serie de terror, usó una tragedia social que continúa llenando las calles con protestas solo para contar que los blancos seguirán violando, asesinando infantes, golpeando, ganando sin sufrir consecuencias.

Para consumir injusticias raciales explícitas, ya tenemos los noticieros amarillistas disponibles 24/24. Para algunos, el arte tiene la virtud de ayudarnos a reinterpretar y entender con profundidad la realidad para alimentar la esperanza de justicia, de un equilibrio posible; y aunque no soy entusiasta de los finales felices, Them me provocó un profundo malestar.  Al menos Tarantino salvó a Sharon Tate en Once Upon a Time in Hollywood​ porque le salió de los cojones, pero aquí solo vemos perder (y envilecerse) una y otra vez a los eternos perdedores. Justo lo que necesitamos mirar el sábado por la noche.

Evítenla como al chayote hervido, por favor.

@Amerikapa

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