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Pluma, lápiz y cicuta
Por América Pacheco
Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarr... Especialista en negocios internacionales. Cronista salvaje. Autora de Pasajera en Trance (Mantarraya, 2018). Handle with care. Síguela en Twitter: @amerikapa. (Leer más)
Titch
Por América Pacheco
14 de julio, 2011
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Para Mariana, la del rostro desconocido.

“I don’t believe in an interventionist god But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask him, Not to intervene when it came to you
Not to touch a hair on your head, To leave you as you are
And if he felt he had to direct you Then direct you into my arms”

-Into my Arms, Nick Cave.

 

Te busqué casi un año y no llegabas. El mal timming que distingue mis pasos por la vida, se refrendó cuando supe que venías cuando era menos oportuno. Nada parecía óptimo, nadie tenía ánimo para sonreír, ni recibirte como tu nobleza y estirpe lo exigían. Nadie debería (ni necesita) gestarse entre hospitales, quimioterapias, radiaciones o en los pasillos de oncología. Nadie puede (ni debería) crecer entre cadáveres ambulantes, olor a medicamento opiáceo, catéters en zona torácica, radiaciones ionizantes, ni entre venas que se rompían como palillos de madera. Pero tú lo hiciste.

Sobreviviste a tres amenazas de aborto, desprendimiento de placenta, amenaza de parto prematuro, a un imperdonable sufrimiento fetal y la más grande hecatombe familiar.  Sufriste tanto antes de siquiera llenar tus pulmones de oxígeno por primera vez, que ahora que respiras como ninguno, procuro compensarte con alegría cada microsegundo que te tengo cerca. Al nacer me rompiste en el sentido más literal. Tenías que dejar muy en claro que tu destino era trastocar, abrir tus hermosos ojos azules para deslumbrar con ellos tanta oscuridad.

Te cuesta tanto ser uno más de la pandilla, es tan tortuoso para ti parecer cualquier otro. . .pero no te cansas de intentarlo. Tus alergias te impiden comer todo lo que amas. Sabes que un chocolate puede llevarte al hospital. Que un helado es capaz de asemejar tu rostro al de la víctima más vapuleada de Mike Tyson. Aprender a caminar te costó el equivalente a una medalla olímpica, conseguir hablar correctamente, te costará seguramente un Nobel. Nos preparamos todos los que te amamos para festejarlo.

No me importa que nadie te soporte, que tu carácter sea de naturaleza tan caprichosa y desesperante (porque todo tiene que ser histriónico y a tambor batiente en tu comportamiento). Tampoco me importa que los niños de tu edad te rechacen, que nadie quiera jugar contigo. No me importa porque a ti te vale madres. También me vale un sorbete que en la escuela te hayan mandado a tantas valoraciones por tu perfil “autista” y que por ende tus calificaciones sean tan malas . . .¿a quién le importa si sacas 5 en español si eres tan buen bailarín? Te has ganado el derecho de ser como te de la gana, a reprobar primero de primaria, de preferir mirar tu caricatura favorita que aprender caligrafía sin presión alguna porque tu vida es lección de perseverancia, coraje y destino sin suerte, pero destino que se antoja deslumbrante por el milagro que eres. Punto.

Cada vez que te miro apasionarte construyendo fortalezas con tus legos y pintar incansablemente cada lienzo, hoja, pared, libro en blanco cuando a tus manos llega un nuevo cargamento de pinturas o colores, entiendo que no hay nada en este universo y el otro que es paralelo, que no sea capaz de hacer para protegerte. Te admiro tanto porque puedo contar con los dedos de la mano izquierda las pocas cosas que consiguen desdibujar tu sonrisa y llenar tus ojos de lágrimas.

Creo que te importa poco que ningún niño te quiera porque tu gato te ama. Gracias por enseñarme eso.

Y como dice la canción:

And I don’t believe in the existence of angels

But looking at you I wonder if that’s true

But if I did I would summon them together

And ask them to watch over you

To each burn a candle for you

To make bright and clear your path

And to walk, like christ, in grace and love

And guide you into my arms . . .

Feliz cumpleaños mi amado anticristo, mi pedacito de pan dulce, mi agasajo marinero, mis ojos de cielo, mi niño amarillo, mi tormenta de julio, mi veneno para hadas, la peor de mis migrañas y mi estrella vespertina. Mi hermoso Titch.

Felices siete años, felices siete vidas. . .

América Pacheco.

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