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Sin Fronteras es una organización civil mexicana, laica, apartidista y sin fines de lucro, que t... Sin Fronteras es una organización civil mexicana, laica, apartidista y sin fines de lucro, que trabaja para contribuir al cambio de las condiciones en las cuales ocurren las migraciones internacionales y el asilo, a fin de que estos se den en un marco de plena vigencia de los derechos humanos de los migrantes internacionales, solicitantes de asilo, refugiados y sus familiares. Síguela en Twitter @SinFronteras_1 (Leer más)
Movilidad humana, cambio climático y desastres socio-naturales, una realidad que debe ser afrontada
Históricamente grupos de población que han salido de sus países de origen como consecuencia de los grandes huracanes que han azotado Centroamérica, erupciones volcánicas en Guatemala, así como la sequía e inundaciones en el sur global, han quedado en total desprotección por parte de países de origen y destino.
Por Sandra Álvarez Orozco
24 de agosto, 2021
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La palabra ‘revivir’ nació porque nosotros en esta situación estamos sobreviviendo y la palabra ‘revivir’ es como volver a adecuarnos a la situación, porque en verdad para nosotros es un golpe muy fuerte tener que dejar nuestras costumbres, todo nuestro territorio, nuestra forma de vida y nos vemos obligados a vivir de otra manera ya que nos quedamos sin nada. Entonces, ‘revivir’ después de sentir la tierra tambalear y de pasar varios días sepultados sin comida y agua y ver que muchos de nosotros mueren es como seguir viviendo. Y mire: a pesar de la dificultad que nosotros hemos pasado, hemos sido fuertes y le estamos demostrando al gobierno que estamos, como dicen, “de pie” para seguir en esta lucha…             

Hombre, 21 años, sobreviviente del terremoto Haití, 2010.

 

Hace unos meses festejamos el Día Mundial del Medio Ambiente 2021, cuyo eje central es la restauración de los ecosistemas sustentado bajo el lema: “reimagina, recrea, restaura”, situación que nos deja de facto una gran responsabilidad de pasar de la explotación de la naturaleza a la gran tarea y búsqueda en prevenir, detener y revertir los efectos producidos como consecuencia de la sobreexplotación de la misma.

Es muy sabido que una de las grandes consecuencias de esta sobreexplotación de recursos naturales es el cambio climático,  eje de múltiples desastres socio-ambientales 1 y un riesgo inminente para las generaciones presentes y futuras, ante el incremento de la movilidad humana producida por huracanes, terremotos, inundaciones, desastres industriales y/o tecnológicos por mencionar algunos; movimientos humanos que encuadran dentro de la figura de desplazamientos forzados, en los cuales hay subconjuntos de poblaciones desplazadas incluidas las personas refugiadas, solicitantes de asilo 2 a medida que cruzan fronteras internacionales – las cuales en la práctica se encuadran dentro de la figura de personas con necesidades de protección internacional -.

Para diferenciar una categoría de otra en la práctica atendemos siempre a lo estipulado en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, aprobada el 28 de julio de 1951 en Ginebra, Suiza, la cual reconoció con posterioridad que no todas las personas obligadas a abandonar sus hogares habían huido por temor a la persecución, por motivos de raza, religión, nacionalidad u opinión pública, pero que se enfrentan a problemas humanitarios peores que las personas que normativamente son reconocidas como refugiadas bajo la Convención mencionada. En México el ordenamiento jurídico que determina la diferenciación en nuestro país es la Ley Sobre Refugiados Protección Complementaria y Asilo Político en su artículo 13, que enumera a lo largo de sus tres fracciones los supuestos bajo los cuales le será otorgada a una persona extranjera la condición de refugiada o refugiado, donde es claro que en ninguna se toma como criterio diferenciador las causas ambientales o las consecuencias del cambio climático. Situación que es grave ya que Sin Fronteras, como organización de la sociedad civil con más de 25 años de experiencia, ha detectado históricamente grupos de población que han salido de sus países de origen como consecuencia de los grandes huracanes que han azotado Centroamérica, erupciones volcánicas en Guatemala, así como la sequía e inundaciones en el sur global, han quedado en total desprotección por parte de países de origen y destino, o el más reciente terremoto en Haití en 2021.

Lamentablemente no todos los Estados están dispuestos o son capaces de proteger y proporcionar suficiente apoyo a sus poblaciones desplazadas internamente, lo que pone a este conglomerado en grave riesgo de ser víctimas de abusos a sus derechos humanos y los convierte en uno de los grupos más vulnerables de la sociedad. Un ejemplo emblemático lo encontramos en México, donde miles de personas anualmente se ven obligadas a dejar sus comunidades de origen como en Hidalgo, específicamente en el  Valle del Mezquital como consecuencia de sequías, o en el sur en Tabasco y Chiapas por deslaves e inundaciones producto de los últimos huracanes que han azotado el país.

En conclusión, hay que reconocer que la situación que da origen a estos desplazamientos forzados como consecuencia del cambio climático o desastres socio-naturales es un problema actual y que trasciende a fronteras internacionales, que las lagunas en cuanto a la interpretación de los derechos humanos dejan en situación de vulnerabilidad jurídica a una parte importante de los movimientos migratorios que están tomando especial relevancia en el contexto del capitalismo neoliberal y la muy discutida crisis ecológica.

Ni el Estado mexicano ni los países de origen tienen las herramientas necesarias para considerar el acceso a derechos de esta población y los pocos avances van orientados a la búsqueda de reconocimientos normativos o en la misma responsabilidad de proteger; se trata de un camino de largo aliento que no reconoce elementos como la gestión integral del riesgo y la prevención ante desastres. Por ello proponemos la construcción de estrategias que involucren el reconocimiento de la situación actual a nivel mundial, el reconocimiento de las causas y efectos del cambio climático y el origen de los desastres, y la identificación de flujos migratorios como consecuencia de los mismos. Que respalden las reformas normativas de reconocimiento como la modificación del articulo 13 de la ley de refugiados y se logre el reconocimiento a través de la figura del asilo en México, o su reconocimiento a través de la figura de la protección subsidiaria o protección complementaria en un primer momento, sin descuidar por parte del gobierno mexicano la responsabilidad ante desplazados internos mediante una gestión integral del riesgo.

* Sandra Álvarez Orozco es coordinadora de Atención y Servicios de Sin Fronteras IAP (@Sinfronteras_1).

 

 

1 Me refiero no a desastres naturales, sino socio-naturales, ya que apoyo la postura de que los desastres son consecuencia de procesos sociales históricamente determinados como el mal uso del suelo, mala gestión de los recursos naturales, la sobreexplotación de los mismos y también aquellos derivados del cambio climático como obra del ser humano.

2 Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Artículo 1 (a) y 2 aprobada el 28 de julio de 1951, sobre el derecho de los Refugiados, define al refugiado como una persona que: … debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él.

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