Migrantes adultas mayores: las dificultades en el acceso a sus derechos
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Mujeres migrantes adultas mayores: las dificultades en el acceso a sus derechos
El tránsito y el arribo a México de las mujeres migrantes adultas mayores se dificulta exponencialmente si no cuentan con recursos económicos, una red familiar que las cuide (o las espere) y con un documento que avale su regular estancia en el país, además de que son discriminadas por su edad, su color de piel, o su situación de salud, limitándolas en su acceso a derechos.  
Por Morayma Pacheco y Mercedes Sánchez
16 de marzo, 2022
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En un mundo globalizado e hipercapitalizado, en el que las relaciones sociales se ven marcadas por la distribución inequitativa de la riqueza social producida por las naciones y por sus trabajadores (asalariados y no asalariados), los sectores más empobrecidos de mujeres, niñas y adultas mayores, se ven más golpeados por su condición de género, socioeconómica, etaria y origen étnico y/o racial. El hecho de ser mujer, en los países de América Latina, representa sortear varios obstáculos y peligros, como seguir siendo asesinadas, juzgadas penalmente por decidir abortar o tener abortos accidentales, o actuar en legítima defensa -hacer justicia por propia mano-, porque los sistemas de justicia son arcaicos y criminalizantes (hacia todo aquello que no sea parte de los grupos de poder, de clases sociales altas, o de un género dominante).  Sumando a todo ello, el vivir en un sistema económico y sociocultural que nos oprime y nos invisibiliza es complicado que seamos valoradas y reconocidas todas en nuestros derechos. Lo más fuerte es que esto se potencializa si somos niñas o empezamos a envejecer.

Ahora bien, por un momento imaginemos: ¿qué pasaría si un día despertáramos y nos toca enfrentarnos a tener que tomar una decisión?, tal vez de las más difíciles y dolorosas de nuestra vida, que es abandonar el lugar que nos vio crecer. En el que hicimos tantos planes, compartimos momentos que quedarán perpetuados en nuestras memorias y corazones, cosechamos amistades de la comunidad, escuela y trabajo, formamos nuestras sentidas redes de apoyo, amamos nuestras costumbres, tradiciones y comida.  Y de pronto despiertas y tienes que emprender la marcha, en avión, en tren, camiones o caminando.

Las mujeres migrantes y beneficiarias de protección internacional, que atendemos en Sin Fronteras IAP, salen por múltiples motivos como pobreza, violencia, desastres naturales, falta de servicios de salud -porque la salud sigue siendo un privilegio de las elites o de quién pueda pagarla e inaccesible para las mujeres pobres-, persecución de grupos criminales, amenazas a su libertad o porque la familia nuclear decide que todos tienen que comenzar el viaje. Entonces tu empacas lo menos y dejas lo más, volteas y mientras das esos pasos cansados tus ojos van dejando de ver poco a poco lo que habías construido durante todos esos años. Tu andar va cargado de miedo, incertidumbre, nostalgia y tristeza, has dejado tu historia: tu vida misma.

El tránsito y el arribo a México de las mujeres migrantes adultas mayores se dificulta exponencialmente si no cuentan con recursos económicos, una red familiar que las cuide (o las espere) y con un documento que avale su regular estancia en el país, además de que son discriminadas por su edad, su color de piel, o su situación de salud, limitándolas en su acceso a derechos.

Los sectores principales que se encargan de ejercer algún tipo de discriminación o múltiples acciones de este carácter son las instituciones privadas, gubernamentales y la sociedad en general, que las desconoce como sujetas de derecho. Esto a su vez obstaculiza los procesos de integración de las personas de la tercera edad migrante. Por ejemplo el acceso al trabajo, que es un tema central, ya que por ser personas mayores no son contratadas y terminan aceptando trabajos muy precarizados, que violan en todos los aspectos los derechos laborales, incorporándose a un mundo laboral de sobreexplotación, sin acceso al sistema de salud y vivienda; de esta forma no cuentan con alternativas para incorporarse a un trabajo de mayor calidad, que logre cubrir sus necesidades básicas. Lo que contribuye a mayor empobrecimiento de las adultas mayores en movilidad e incluso las orilla a vivir en riesgo de situación de calle.

Como sociedad mexicana y multidiversa se considera necesario deconstruir la idea -que se tiene en el imaginario colectivo y promovida mucho por el capital – que la vejez en una carga, sin nada que aportar, y hay que replantearnos que dicha población nos ofrece un alto potencial de progreso, saberes y experiencias; porque entre ellas hay médicas, enfermeras, ingenieras, maestras, estilistas, abogadas, artistas, personas con alta experiencia en atención al cliente, etc., Y así podríamos enumerar miles de profesiones y oficios que sumarían de manera activa al desarrollo y al bienestar social del país.

Para concluir, las problemáticas y necesidades que enfrentan las mujeres migrantes adultas mayores, refugiadas, beneficiarias de protección complementaria u apátridas son problemas públicos que han quedado anulados de la agenda pública. Un ejemplo tajante de ello es que en el actual sexenio la política federal que favorece a las personas adultas mayores dejó de incorporar en sus reglas de operación la posibilidad de que mujeres refugiadas o beneficiarias de protección complementaria, o mujeres con residencia permanente – adultas mayores-, puedan acceder a la pensión como un derecho. Esto las deja al desamparo de la estrategia federal y contribuyendo a su vulnerabilidad.

Con la omisión de las instituciones públicas de atender a grupos particularmente vulnerados como son las mujeres migrantes y más si se suma a esa condición su situación etaria y su salud, concluimos que si se limitan recursos económicos, políticos y recursos humanos que ayuden a fomentar la protección de los derechos humanos de dicha población, el estado mexicano viola también los derechos humanos de las mujeres adultas mayores en movilidad.

Los invitamos a reflexionar sobre la importancia y vitalidad de impulsar la participación de las adultas mayores y verlas como sujetas de derecho: reconocerlas como una población activa que puede brindar múltiples beneficios a la sociedad mexicana y enriquecernos culturalmente.

* Morayma Pacheco es coordinadora del Centro de Día. Mercedes Sánchez es auxiliar de Trabajo Social.

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