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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Bienaventurados toros
La construcción de marcos legales que protegen el bienestar animal y que permiten la interrupción legal del embarazo forman parte de los valores puestos en marcha en la construcción de la Unión Europea. La aparente oposición entre éstos es una falacia promovida por estos fundamentalistas.
Por Gire
15 de abril, 2013
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Para Nano Beret, por todo lo que aún debo aprender

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

Durante la discusión de la reforma para penalizar el maltrato animal, el panista Jorge Palacios Arroyo fustigó a los perredistas al decirles que “por un lado argumentan la protección a la vida pero por otro, aprobaron el aborto”.  En 1989 Carlos Castillo Peraza, considerado por algunos como el último intelectual panista, escribió en La Jornada a manera de argumento anti-aborto una metáfora ambientalista: ”la más leve sospecha de que de cada huevo pueda surgir una tortuga mueve a miles de personas a prodigar cuidados, recursos y trabajo para salvarlos a todos y cada uno. Disponer de uno solo de ellos está penado por ley.”

Considero necesario exponer los efectos perniciosos de los discursos conservadores sobre la reproducción humana en el debate y la reglamentación sobre el bienestar animal.   Estos fundamentalismos que tradicionalmente buscan disminuir la autonomía reproductiva de las mujeres y limitar el acceso a la reproducción asistida impregnan los debates sobre los delitos ambientales, el bienestar y la protección animal.

El cristianismo, principal fuente de estas ideas, no sólo coloca al hombre en el centro del universo, sino que también asegura que recibió la administración de los animales, por lo que es legítimo servirse de ellos para el alimento y la confección de vestidos. Sin embargo, el cristianismo es la única de las religiones abrahámicas que carece de un código ético para disponer de la vida de los animales para el consumo humano. El judaísmo y el islam consideran un ritual específico para matar a los animales como parte de sus prescripciones religiosas, en ambas se considera un método que disminuir el sufrimiento del animal.

Lo anterior jamás es mencionado por el ideólogo democristiano Carlos Castillo Peraza, que en su diatriba  “bienaventuradas tortugas” ridiculiza la protección a las tortugas. Este texto sería una anécdota jocosa de no ser porque se pretenden utilizar sus argumentos en el debate contemporáneo. Si la reproducción humana fuera ovípara, sin duda sería adecuado el símil entre el óvulo fecundado y el huevo de tortuga, pero en este hipotético caso entonces dudo que discutiéramos el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, pues la reproducción ¿gestación? se llevaría fuera de sus cuerpos.

El humanismo cristiano de Castillo Peraza omite una pregunta: ¿Cuál es el bien jurídico tutelado por los delitos ambientales? A grandes rasgos se puede decir que es la integridad de la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas naturales, y que el interés específico por una especie es proporcional al grado de riesgo y amenaza que enfrenta. Si el “hombre” (sic) ha sido encomendado por Dios para administrar a los animales y se le exige el respeto a la integridad de la creación (catecismo 2415), la protección al huevo de tortuga por la vía penal es acorde al pensamiento cristiano de Castillo Peraza. He ahí el riesgo de los fundamentalismos anti-aborto, que incluso ignora su propia doctrina con la finalidad de construir fábulas atractivas a los liberales.

Una organización fundamentalista de España protestó a principios de Febrero por la publicación de un decreto que protegía a los animales de la experimentación científica. Entre sus argumentos se encontraba la protección que extendía esta ley a los “fetos simiescos”. Lo que no mencionaban estos radicales era que el decreto seguía a la Directiva 2010/63/UE del parlamento europeo relativa a la protección de los animales utilizados para fines científicos  la que en su punto nueve confirma que la aplicación de la directiva es también para los fetos de mamíferos en el último tercio del período de su desarrollo. En España la interrupción legal del embarazo es permitida dentro del primer tercio del desarrollo del feto humano y en ningún momento es posible en el último tercio. Es decir, estas organizaciones tergiversan el contenido de los instrumentos legales europeos para engañar a la opinión pública.

La protección a los animales forma parte del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que en su artículo 13 considera que la pesca, investigación y desarrollo deberán considerar las exigencias de los animales como seres sensibles, respetando los ritos religiosos y tradiciones culturales. La construcción de marcos legales que protegen el bienestar animal y que permiten la interrupción legal del embarazo forman parte de los valores puestos en marcha en la construcción de la Unión Europea. La aparente oposición entre éstos es una falacia promovida por estos fundamentalistas.

Al hablar de ecología, género y discursos conservadores, me es imposible no recordar que el martillo de las brujas golpeó tanto a las mujeres como a los felinos, lo que de acuerdo a algunas teorías, propició los brotes de peste bubónica en Europa al permitir la expansión de las colonias de ratas. En efecto, el humanismo, con todo su antropocentrismo, omite el hecho de nuestra interrelación con el resto de las especies y con la necesidad de reconocer el valor de los seres vivientes propuesta por la ecología profunda.

No creo en las soluciones penales, ni en el caso de la interrupción del embarazo ni en el maltrato a los animales.  Tampoco creo en dotar de personalidad jurídica a los animales y a los cigotos. Concuerdo con Kant cuando afirma que el trato violento y cruel a los animales se opone a la obligación del ser humano consigo mismo. Aún más, hay un alegato utilitarista para proteger a los animales: evitar que el ganado se hubiese alimentado con harinas elaboradas con carne y huesos de borregos y vacas enfermos hubiera evitado el llamado “mal de las vacas locas”.  Es lamentable que los conservadores, ante la frustración de perder las batallas legales y culturales sobre el derecho a decidir, obstaculicen una labor civilizatoria como el fomento al respeto de los animales. Lamento no poder decir como Castillo Peraza, “Bienaventurados toros”, pues muchos de los políticos que obstaculizan los derechos de las mujeres se han opuesto a dignificar al ser humano al prohibir las corridas de toros.

* Omar Feliciano es coordinador de Medios Digitales de GIRE.

 

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