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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Cadena de violencia en los hospitales
Desde que comencé mis visitas al Seguro Social para conseguir mi incapacidad por maternidad, las experiencias de hostilidad y ejercicio de poder por parte de los y las prestadoras de servicios de salud no han parado. No sé quién los entrena, no sé quién les dijo que así deben tratar a las personas o, en este caso, a las embarazadas.
Por Gire
10 de febrero, 2014
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Por: Ana Ávila (@anaavilamexico) y Mariana Roca

El hospital olía a orines. Los pasillos, las escaleras, todo. Cuando entré una mujer de unos 70 años se cayó y el policía de la entrada y yo no pudimos levantarla, entonces prefirió acomodarla en el piso helado y pedir ayuda, la cual nunca vi que llegara. Adentro los elevadores no servían, sólo los que podían usar los pacientes ingresados y quienes trabajaban en el hospital. Escaleras arriba, escaleras abajo, los enfermos quejumbrosos lidiando con sondas y bolsas de Sabritas que se les atoraban entre el cableado.

Por fin, al encontrar a la trabajadora social con quien me mandaron, empezó a gritarme al decirle que me habían referido de mi clínica para pedir una cita. “¿No sabes que para poder conseguir una cita tienes que escuchar primero mis pláticas prenatales?” No le respondí. Entonces, “¿qué sabes?”, “pues nada –dije— me dieron la instrucción de que debía venir aquí a tramitar una cita por embarazo de alto riesgo”. Me tuve que quedar a la plática de dos horas. En la que recibí amenazas y maltratos.

“Si no le das lecha materna a tu hijo, las consecuencias negativas las vivirán los dos para siempre”. “Si le das una mamila, los dientes le van a crecer chuecos y va a tener problemas en las encías”. “Mírense cómo se visten, deben vestir batitas”, “menos mal que no son elefantes”. “Las veo y pienso pobres niños”. “Ni se les ocurra usar tira leche, es lo peor (todavía no entiendo por qué en mi primer embarazo me ayudó mucho)”.  Así las declaraciones de las trabajadoras sociales en las pláticas a las embarazadas.

Desde que comencé mis visitas al Seguro Social para conseguir mi incapacidad por maternidad, las experiencias de hostilidad y ejercicio de poder por parte de los y las prestadoras de servicios de salud no han parado. No sé quién los entrena, no sé quién les dijo que así deben tratar a las personas o, en este caso, a las embarazadas. Cuando querían obligarme a ponerme la vacuna del tétanos, les dije que me dieran un segundo para llamarle a mi ginecóloga y pedirle su opinión. Mientras marcaba, la enfermera dijo que el instrumental a veces no estaba bien esterilizado y que era mejor cuidar al bebé para prevenir cualquier infección. Ya no sabía si reír o llorar. Parecía un comentario cínico de la enfermera, pero lo decía muy seria.

El día de mi primera cita me equivoqué al decirle la fecha de mi última menstruación a la médico general, y cómo el sistema no admite cambios, me mandaron a un hospital de especialidades para atenderme por alto riesgo, pese a que volví con la doctora y le expliqué que me había equivocado. Le enseñé las pruebas de sangre de laboratorio y el expediente médico que elaboró mi ginecóloga particular. “Yo te creo, pero el sistema no admite cambios, entonces tienes que ir a alto riesgo y hacerte un ultrasonido aquí y uno allá para que me digan cuánto tienes de embarazo”.

En la primera cita también te hacen firmar un consentimiento informado en el que debes especificar qué método anticonceptivo quieres usar después del parto. Las opciones son el dispositivo intrauterino, la ligadura de trompas o ninguno ¿y qué hay de las pastillas o del implante o de tantos otros? Si quieres que te den la incapacidad, debes elegir alguno. Si escribes que ninguno, viene otra retahíla de interrogatorios y juicios. No voy a parir en el Seguro, pero me pregunto qué harían los médicos si lo hiciera y si les dijera que no quiero ninguna de sus dos opciones, ¿lo harían sin mí consentimiento?

Además de todo lo anterior, para poder conseguir la incapacidad debes ir al dentista, a medicina preventiva y a las pláticas de las trabajadoras sociales. A veces te obligan a ir en ese orden y te van poniendo sellitos en tu carnet. Si quieres ir primero a trabajo social y luego bajar a medicina preventiva o dentista porque quedan por la misma zona, te pueden decir que no, que así no se hacen las cosas. No existe razón lógica detrás, sólo la gana de la trabajadora social de imponer un orden arbitrario para ejercer poder.

Para completar los procedimientos y acceder a la codiciada incapacidad te ponen vacunas de influenza, tétanos, te hacen ultrasonidos, biometrías hemáticas, prueba de VIH y glucosa. Si, por ejemplo, te niegas a la vacuna de influenza, la jefa de enfermeras tiene que reunirse contigo y le debes firmar una serie de papeles en los que afirmas y reiteras tu negativa.

Todos los exámenes médicos y precauciones en el cuidado prenatal me parecen muy bien, pero ¿cómo podría ser un trato justo entre lo que me obligan a mí a recibir para darme una incapacidad, yo que no voy a parir en el Seguro y que estoy recibiendo tratamiento doble –el de mi particular y el público—, con aquel trato que reciben las mujeres que paren en la calle o banqueta porque no las reciben en los hospitales?

Desde luego hay un derroche de recursos públicos en mí y, hacia mujeres como Irma (mujer mazateca que parió en el patio del hospital de San Felipe Jalapa de Díaz, Oaxaca) quien no tuvo ni acceso a un médico, la triple discriminación y la violencia es brutal. Las dos recibimos ofensas –toda proporción guardada, no me debería quejar si me comparo con los casos que hemos visto en redes sociales— pero por qué los prestadores de servicios de salud maltratan, por qué nos gritan, por qué debemos de agachar la cabeza si queremos el tratamiento o la incapacidad. ¿Qué les pasó en el camino a los y las enfermeras, a los y las médicos, quién los maltrató a ellos y ellas? ¿Será una cadena de violencia?

La siguiente semana debo ir de nuevo a mi clínica, ahora sí por la incapacidad. Desde luego tengo miedo de que no me la den. Además, a Mariana, con quien trabajo y escribo este blog, cuando fue por la suya, la doctora le dijo “no importa que ya tengas la incapacidad, tienes que seguir viniendo, ahora cada 15 días”. “Por qué”, le preguntó. “Porque en el último mes es cuando más se mueren los niños”, respondió…  Deséenme suerte.

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