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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Derechos de mujeres trabajadoras: ¿demasiado bueno?
El trabajo de las mujeres no es ser mamá. Quienes hemos decidido ser madres deberíamos tener las condiciones laborales que permitan que la vida fluya. Ser madre no nos ha quitado las capacidades de hacer otras cosas. Esa capacidad nos la han quitado ciertas condiciones laborales que no permiten que las mujeres sean madres y profesionistas al mismo tiempo.
Por Gire
1 de diciembre, 2014
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Por: Mariana Roca (@SansSobriquet)

Cuando estaba embarazada recibí dos comentarios que al día de hoy no sé por dónde van. Una persona me dijo: “A las madres solteras las contratan más. Como no tienen una pareja, necesitan más la chamba, son más responsables y eso las convierte en empleadas cotizadas”. Otra persona opinó: “A las madres solteras las contratan menos. Como no tienen pareja, se tienen que ausentar más del trabajo y al patrón le conviene mucho menos que alguien sin hijos o con pareja”. Yo creo que el patrón debe saber cómo vives, si eres madre, si estás o no casada porque somos humanos e interactuamos, no por prejuicios, no porque una situación familiar distinta te convierta en mejor o peor empleada.

Ser mamá es una misión complicada. Y no hablo de lo difícil que es descifrar el misterio de la crianza. No hablo de la responsabilidad que significa cuidar y atender todas las necesidades de una personita. No me refiero a los detalles que hay que observar cuando estás a cargo de la felicidad, el bienestar, la integridad y la salud de otro. No. Me refiero a lo que implica despertar de madrugada porque el niño lloró, quedarte despierta porque ya no se durmió, correr al trabajo por la mañana, concentrarte en lo que tienes que hacer y dedicarte en cuerpo y mente a la jornada laboral. Pero no soy mejor ni peor empleada por ser madre. Soy tan buena trabajadora como puedo ser. Sería igual si no fuera madre. Sin embargo, estoy segura de que puedo ser buena trabajadora gracias a las condiciones laborales con las que cuento. Explico:

Trabajos en donde no recibes prestaciones, no tienes un contrato, te pagan por honorarios, o ganas un “bono mensual” que parece un gran premio ya no son suficiente. Empleos en los que no recibes más que un cheque mensual y el enorme privilegio de ser “empleada de confianza” son un abuso. Alguna vez acepté condiciones así porque era joven y pensaba que para nada te sirve el tener Seguro Social, porque no pensaba en mi retiro, ni en mi ausencia por maternidad, ni en una guardería para mis hijos… Me interesaba la liquidez, pagar la renta, tener para mis camiones, para ir al cine. Era otro el significado de un día a día feliz.

A casi un año de haberme estrenado como madre, mis prioridades han cambiado. Hoy lo quiero todo, porque siento que lo necesito todo, pero porque, además, es mi derecho. Como mamá ha sido importantísimo contar con las prestaciones de ley, especialmente, la afiliación al IMSS.

Durante el embarazo acudí mes con mes a la consulta en mi clínica familiar. Al principio lo odié: la doctora me pareció grosera y poco profesional, me dijeron que mi embarazo era de alto riesgo por algo que ni al caso, todo eran regaños y me querían poner vacunas sin explicarme realmente por qué. Pero valió la pena. Poder dedicarme a mi hijo y a mi recuperación las primeras semanas sin el temor de perder mi empleo fue de gran ayuda. Cuando me costaba trabajo ponerme de pie por el dolor, mientras amamantaba, dormía en intervalos de hora y media, seguía una dieta súper estricta para la lactancia y estaba en la lucha contra mis hormonas para conocer y aceptar a la nueva yo que ahora es mamá, al menos no tuve que preocuparme por la chamba y por cómo iba a pagar las cuentas.

Cuando volví a la oficina, pude tomar sin culpas ni miradas reprobatorias mi hora de lactancia. Pero además, tuve la prestación extra de trabajar desde casa un día por semana hasta que mi hijo cumplió seis meses. Esto facilitó la lactancia, me ayudó a acoplarme a mi nueva maternidad y me dio la oportunidad de conciliar ambos mundos, como un periodo de adaptación.

Y este periodo de adaptación era tanto para mí como para mi hijo. Acostumbrado a estar conmigo, ahora se quedaría con la abuela y más tarde iría a la guardería. Visité varias cercanas a mi casa y trabajo. Hablé con amigas-mamás y escuché recomendaciones. Estudié la opción de una guardería privada, pero tuve que admitir que mi economía no da para eso. Opté por una subrogada: los niños desayunan, duermen la siesta, comen, juegan, aprenden, conviven y son cuidados y observados con cariño gracias a que las madres tenemos una prestación por ley.

Lo terrible es que la ley lo dice, pero no todas las madres reciben todas las prestaciones. A menudo me pregunto cómo sería mi vida si no hubiera cambiado de trabajo con cinco meses de embarazo. Lo más probable es que me hubieran echado antes de pagar mi ausencia. Pero suponiendo que me hubiera quedado, lo que creo es que viviría con mucho estrés, que mi hijo llamaría mamá a una abuela, que yo correría muchísimo con tal de llegar a casa pronto, tan solo para alcanzar a ver cómo se queda dormido. Conviviríamos sólo los fines de semana y no tendría la certeza de cuál fue su primera palabra.

Por eso creo que no todo depende de que haya una ley impresa en un papel. Se necesita crear conciencia entre los empleadores. Tener la confianza de que en ocasiones me puedo presentar en la oficina con mi cachorro o saber que en una emergencia me puedo ausentar, me ha ayudado a concentrarme en lo que me toca hacer y a preocuparme mucho menos por todo lo que queda fuera de mi control, como la posibilidad de que el hijo enferme.

El trabajo de las mujeres no es ser mamá. Quienes hemos decidido ser madres deberíamos tener las condiciones laborales que permitan que la vida fluya. Ser madre no nos ha quitado las capacidades de hacer otras cosas. Esa capacidad nos la han quitado ciertas condiciones laborales que no permiten que las mujeres sean madres y profesionistas al mismo tiempo. No se trata de un apapacho extra por ser mujer. Las leyes del trabajo deben basarse en la realidad de las mexicanas que recorren largas distancias, con hijos cuyas necesidades debemos cubrir y padres que muchas veces están ausentes. Un empleado contento y tranquilo es un empleado productivo. Trabaja más y falta menos. Las condiciones laborales adecuadas reducen la rotación de personal y ayudan a crear una relación de lealtad entre los empleados y la persona para quien trabajan. Esto también aplica para las empleadas que son madres.

Las trabajadoras debemos conocer nuestros derechos, aprender a manifestar nuestras necesidades y buscar las condiciones necesarias para trabajar bien, vivir bien y que nuestros hijos crezcan contentos. Esto de la maternidad requiere de mucha ayuda. Las mamás necesitamos que alguien nos apoye: la pareja, las amigas, otras madres, las abuelas, los patrones, el Estado… y en ocasiones no pedimos lo que es nuestro derecho porque suena descabellado, de película, que no pasa. Pero eso que parece demasiado bueno para ser verdad, existe. A unas pocas semanas de que mi hijo cumpla un año, lo sé. Pero soy parte de una minoría mexicana muy afortunada. La cuestión es que no tendría que sentirme afortunada. Debería ser la norma y todas las madres trabajadoras deberíamos sentirnos igual.

 

@GIRE_mx

 

 

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