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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Ella, la musulmana
¿Cómo explicarle a una mujer que su cuerpo es más que un instrumento para la reproducción, si para ella esa forma de actuar, ese negar su cuerpo y lo que de él proviene, es tan natural que no le produce la más mínima preocupación?
Por Gire
12 de junio, 2013
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Por: Dunia Campos

Coincidimos en un parque de Kuala Lumpur. Aunque de distintas nacionalidades y estilos de vida, pudimos compartir por el simple hecho de ser mujeres, reconociéndonos en valor y entrega. Ella trabaja como policía, es musulmana, madre de cuatro hijos, casada por segunda ocasión. Forja la vida que quiere para sí misma y para su familia. Decidió separarse del padre de sus hijos porque las relaciones que prosperan se cimentan en el equilibrio, la equidad y la reciprocidad. Si él no tenía trabajo, no era responsable de sus actos ni labraba el futuro de sus hijos, qué sentido tenía mantener un matrimonio en esas condiciones. Todo sería mejor apartada de él.

La escuché con admiración y respeto. Me sentí afortunada de poder platicar con una mujer empoderada y valiente, de conocer otra forma de mirar el mundo superando las barreras del idioma. Hablamos de la vida de las mujeres en su cultura y en la mía. La plática nos condujo al tema de los derechos reproductivos: algo tan básico y trascendente como lo es el ciclo reproductivo de la mujer. Me contó, con detalle, que cuando las mujeres están menstruando tienen que apartarse y no acudir a la mezquita para no ofender a su Dios; no sólo eso, dado que está prohibido que alguien más vea su sangre, tienen que lavar las toallas desechables antes de tirarlas a la basura: “Así debe ser y así se lo he enseñado a mis hijas”, me dijo segura, radiante.

Desde mi visión occidental, viví un gran conflicto a medida que la escuchaba. ¿Dónde había quedado la mujer que me hizo vibrar al compartirme su perspectiva respecto a las relaciones justas? Se revelaba ante mí el límite del empoderamiento. Ella había trascendido, sí, las murallas de los usos y costumbres en torno al matrimonio, pero ¿qué pasaba en relación a la autodeterminación del cuerpo? Me costaba trabajo entender un empoderamiento a medias. No quería aceptarlo. Era una aberración.

Le dije que en mi país, en el lugar donde yo trabajo, buscamos que las mujeres reconozcan su lugar activo en las diferentes esferas de las cuales forman parte, desde la familia hasta el tejido social más amplio. Quise transmitirle con todo mi empeño y voluntad que el cuerpo de las mujeres es más que un instrumento para la reproducción, que no hay motivos para negar lo natural, mucho menos razones para siquiera pensar que la sangre ofende a un Dios a cualquier otra persona. ¿Cómo explicarle lo “natural” si para ella esa forma de actuar, ese negar su cuerpo y lo que de él proviene, es tan natural que no le produce la más mínima preocupación?

Pensé en otras mujeres de México cuyos usos y costumbres las mantienen atadas, sujetas a las decisiones y deseos ajenos, mujeres que jamás han sido dueñas de su cuerpo, que no tienen la libertad para conocerlo, tocarlo, sentirlo, que viven vidas creadas por otros;  víctimas de esas imposiciones culturales que propagan la idea de que una mujer sólo encuentra la realización en la maternidad, por inercia, sin control, sin anhelos; inmersas en ambientes donde son instrumentos de placer del sexo opuesto, portadoras de alegría para todos menos para sí mismas; servidoras eternas.

¿Cuál es la mejor manera de acercarse a esas mujeres para llevarles un poco de libertad? ¿Cómo empoderarlas sin ser intrusivas, sin rebasar la línea del respeto, sin la soberbia que emana de sentirnos portadoras de la verdad? ¿Cómo hacer compatible nuestra visión con los contextos, formas de vida, creencias y verdades de aquellas a quienes deseamos mejores amaneceres?

Incidir en la vida de otras mujeres, trabajar con ímpetu en la construcción de mejores sociedades, coadyuvar en la creación de leyes más justas, erradicar la discriminación, impedir las violaciones a los derechos humanos, crear conciencia, todo ello pasa por una seria y comprometida reflexión en torno a los mejores “cómo” sin perder de vista los “para qué”. La existencia de mujeres libres y seguras, con certeza de lo que es el respeto en todos los ámbitos de la vida, es posible si consideramos la diversidad de miradas y actuamos en sintonía con ellas. Atendamos lo micro, veamos alrededor: nos daremos cuenta de lo mucho que nos espera por transitar para dejar de imponer y únicamente presentar otra visión que, quizás, sea aprehendida por alguien más desde la real convicción.

Dunia Campos es Comunicóloga.

 

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