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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
En busca de El Lactario
De los 20 lactarios anunciados por el GDF hace un mes, la semana pasada se inauguró el primero en las oficinas de la Secretaría de Salud en Altadena 23, colonia Nápoles. Ahora nomás falta que informen a las trabajadoras para que lo puedan usar, porque pocos lo conocen.
Por Gire
28 de julio, 2014
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Por: Mariana Roca (@SansSobriquet) y Dunia Campos (@DuniaVerona)

Amamantar, aunque usted no lo crea, es un acto que causa polémica en todo el mundo. Esta semana, mientras vemos las nuevas imágenes de la campaña prolactancia lanzada por el Gobierno del Distrito Federal (GDF), recordamos que todo mundo conoce la anécdota de alguna mujer a la que le mandaron taparse cuando alimentaba a su hijo, le pidieron que se fuera de algún restaurante o centro comercial o la insultaron como si estuviera mostrando su cuerpo desnudo sin pudor como una afrenta a la sociedad, como si amamantar fuera sucio y desagradable, como si se tratara de algo apestoso que debiera avergonzarnos.

Pudores más, pudores menos, las mujeres deben poder amamantar donde quieran y como quieran. Tal vez es por ello que el GDF lanza estas campañas, con imágenes de mujeres que amamantan. Cierto que en su primera etapa la campaña fue muy desafortunada, con un slogan robado que transmitía el mensaje equivocado, imágenes de otra realidad y alguna falta de ortografía. Hoy podemos decir que el GDF escucha a la ciudadanía… ¿o no? Al menos se debe reconocer que la campaña, aunque aburrida, es políticamente correcta.

De acuerdo: cambió la imagen. Las mujeres que aparecen en esta ocasión lucen como en realidad puede lucir una mujer que acaba de dar a luz, son jóvenes que puedes encontrar en una caminata por la ciudad. Las fotos tienden a lo clásico: mujer amamantando, casi como la Madonna, en blanco y negro. El discurso es mucho más respetuoso y no busca hacer a las nuevas madres sentirse culpables: “Infórmate y decide”. Todo bien.

Este relanzamiento se dio junto con la inauguración del que, según el boletín de prensa, es el primer lactario en un edificio del GDF. Y ¿entonces los 20 lactarios que habían anunciado hace un mes? Anunciaron también dos bancos de leche —no se sabe aún cómo funcionan— y que habrá pláticas para convencer a las mujeres embarazadas de acudir a las consultas prenatales. Ojalá no sean como las que recibimos nosotras en el IMSS, a las que te obligan a ir sin respeto de tu tiempo y en las que solamente recibes regaños y algo de información.

Está bien el viraje de la campaña y coincidimos en que para predicar con el ejemplo, había que echar a andar los lactarios, pero también pensamos que una campaña a favor de la lactancia debe mirar la realidad de las nuevas madres, en especial si es lanzada por el gobierno: el único con las facultades de cambiar las condiciones en que viven y trabajan las mujeres. Por eso nos preguntamos qué hay detrás de las imágenes, cómo funcionan los lactarios y —sobre todo— dónde están. No nos quedamos con la duda y enviamos a nuestra investigadora a averiguarlo:

Altadena 23

“¿El ‘actario’?”, preguntó el joven que respondía a la llamada telefónica. Para dar con el lugar, a nuestra investigadora se le ocurrió llamar a Medicina a Distancia, número que aparece asociado a la Secretaría de Salud del DF (Sedesa). La llamada fue caótica, saturada de preguntas poco entendidas y versiones desechadas una y otra vez. “Me gustaría que llamara la próxima semana para tener más información veraz y oportuna sobre los lactarios”, dijo antes de que finalmente llegara —de quién sabe dónde— el dato de que en las instalaciones de Altadena 23 de Sedesa se ubica el lactario recién inaugurado.

Sorprendida por la solicitud, la mujer policía de la recepción llamó al jefe para avisar: “Está aquí una persona que quiere conocer el lactario”. Minutos después, el señor estaba ahí preguntando quién era, de dónde iba y para qué quería entrar al misterioso espacio. “¿Cómo le explico que sí está aquí, pero nosotros no lo coordinamos? Espéreme tantito”. Después de varias llamadas, montón de vueltas y casi media hora de espera, ingresé.

En el segundo piso, ocho personas hacían guardia. Expectantes, dieron la bienvenida mientras un par de personas buscaban las llaves. Acelere e inquietud precedieron la apertura de la puerta de madera: en un área de aproximadamente dos metros por cuatro, había un refrigerador, un garrafón de agua, un sofá, un lavabo, toallas desechables para las manos, un par de carteles, un par de cuadros, una carpeta con lineamientos y hojas de registro, una cortinilla y un instructivo sobre el correcto lavado de manos. “Ahorita no tenemos embarazaditas, sólo una mujer que está de licencia de maternidad. Este lugar es para que las mujeres, al volver de la licencia, no interrumpan la lactancia. No queremos que se desperdicie la leche”, enfatiza uno de los coordinadores de este espacio.

El acondicionamiento de este lugar es una forma de hacer compatibles la vida reproductiva y la vida laboral de las trabajadoras que desean continuar con la lactancia materna. Su existencia es un gran paso, haya usuarias o no, y para que sea realmente útil, las mujeres —embarazadas, puérperas o no— tienen que conocerlo. Parece obvio, pero no nos vayamos con la finta: precisamente cuando decían que todo el personal que ahí labora sabe de la existencia de ese espacio, una chica se acercó a la puerta y, como quien se topa con algo sorprendente e inesperado, preguntó curiosa: “¿Esto qué es?”. De inmediato le respondieron: “Un lugar donde puedes extraer tu leche para que luego se la des a tu hijo”. Impactada y decepcionada a la vez, contestó: “¡Me hubieran dicho! El año pasado estaba muy adolorida por tener tanta leche y no saber qué hacer”.

El lactario de Altadena 23 se inauguró hace unos días, por el momento no hay mujeres que lo usen y sobre la marcha se verá lo que hay que cambiar: “Habrá que pensar en cómo esto puede afectar la productividad —advirtió la persona que explicaba todo acerca del lactario— porque, ¿qué va a pasar cuando una mujer se ausente de sus labores para venir aquí a extraerse la leche?”.

¡Que nadie se preocupe! La decisión de una mujer de continuar con la lactancia a la vez que se reincorpora a la vida laboral no tendría por qué afectar lo que un patrón espera de su desempeño profesional. Claro, siempre que su lugar de trabajo cuente con un espacio realmente adecuado —práctico, higiénico, cómodo y digno—. Los lactarios impactarían positivamente la productividad porque la mujer que cuenta con las facilidades para conciliar su vida laboral con la maternidad podrá comprometerse más y se ausentará menos por enfermedades o complicaciones relacionadas con su vida reproductiva. Pongan los lactarios y las mujeres los usaremos.

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