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El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Encerrada y girando en un tacón
Es importante que 38 millones de niños y niñas en México permanezcan en su casa ante la pandemia de coronavirus. ¿Pero estarán realmente en sus casas?
Por Mariana Roca
23 de marzo, 2020
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En los últimos días se ha escrito mucho del Covid-19 y hemos leído mucho también. Sobre cómo, ante una pandemia, también la discriminación y la desigualdad juegan papeles importantes. Sobre el aumento de casos de violencia intrafamiliar en tiempos de aislamiento. Sobre las serias afectaciones a la economía nacional y familiar. Pero, sobre todo, estamos pendientes del aumento de casos y las medidas que este gobierno y otros han tomado para aminorar el daño.

Probablemente usted, igual que yo, sintió que le explotaba la cabeza cuando escuchó el anuncio: “ampliarán las vacaciones de semana santa”. Me imagino que su definición de vacaciones no contempla encierro, sugestión, termómetro y aislamiento.

Con esto no quiero decir que sea una medida errónea la de cerrar las escuelas. Es sólo que, de vacaciones, nada. Quienes pudieron, decidieron que sus hijos e hijas se quedaran en casa desde el martes 17, ya sea porque son mujeres que se dedican al hogar, son trabajadoras freelance, tienen la posibilidad de hacer teletrabajo o tienen un ejército de nanas.

Se dice que entre los grupos más expuestos se encuentran las personas mayores de 60 años. Y claro que a todas nos preocupan las mamás y los adultos mayores. Pero también están en riesgo las personas en situación de calle, quienes viven en pobreza, las personas migrantes, con alguna discapacidad, los grupos indígenas que no hablan español y, para no variar, las mujeres. Ellas suelen ser quienes realizan las labores de cuidado de los enfermos (de coronavirus o lo que usted guste), de niñas y niños, de ancianos y, también, porque son ellas quienes ocupan la mayoría de los puestos en el sector servicios (cajeras, vendedoras, meseras, cocineras, trabajadoras del hogar, enfermeras…). Si bien la OMS ha sido enfática en cuanto a que los dos sexos son igualmente vulnerables al contagio, los roles de género dejan mucho más expuestas a las mujeres.

Nadie quiere enfermarse ni que se enfermen sus seres queridos. Por eso entendemos la relevancia del distanciamiento social. Es importante que 38 millones de niños y niñas en México permanezcan en su casa. ¿Pero estarán realmente en sus casas?

Si bien es cierto que cada vez son más las empresas que intentan implementar el teletrabajo, no todas lo han conseguido ni están dispuestas siquiera. Además, están quienes definitivamente no tendrán la posibilidad de implementar esta medida, ya sea porque trabajan en el sector servicios o porque si dejan de trabajar, dejarán de percibir ingresos. Muchas se dedican al trabajo informal y no cuentan con prestaciones de salud, necesitan salir de sus casas, desplazarse en transporte público y están mucho más expuestas al contagio. Ahora que los niños están de “vacaciones”, ¿los llevarán con ellas al trabajo, exponiéndolos así al virus? ¿O los dejarán en casa con abuelas y abuelos, quienes conforman el principal grupo de riesgo?

Así, el cierre de las escuelas repercute de manera diferenciada en la economía de las mujeres al limitar sus oportunidades de trabajo. Y es que incluso en condiciones “normales”, las mujeres perciben menos ingresos o trabajan medio tiempo o en la informalidad. En México el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa al 23.5 % del PIB y, en muchos casos, es realizado durante una segunda o tercera jornada pues las mujeres, además, salen a la calle a buscar su parte del sustento. Y cuando el cuidado no puede ser absorbido por las mujeres de la esfera familiar, se resuelve contratando a otras mujeres de manera precaria.

Si bien es cierto que los made-in-chismos son molestos, es útil voltear a ver lo que han hecho los vecinos para contrarrestar las afectaciones a la sociedad ante la pandemia. En España, por ejemplo, ante el cierre de escuelas, se instauró una prestación extraordinaria de la Seguridad Social para compensar a madres y padres que tengan que perder horas de trabajo para cuidar de sus hijas e hijos. Claro que la informalidad en México dejaría expuesto a un alto porcentaje de padres y madres, pero en algo se reduciría el daño.

En algunas casas existe el trabajo en equipo y hombres y mujeres asumen el cuidado de los hijos y las labores del hogar en partes iguales, toman turnos para poder atender sus obligaciones laborales sin descuidar a los menores. Pero en los hogares monoparentales eso no existe. Algunas lo más que llegan a escuchar es un “¿cómo te ayudo?”, cuando lo que se requiere no es ayuda sino trabajo en equipo.

Los niños necesitan sus espacios, rutinas y actividades. Necesitan convivir con otros niños y recibir los estímulos acordes a su edad. Necesitan realizar actividades físicas e intelectuales. La explosión en la cabeza ante el cierre de las escuelas no pasa por la falta de apego, ni por las ganas de descansar, ni porque le tengamos miedo al trabajo. Pasa porque cada una conoce a sus fieras y sabe cuánto tiempo le toma a cada una convertirse en su peor versión. A medida que pasen los días es probable que también se empiecen a cerrar cines, teatros, iglesias, tiendas, restaurantes y que, como en 2009 con el AH1N1, las ciudades se conviertan en pueblos fantasma. Lo grave de hace 11 años no fue el aislamiento: tenía una perra y mientras hubiera croquetas y café las dos estábamos bien. Con un niño las cosas son distintas. No sólo por el temor a que se enferme o pueda contagiar a sus abuelos, sino por el esfuerzo que significa mantenerlo entretenido sin perder los estribos.

Soy afortunada de trabajar en un lugar que prioriza mi bienestar y el de mi familia, y que trabaja el tema de la conciliación de la vida personal y laboral. ¿Pero qué harán otras mujeres en circunstancias laborales distintas? ¿Llevar a los hijos a la oficina? ¿Al tianguis? ¿Al hospital? ¿Renunciar? ¿Dejarlos con los abuelos? ¿Con la vecina? ¿Dentro del horno? ¿En un cajón?

Si de por sí es un tema complicado, ¿cómo haremos ahora? No tenemos un manual de buenas prácticas ante la pandemia. Cuidemos de nuestros hijos y de nuestra salud mental. Hagamos ejercicio y comamos frutas y verduras. Se acerca una crisis seria, económica y de salud y, si bien cada una puede hacer lo mejor que sabe y seguir las pocas instrucciones que se han recibido, también es cierto que necesitamos soluciones más reales y contundentes por parte del gobierno.

Mientras tanto, y con solo una semana de encierro, yo ya me encuentro girando en un tacón.

* Mariana Roca (@MarianaRocaC) es investigadora de @GIRE_mx.

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