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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
La aguja en el pajar
Hemos dirigido esfuerzos para generar conciencia sobre la violencia obstétrica en las regiones sureñas del país, con la finalidad de que las mujeres conozcan sus derechos y los exijan. Sin embargo, estas mujeres tienen tatuado en la piel la triple discriminación: por ser mujer, por ser pobres y por ser indígenas, lo cual se agrava al encontrarse en tal condición de vulnerabilidad.
Por Gire
19 de noviembre, 2013
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Por: Lilia Elena Iñiguez Hernández

Sentada en una banca de un aeropuerto del sureste mexicano, con la cabeza atribulada trato de entender y ordenar lo que he oído y visto a lo largo de los últimos días. Además de los fragmentos de historias, testimonios e imágenes recabadas en el trabajo documental, la presencia de otros agentes me perturba. A escasos metros un policía está interrogando a tres personas que, como yo, esperan su vuelo al Distrito Federal. Comencé a prestar mayor atención cuando ví que les pedía sus identificaciones, me mortificó la idea de un nuevo chequeo, sumado al hecho de que parecía hacerles preguntas complejas sobre su destino y motivos del viaje. Finalmente, les regresó sus documentos y siguió andando. Al verlo acercarse, preparé mis identificaciones, pero para mi sorpresa, pasó de frente con un saludo y siguió de largo. Confundida regresé la mirada a los tres viajeros interrogados, permanecían callados, estáticos, no parecían turbados por haber sido los únicos revisados. Los tres eran de origen indígena.

Intenté volver a mis pensamientos anteriores, pero no tuve éxito; aquel acontecimiento cambió el rumbo de mis reflexiones y recordé que no era el primer incidente de esa naturaleza que experimentaba. Esa misma mañana, a una autoridad que trabaja exclusivamente con pueblos indígenas la escuché quejarse por no comprender a las víctimas que llegaban hablando “dialecto” y no hablaban castellano, sin la sensibilidad y respeto al idioma de los pueblos originarios que ellos como servidores públicos están obligados a atender de manera digna. Más tarde en la línea de espera para entrar al cajero automático, una mujer desesperada dirigiéndose a mi exclamó “estas indias que no aprenden a usar las máquinas”, creo que buscaba mi aprobación, pero preferí desviar la mirada y volver a los papeles en los que tenía fija la atención. Por último, el aeropuerto. No necesitaba adentrarme en la selva ni profundizar en la montaña para observar el trato desigual y violento.

Hemos dirigido esfuerzos para generar conciencia sobre la violencia obstétrica en estas regiones sureñas del país, con la finalidad de que las mujeres conozcan sus derechos y los exijan. Hablamos de violencia obstétrica como aquellas violaciones a los derechos humanos y reproductivos de las mujeres que van en contra de su derecho a la igualdad, a la no discriminación, a la integridad, a la autonomía reproductiva, a la salud, a tener información. La violencia obstétrica es psicológica y física. Se manifiesta en burlas, maltrato, insultos, humillaciones, cuando se le niega o aplaza la atención médica a la mujer, o bien cuando se recurre a la coacción o castigo para obtener su consentimiento en la aplicación de tratamientos o métodos anticonceptivos. Claro, a mí todo esto me hace perfecto sentido, a mí, mexicana mestiza con estudios universitarios. Pero ahora no puedo parar de preguntarme: ¿qué tan coherente resulta esto para quienes la violencia y la discriminación es el día a día?

Es evidente que la violencia obstétrica no se circunscribe a una sola territorialidad, ni etnia, ni clase social, justo como todos los tipos de violencia que vivimos las mujeres y los hombres de este país. Pero si comenzamos a sumarle a este clima general el desprecio por raza, sexo y nivel socioeconómico que sufren las mujeres indígenas de esta zona, encontramos el escenario idóneo para descarar el actuar negligente y degradante.

Son muchos los factores y carencias estructurales que operan en el maltrato en materia de salud que las mujeres reciben durante el embarazo, parto y puerperio, juegan un papel fundamental la violencia institucional y de género. Pero no podemos quitar los ojos del factor determinante que representa la discriminación y racismo penosamente enraizado en nuestra sociedad. Estas mujeres tienen tatuado en la piel la triple discriminación: por ser mujer, por ser pobres y por ser indígenas, lo cual se agrava al encontrarse en tal condición de vulnerabilidad.

Es labor de algunos evidenciar los problemas que están llevando a las mujeres a sufrir tan indignos tratos durante su proceso obstétrico, pero es trabajo de todos como ciudadanos conscientes intentar hacernos responsables de nuestra propia programación cultural como reproductores de discriminación y hacer algo al respecto.

 

* Lilia Elena Iñiguez Hernández, abogada

 

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