close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Perrea un feminismo
Sí, el reguetón tiene letras misóginas. ¿La solución es prohibirlo? No lo creo. Eliminar el síntoma no cura, sólo oculta. No es prohibiendo, sino confrontando a la escena con su misoginia que se puede impulsar una transformación en los estereotipos de género.
Por Gire
13 de abril, 2015
Comparte

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

 

A Cat y Catalina, a Jovan y Laura, mi #FeministTwerkTeam

Anything you wanna do gyal do it

Spice

 

“Todo lo que quieras hacer, chica, lo puedes hacer”, canta Spice, artista de dancehall, en ese hermoso patois jamaiquino que convierte al inglés en una lengua afrocaribeña. Este mensaje, que sin duda cualquier feminista apoyaría en esencia, se vuelve susceptible de ser desestimado por ésta al ponerlo en el contexto, el título de la canción es twerk -que traducimos como perreo- y en su video se acompaña de mujeres haciendo lo que quieren con su cuerpo.

Desde 2012 que Diplo presentó Express Yourself, su colaboración con el fallecido rapero queer Nicky Da B, la icónica imagen del perreo de cabeza infectó la cultura popular y el término twerk llegó definitivamente al vocabulario. La palabra twerk tiene sólo 20 años, su primer uso registrado es en la canción “Jubilee All”; se cree que es una mezcla de twist y werk (una expresión afroamericana derivada de work usada para celebrar los movimientos de baile que despliegan actitud y vitalidad). En el video de Express Yourself Diplo presenta en primer plano a Nicky Da B, un hombre negro afeminado, y en el fondo perrean por igual hombres y mujeres, obesas y delgados; piernas con celulitis y traseros que desafían la representación tradicional del cuerpo femenino y masculino en los videos musicales.

Después vendría Miley Cyrus con su polémica actuación en MTV, Lilly Allen y su Hard Out There y el Shake it off de Taylor Swift. Estas artistas blancas atrajeron la atención de feministas y la crítica del feminismo negro, pues el twerk forma parte de las prácticas culturales afroamericanas y es una expresión cultural de la diáspora africana, tanto como la cumbia o el capoeira. También está identificada con la danza de Josephine Baker en los años 20 y con el baile Mapouka de Costa de Marfil. Por eso no es casual que una autora y activista como bell hooks (sí, con minúsculas) le dedicara un seminario llamado “Transgresión: ¿de quién es este trasero?” para analizar el perreo a la luz de género y la raza.

Por esta razón no es de extrañar que en el llamado “Sur Global” el perreo reina: QQ presenta a las divas de ghetto de Kingston perreando en los techos y girando sobre su eje de cabeza; Shaa, cantante de Tanzania, muestra el perreo en su video Sugua Gaga; Timaya, artista nigeriano no tiene empacho en perrear para su auditorio en Hold me Now; Vitale, (la Beyoncé de África según ella) de Costa de Marfil perrea con sus bailarinas en el video de infidélité. Buraka Som Sistema, portugueses de raíces angoleñas, hacen del perreo pieza fundamental de su acto de kuduro progresivo (kuduro viene del portugués “cú duro”, es decir, culo duro). Y claro, Latinoamérica tiene innumerables muestras de reguetón, que por su relación con el perreo, la piel oscura y la pobreza, han logrado el odio de las elites blancas conservadoras.

Por esto mismo no es de extrañar que el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM haya sido objeto de las críticas de intelectuales por su proyecto Perrea un Libro, de promoción de la lectura, el cual consistió en adaptar Tren Subterráneo de Fernando Curiel en una canción de reguetón para llevar a las fiestas de jóvenes con la finalidad de acercar la lectura a través de una experiencia corporal como lo es el baile. “Lee y baila. Baila y lee. Tren Subterráneo, un reggaetón hecho con un libro” fue el trino con el que la cuenta de Filológicas promocionó la canción. Ahora está borrado, al igual que el video. La prensa ha recogido el desprecio de los intelectuales a esta campaña: hay que notar que cuando J.M. Servín acusa a la campaña de #PerreaUnLibro por clasista al decir “este tipo de muchachos amantes de coger simbólicamente con rolas chafas fuera el único grupo social que padece analfabetismo funcional”, está ejerciendo el clasismo que parece criticar. Recordemos a Calle 13: “No tengo plata pero tengo cobre, aquí se baila como bailan los pobres”.

Sí, el reguetón tiene letras misóginas. ¿La solución es prohibirlo? No lo creo. Eliminar el síntoma no cura, sólo oculta. Soy heredero de la tradición queer de resignificación; con Judith Butler aprendí las estrategias políticas de la parodia. Soy una riot grrrl, y estoy interesado en crear formas no jerárquicas de hacer amigos, escenas y música. Más aún, conozcan el reguetón, no todo lo es, también hay mujeres ejerciendo su voz, como en otros géneros con sobrerrepresentación masculina y letras misóginas. Laura Puentes, de la tienda de moda Rosa+Pistola impulsa #ReinoReggaetonera donde entrevista a las autoras del género en Latinoamérica, mientras que Cat Donohue de 4Umag traduce estos contenidos al inglés. Cuando Spice canta en Like a man “¿Piensas que me calificarían mejor si fuera un hombre y cantara pesado?” está haciendo una crítica a la misoginia del dancehall utilizando como medio el propio género musical. No es prohibiendo, sino confrontando a la escena con su misoginia que se puede impulsar una transformación en los estereotipos de género.

Gracias a Pepe Romero, director de Naif Sicodelia, conocí el trabajo de Fannie Sosa quien considera que el perreo es una práctica decolonial open source para la sanación y la autonomía desde una visión feminista. Ella afirma que esta práctica no es “el baile de una meretriz”, sino que al igual que la danza de vientre, es una práctica parte de los ciclos de fertilidad olvidados, el perreo no es una simulación del coito sino una practica contraceptiva y francamente abortiva. “Estos bailes son parte un grupo más complejo de movimientos que involucran los órganos reproductivos femeninos que no permiten que el óvulo fertilizado se albergue en el útero: es por esto que hay tal estigma alrededor de los cuerpos que llevan a cabo esta danza”. La prueba empírica de esto fue la nota sobre la popular stripper de Houston que tuvo un aborto espontáneo durante un perreo en escena.

Años de violencia patriarcal y represión sexual han vuelto rígidos los vientres femeninos, asegura Fannie. El dualismo platónico de mente y cuerpo y la moral estóica griega recogida por el cristianismo son directamente responsables de esto. Para mí este artículo sobre Fannie fue fundamental para comprender la abyección con la que se mira a los cuerpos que perrean. Más aún que en esta reflexión feminista se recogen los dichos del manifiesto contrasexual de Beatriz Preciado con el perreo, vale la pena verlo:

El subalterno se mira con los ojos del amo: hace 20 años despreciaba los ritmos tropicales latinos para abrazar el rock anglo como forma de rebeldía. Fue gracias a una relación con un maestro de salsa judio/méxicoamericano especialista en estudios brasileños que descubrí que en los toques de tambor se escuchan las voces de los esclavos arrancados de Africa occidental, de las esclavas convertidas en objeto para el goce de la mirada masculina blanca. Así comenzó mi introducción a la teoría decolonial, a través del cuerpo, bailando y amando. Para mí la pista de baile de una boda es una gran metáfora del patriarcado: cuerpos sexuados en movimiento coordinado con un cuerpo de sexo opuesto y bajo reglas de lo que es permisible en el contexto de una fiesta que celebra el amor mutuo y exclusivo de dos cuerpos para fines de reproducción. Ahí no cabe este cuerpo sodomita afeminado siendo perreado por una feminista rubia. En Judith Butler o hacer que los cuerpos importen hablé de como a partir del pensamiento de esta filósofa es posible plantear una praxis que supera la política de identidad y permite una política entre los cuerpos abyectos para la moral cristiana heterosexista. Para mí, y para mi grupo de perreo feminista, la pista de baile representa esta praxis potencialmente subversiva capaz de crear alianzas que no dependen de políticas de la identidad. Nuestra venganza: ser felices y sobrevivir el odio y la violencia patriarcal sobre nuestros cuerpos femeninos y feminizados.

 

* Omar Feliciano, medios digitales de @GIRE_mx

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.