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Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Rana
La coerción reproductiva, ya sea para hacer abortar a una mujer, esterilizarla contra sus deseos, forzarla a usar métodos anticonceptivos o imponerle la maternidad, representa una violación de los derechos humanos más elementales.
Por Gire
19 de noviembre, 2012
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Por: Omar Feliciano  (@tipographo)

 

“Para los miles y miles de lectores que nacieron en la época de la planificación familiar y para los que la vivieron en primera persona”. Así comienza el libro Rana de Máo Yàn, premio Nobel  de literatura de este año. A través de la alegoría reproductiva el autor nos muestra el desarrollo de China desde la hambruna comunista de mediados del siglo XX hasta el “Gran Renacimiento Chino” anunciado por Xí Jìnpíng, el nuevo líder de China.

Renacuajo, un burócrata del partido retirado y dramaturgo amateur, narra las historias de las mujeres de su vida a través de las políticas de  planificación familiar, creencias taoístas sobre fecundidad y expectativas confucianas sobre la mujer. En Rana se reúnen el esbozo de una novela, una obra de teatro y algunas cartas de Renacuajo a un maestro japonés de literatura. Con estos géneros, Máo Yàn entreteje la ficción, realidad, historia y folklore para narrar una historia perturbadora que es sólo un atisbo a los crímenes del Estado Chino contra la autonomía reproductiva.

La tía de Renacuajo es una ginecóloga parte del Partido Comunista que acaba con las parteras, impone el uso de anticonceptivos, atiende a las parturientas y las persigue para hacerlas abortar en caso de que violen la política de hijo único. El pueblo de Renacuajo y su tía tiene por tótem a la rana, un símbolo de proliferación que representa a la Doncella Partera, diosa taoísta de la fertilidad y el nacimiento.

Con la Revolución Cultural el templo  es arrasado, la escultura destruía y sustituida por la tía de Renacuajo, quién en su novela enumera las cualidades de la diosa: “La doncella celestial, la doncella de la descendencia, la doncella de la fertilidad, la doncella de la maternidad, la doncella de la virginidad, la doncella de la fecundación, la doncella de la proliferación, la doncella de la  compañía”.  Con el paso de los años, la nueva diosa de la fecundidad, la tía de Renacuajo, orgullosa ginecóloga del Estado Chino será perseguida con un delirio de ranas que le cantan y se frotan contra ella: “Estos días he sido incapaz de conciliar el sueño. Esa maldita chica viene a mi mente con miles de ranas minusválidas.”  Por eso, al enterarse de que su sobrino escribe una obra de teatro sobre su vida que ha titulado Rana, le reclama, a lo que Renacuajo contesta:

“De momento, lo he nombrado wa de rana, pero por supuesto lo puedo cambiar a wa de niño, claro. También se puede cambiar a wa de la diosa Nü Wa. Nü Wa creó los hombres. La rana es el símbolo de la proliferación, la rana es el tótem de nuestro pueblo Dōngbĕixiāng del condado de Gāomì.”

Tía cita al Presidente Mao, al celebrar la igualdad de la mujer en el Estado postrevolucionario: Las mujeres son “La mitad del cielo” y critica el desprecio de los hombres ante el nacimiento de una niña:  “¡Qué extraños, cuando una mujer da a luz a una niña los hombres ponen una cara larga, pero cuando es la vaca la que pare una ternera entonces sí que ponen buena cara!”. Pese a la ideología igualitaria, Tía no cesará de insistir en el lugar tradicional que el sistema de valores confuciano otorga a la mujer: “El puesto social de la mujer se vincula con sus descendientes, con sus hijos, que traen dignidad y honor, además de la gloria y la felicidad que acompañan al dolor cuando das a luz.”

Aún más, Tía se va convirtiendo en una mujer fracasada desde su propia perspectiva, la de valorar a las mujeres únicamente por su potencial reproductivo. Tanto Tía, como el resto de las mujeres del libro, están obsesionadas de una u otra forma con la reproducción, incluso Renacuajo, el narrador, cuya esposa murió por un aborto tardío y obligado por haber roto la regla de un sólo hijo. Tía se consideró culpable y consigue una nueva esposa a su sobrino Renacuajo, una talentosa ginecóloga aprendiz suya que es estéril.

Máo Yàn dibuja la separación de clases de la política de un hijo único: Las pobres se ven forzados a interrumpir sus embarazos, las ricas pagan las multas por un segundo, tercero o cuarto embarazo llevado a termino o contratan los servicios de subrogación de vientre.  Leoncita, la segunda esposa de Renacuajo, se obsesiona con darle un hijo a Renacuajo, de tal manera que le roba semen (esos diminutos renacuajitos vitales) y logra acordar un  contrato de subrogación de vientre con la ayuda de una clínica ilegal de fertilidad disfrazada de granja de ranas toro para el consumo humano:

“En esa empresa hay veinte habitaciones secretas y han contratado a veintes mujeres. Algunas están casadas, otras no; algunas son bonitas, otras feas; algunas están preparadas para realizar la concepción sexual, otras están preparadas para la concepción asexual…”

Lamentablemente las alegorías de Máo Yàn se quedan cortas. En agosto de 2006 Chén Guāngchén, un abogado ciego fue puesto en prisión debido a que denunció los abortos obligados y las esterilización forzadas por parte de las autoridades municipales de Línyí. Las víctimas fueron más de 7,000 mujeres, que fueron denunciadas, golpeadas, perseguidas y obligadas a interrumpir su embarazo. Actualmente Chén Guāngchén vive en el exilio y el Estado Chino hostiga a sus familiares. En junio de este año el caso de la joven Féng Jiànméi indignó por igual a tirios y troyanos. La señora Féng violó la política de Estado al embarazarse y al negarse a pagar fue obligada a abortar a los siete meses de embarazo.

La coerción reproductiva, ya sea para hacer abortar a una mujer, esterilizarla contra sus deseos, forzarla a usar métodos anticonceptivos o imponerle la maternidad, representa una violación de los derechos humanos más elementales: la integridad física, la salud y la vida.  En un análisis de políticas públicas recientemente publicado por el Instituto  Guttmacher, se menciona no sólo la política china, también la prohibición de anticonceptivos, del  aborto y las revisiones ginecológicas obligatorias en la Rumania de Ceausescu. No es necesario ningún cuento chino para recordar los casos de indígenas esterilizadas contra su voluntad en Guerrero. Tenemos nuestra propia deuda con las historias de las mujeres que han visto violentada su autonomía reproductiva, ya sea porque fueron forzadas a ser madres, a interrumpir su embarazo o esterilizadas contra su voluntad. Y que quede a manera de moraleja de esta parábola, que una posición feminista  está del lado de la voluntad de las mujeres, no a favor de una intervención médica per se, eso es algo que los obsesionados con valores absolutos jamás podrán comprender, porque carecen de una visión de derechos y dignidad .

 

* Omar Feliciano, Medios Digitales

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