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Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Tenerse confianza
Es cierto que las mujeres arriesgamos nuestra vida en el momento del parto, por eso hay que tenerse mucha confianza, tener confianza en el propio cuerpo, que sí sabe qué hacer con buenas guías, y también confiar en las personas que estén ahí para facilitarlo, ya sea personal médico o parteras.
Por Gire
22 de septiembre, 2014
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Por: Alma Beltrán y Puga

Hace dos meses nació mi hija Catalina. Fue parto natural en casa, a “la antigüita”. Antes, las mujeres tenían a sus hijos en sus casas con ayuda de parteras. Así tuvo a sus hijos mi abuela, que se alegró al saber cómo había nacido Catalina. La decisión fue meditada. A los cuatro meses de embarazo, mi pareja y yo tomamos un curso de Parto Humanizado, que imparte la organización Parto Libre. Fueron 10 sesiones donde se discutieron las diversas opciones que hay para tener hijos: en el hospital o en la casa, por parto natural o por cesárea. Actualmente, es casi una regla general que las mujeres tengan a sus hijos en el hospital y muchas veces, mediante una cesárea, no necesariamente indicada. Es sorprendentemente alto el porcentaje de cesáreas en México. De acuerdo con el INEGI, 38.1% de los nacimientos son por cesárea, contra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que establece que las cesáreas deben hacerse únicamente por una indicación médica, y no sobrepasar el 15% (ver el informe de GIRE “Omisión e Indiferencia, Derechos Reproductivos en México”).

Hace 50 años la forma estandarizada de parir no era así. En sólo una generación de mujeres, se ha internalizado que el hospital es la vía más segura e idónea para tener bebés. Las personas ya no preguntan en dónde vas a tener al bebé, sino ¿en qué hospital vas a parir? Y si el seguro de gastos médicos te cubre el parto. Hay inclusive seguros médicos que sólo cubren la cesárea, incentivando así a las mujeres y a los médicos a buscar la intervención quirúrgica. Al principio de mi embarazo, yo no estaba segura de quererme ir a un hospital como primera opción. Conforme fueron pasando los meses, veía la recámara y la tina de mi casa cada vez más amigables que los cuartos del hospital. Yo cumplía con los requisitos para tener un parto seguro en casa: mi embarazo fue de bajo riesgo, tuve una buena atención prenatal por parte de una ginecóloga y también de las parteras que me atendieron ese día, y tenía a 20 minutos un hospital cerca si se presentaba cualquier complicación.

Hoy no me arrepiento un ápice de mi decisión. El 17 de julio en la noche, cuando me empezaron las contracciones, llamé a las parteras que me preguntaron si eran recurrentes y me pidieron que monitoreara cada cuánto se presentaban. Como sí eran constantes e iban incrementando en intensidad, la parteras llegaron dos horas después de la primera llamada. Desde que llegaron tuvieron una actitud respetuosa, sugiriéndome posturas para aliviar el dolor o poder sobrepasar las contracciones. A media noche, ya tenía instalado el trabajo de parto y me metí a la tina con agua caliente, que funge como analgésico natural. Salí de la tina, y probé la postura sentada en un banco especial para ayuda en el parto que traían. También en algún momento de la noche, me colgué de un gancho sobre la pared de la recámara con un rebozo, también proporcionado por ellas. La pelota de pilates fue muy útil durante todo el trabajo de parto. Así, entre agua caliente, la banca, la pelota, el rebozo y las diversas posturas que me sugerían, caminando del baño a la recámara, me la pasé toda la noche, superando el dolor. Miguel, mi pareja, estuvo ahí todo el tiempo, y también fue un apoyo fundamental para mí y para que nuestra hija pudiera nacer. Un hombre haciéndola de doula. ¡Vaya que han cambiando los tiempos…! Para bien.

El trabajo de parto duró 12 horas. En la fase de transición, cuando ya estaba en la tina por segunda vez, y tenía casi los 9 centímetros de dilatación, sentía que ya no iba a poder más. El dolor era muy fuerte y las contracciones cada vez más duras. Aquello parecía no tener fin. Afortunadamente, estaba yo ya en un trance, en otro estado de conciencia. Las parteras me dijeron que respirara fuertemente y exhalara con un largo “aaahhh”, del aaahhh, pase al aaaaaaaa, de ahí al oooo, y de ahí a la uuuuu. En poco tiempo, ya estaba cantando una letanía de vocales, como una especie de canto tántrico, que me recordó algunas sesiones de meditación donde nos enseñaron a cantar mantras. La vecina del piso de abajo, que también estaba embarazada, me escuchó y me prendió una vela. Eso me dijo días después cuando me vino a ver.

En la tina, alcancé a ver con un espejo que me habían colocado enfrente de la vagina, como se asomaba la cabeza de Catalina. Pero por alguna razón no bajaba completamente. Se tardó dos horas más en bajar, una vez que me salí del agua. Traía doble vuelta de cordón. Pero yo nunca lo supe. Las parteras no me lo dijeron. Seguramente lo intuían. La niña estaba aguantando bien el trabajo de parto porque le checaban el latido de su corazón constantemente. Por eso, tuvieron paciencia a que bajara lentamente para poder desenredarle el cordón. Yo sólo sentí, después de un pujo muy fuerte, como salía mucho líquido y algo sólido. Fue una liberación total.

Después de que nació Catalina, y de que Miguel cortó el cordón umbilical, me inyectaron oxitocina para evitar que hubiera hemorragia y se me contrajera el útero. Durante el parto, me hicieron un solo tacto con mi consentimiento. Para inyectarme la oxitocina, también me preguntaron y me explicaron por qué lo estaban haciendo. En muchos hospitales, si el bebé trae el cordón enredado, practican una cesárea. Yo he experimentado que no hay necesidad de hacerlo, si no hay sufrimiento fetal y si las parteras o médicos que te atienden saben cómo desenredar el cordón cuando está naciendo el bebé. Pero parece que esa maniobra ya no la enseñan en las escuelas de medicina ni en los hospitales públicos o privados.

Inmediatamente después de que nació la niña, me la pegaron y le empecé a dar de comer. Estoy convencida de que Catalina llegó a nuestras vidas de la mejor manera posible. Hizo su esfuerzo también para nacer. Al día siguiente, las parteras regresaron para revisarnos a ambas y darnos el certificado de nacimiento. Le hicieron un examen de reflejos a mí hija y a mí me revisaron para ver cómo se iba contrayendo el útero. La lactancia ayuda a contraerlo porque se genera más oxitocina.

El parto puede ser un acontecimiento cálido y mágico. No tiene por qué ser un episodio de dolor y frustración, de pérdida de autonomía. Es cierto que las mujeres arriesgamos nuestra vida en ese momento, por eso hay que tenerse mucha confianza, tener confianza en el propio cuerpo, que sí sabe qué hacer con buenas guías, y también confiar en las personas que estén ahí para facilitarlo, ya sea personal médico o parteras. Es muy importante tomar decisiones libres e informadas sobre la manera en que se quiere parir, a quiénes se quiere tener alrededor, y qué ambiente es propicio para dar a luz. Porque eso es el parto: un momento luminoso único e irrepetible.

Es muy entendible y respetable que muchas mujeres se sientan más seguras en un hospital. Esta es una opción que debe ser segura y accesible para todas las mujeres que quieran tener a sus hijos en un centro de salud. Los hospitales deben, o deberían, tener salas de parto equipadas con tinas, bancas especiales, pelotas y cualquier otro instrumento que ayude a las mujeres a parir. Deberían tener cuartos amigables y personal que respete las decisiones de las mujeres en ese momento, parteras, médicos y enfermeras capacitados en el arte de parir, porque más que una profesión, el poder facilitar y compartir el nacimiento de un ser humano es una obra de arte. Y para poder realizarla hace falta privacidad, confianza e información.

Yo agradezco a mis parteras, Guadalupe Landerreche y Guadalupe Hernández, y a Miguel mi pareja, que estuvieron conmigo y confiaron en mí.

 

 

* Alma Beltrán y Puga es Coordinadora Jurídica

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