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Punto G(ire)
Por Gire
El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate inf... El Grupo de Información en Reproducción Elegida es una organización que promueve el debate informado sobre derechos reproductivos con la convicción de que existe una relación entre autonomía reproductiva, derechos humanos y democracia. La interrupción del embarazo, la mortalidad materna y la reproducción asistida y otros temas relacionados con la reproducción, ponen de manifiesto los estigmas y las creencias de la sociedad alrededor de la maternidad y del lugar de la mujer en la sociedad. La información científica, el ejercicio de los derechos y el debate sin tapujos, aseguran leyes y políticas públicas equitativas y garantes de los derechos. Esa es la labor de GIRE. (Leer más)
Valeria e Ian desde el vacío
El pasado 2 de diciembre, el Hospital Integral de la Mujer del estado de Sonora ofreció una disculpa pública a Valeria e Iván como parte de una reparación integral por haberles negado hace dos años un aborto por inviabilidad del producto y riesgo para la madre. Esta es su historia.
Por Gire
13 de diciembre, 2021
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Acompañados por GIRE para acceder a una reparación integral por las violaciones a sus derechos humanos en un caso de negativa de aborto, Valeria e Ian recibieron una disculpa pública por parte del Hospital Integral de la Mujer del estado de Sonora el pasado 2 de diciembre. ¡Estamos felices por ellos! Y queremos compartir un texto que escribieron para platicarnos su experiencia.

El 2 de agosto de 2019, el día de mi cumpleaños, mi mamá como regalo nos pagó un ultrasonido para ver a nuestro hijo. Ese día el doctor descubrió la extraña condición que padecía nuestro hijo y que inevitablemente le quitaría la vida: Síndrome de Edwars. Nosotros ni siquiera sabíamos que existía algo así, por lo que tuvo que explicarnos por un largo rato hasta llegar a la frase “no es viable”, había que “interrumpir el embarazo”.

Después de las explicaciones, el final siempre era el mismo: nuestro hijo Dionisio moriría en cualquier momento y si moría dentro de mí era muy probable que muriera yo también. Así comprendí que “interrupción del embarazo” era una forma elegante de decir aborto; ahí es donde comenzó la historia más difícil de nuestras vidas.

Pocos días después visitamos otro especialista, después otro y otro y así hasta perder la cuenta; juntamos un montón de documentos y todos terminaban diciendo exactamente lo mismo: “no es viable o interrupción del embarazo”. Llegamos al hospital de la mujer con la última doctora que veríamos aquí en Sonora, era una mujer fría, seca y prepotente; dijo que ningún documento de los que presentábamos era válido para ella y que sólo quedaba cuidarme hasta que pasara lo que tenía que pasar. Era una mujer, tenía el nombre de la virgen y me condenaba a morir junto con mi hijo. Me pareció irónico. Mi esposo y yo fuimos a casa después llenos de tristeza a impotencia para tratar de hacernos cargo de la difícil tarea que aquella persona nos había negado. Cada día despertábamos, si es que dormíamos, nos veíamos a los ojos y elaborábamos un nuevo plan. En el primero, yo iba sola a la Ciudad de México, contactaba a alguien que me ayudara y después iría a guardar reposo en casa de los papás del novio de una amiga. Era un plan costoso y muy peligroso, lleno de posibles fallas que rondaban nuestras cabezas, después tratábamos de dormir.

Al siguiente día el nuevo plan era quedarnos en la ciudad, conseguir una pastilla que provoca el aborto de tal forma que parece natural, después mi esposo me llevaría al hospital y los dos actuaríamos como si estuviéramos tristemente sorprendidos. También era un plan terrible, llegaba la noche y volvíamos a intentar dormir. Día tras día, al amanecer el plan cambiaba una y otra y otra vez; en todos los casos, al final cometíamos un delito y todos significaban un gran riesgo, desde morir hasta terminar en la cárcel. Los días sin tener una respuesta concreta se acumularon uno tras otro, ahora eran siete meses de embarazo y el riesgo aumentaba cada día. En ese punto todo era confuso, una de las mil personas a las que pedí ayuda me dijo que fuera al lobby de un hotel a encontrarme con alguien, un abogado o algo así. Fuimos sin hacer muchas preguntas. Llegamos al lugar y nos recibió un extraño personaje, tenía una ligera sonrisa que no llegaba al punto de ser burlona pero no era ofensiva, la camisa semi abierta como lo hacen aquí algunos vaqueros que quieren mostrar los bellos del pecho, sólo que en vez de bellos dejaba ver el tatuaje de dos ojos que nos miraban fijamente. Nos invitó a sentarnos y vio detenidamente todos los documentos que habíamos acumulado; no decía mucho, sólo los veía hasta que comenzó a hablar: nos dijo que venía de la Ciudad de México, que trabajaba para una organización que acompañaba a mujeres en situaciones parecidas a la mía, dijo que nos ayudaría en todo el proceso para que fuera seguro y legal con la mejor atención y sin gastar un solo peso. Cerró la cita diciéndonos que ahora podíamos dormir tranquilos, supongo que nos veíamos bastante desgastados. Todo sonaba increíble, tratando de levantarme el ánimo mi esposo bromeaba diciendo que lo más seguro era que le quitarían un riñón. Esa noche, tratamos de dormir, tratamos.

Al siguiente día el extraño abogado cumplió con la primera parte de lo que había prometido, nos dio los boletos de avión y viajamos a la gran ciudad donde nos recibiría otra abogada: un nuevo personaje en esta surrealista historia. Tal vez por costumbre o prejuicio, pero cuando el primer abogado nos dijo que veríamos a una abogada, imaginábamos a una mujer de edad avanzada con un peinado impecable, ropa elegante y una actitud un tanto hostil. En lugar de eso llegó una joven que no se veía más grande que yo, con ropa casual, jeans negros pegados, playera tipo arco, tenis y un mechón morado en la parte del cabello que tenía larga, lo demás semi rapado. A estas alturas de la historia era casi imposible sorprendernos más, así que sin dudar la acompañamos. Nos llevó a un hotel y ahí pasamos la noche, nuevamente tratamos de dormir, al día siguiente nos llevó a una clínica donde me dieron un medicamento y una inyección. Volvimos al hotel, durante la noche sentía algo extraño y no quise preocupar a Ian, sólo le dije que yo iba al baño mientras él veía la tele. Esa noche, en el baño de un hotel, lejos de casa, familia y amigos, sentí como mi hijo perdía la vida dentro de mí. Ian y yo tardamos más de un año en poder platicar sobre esa noche. Al día siguiente, el 26 de agosto, 24 días después de haber sabido la condición que padecía nuestro hijo, mediante una cesárea (que aún me duele cuando hace frío) pudieron sacar de mi cuerpo el cuerpo sin vida de nuestro hijo.  Justo después de la operación pedí verlo y que le llamaran a mi esposo para que lo viera conmigo. Por fin pudimos ver su rostro, era hermoso. Mi esposo me besaba a mí y al niño mientras lloraba, yo estaba demasiado cansada, pero pude verlo todo, rodeada de doctores que no entendían lo que pasaba. Ese día le prometimos al pequeño Dionisio que su muerte no sería en vano, que tenía que significar algo, y que seríamos fuertes para que eso pasara.

Tuvieron que pasar 24 días desde que habíamos recibido la noticia del riesgo en el que estaba mi vida y el triste destino de mi hijo hasta que logré recibir la atención adecuada. Tuvo que ser lejos de casa y de todos los que amo, menos mi esposo, todo gracias a este grupo de personas que me salvaron la vida y nos salvaron de volvernos asesinos o criminales a los ojos del gobierno del estado de Sonora. Fue este mismo grupo el que nos ayudó a llevar la demanda y al final ganamos al hospital del estado dos años después. Hace algunos días, en compañía de nuestro abogado, otro personaje también muy surrealista, asistimos a la ceremonia donde el director del hospital y otras instituciones ofrecieron una disculpa pública por la violación de derechos hacía a mí y mi pareja, comprometiéndose a no repetir este tipo de errores. Ésta es la primera vez en toda la historia del estado de Sonora que se ofrece una disculpa de esta naturaleza, confieso que antes de entrar a la ceremonia, mi esposo y yo nos sentíamos algo pesimistas, pues pensábamos que después de todo las cosas no cambiarían mucho, pero minutos antes de empezar la ceremonia se nos acercó el director del hospital nos llevó a una esquina y nos dijo -Esto les interesa, ayer llegó al hospital una paciente con un problema parecido al tuyo, Valeria, y hoy pudo ser atendida sin problemas y de manera eficiente gracias a ustedes.

Ian pidió que la ceremonia fuera el 2 de diciembre porque cada mes, el día 2 se había convertido para mí en una fecha triste y cargada de dolor. Este 2 de diciembre fue distinto, no sólo ganamos, sino que ayudamos a salvar a alguien, el pesimismo se fue, realmente lo habíamos logrado. Al final de la ceremonia mi esposo y yo mostramos a los asistentes el documento que nos dieron, también mostramos el tatuaje que nos hicimos en la muñeca después de perder a nuestro hijo: el símbolo del Dios Dionisio, que en la mitología griega le regala el vino al ser humano y la fiesta que con él lo acompaña. Nuestro Dionisio no significó fiesta y mucho menos vino, nuestro Dionisio significó lucha, resistencia y coraje. Nos gusta pensar que pudimos cumplirle a nuestro hijo aquella promesa que le hicimos en el único día que pudimos estar juntos los tres. Las mujeres del estado de Sonora han avanzado un paso más para decidir sobre sí mismas y recibir la atención adecuada sin ser criminalizadas, gracias a esta lucha, gracias a nuestro Dionisio. El día de hoy mientras elaboramos este escrito, mi esposo y yo estamos llenos de sentimientos encontrados. Estamos felices por esta victoria, pero tristes por no tener a nuestro hijo con nosotros. La espera de los últimos dos años casi nos consumió; durante este tiempo familiares y conocidos nos juzgaron y atacaron. Ahora así, solos con muy pocos familiares de nuestro lado, pocos amigos y muy pocas ganas de salir a la calle nos resulta difícil celebrar y sentir que esto ha terminado, más bien pareciera que apenas comienza. De aquella pareja que fue el día de mi cumpleaños a hacer un ultrasonido hace dos años, no queda tal vez ni la mitad. Estamos cansados, casi destruidos, nos cuesta reconocernos a nosotros mismos; todo esto como resultado de la desgarradora e incesante lucha que hemos librado todo este tiempo contra las únicas dos constantes, verdaderas protagonistas de esta historia y que tristemente definen esta ciudad: la ignorancia y la exclusión.

El pasado y el futuro se licuan en mi cabeza abrumada. Me quedo sentada viendo el vacío hasta que Ian me despierta y me anima a seguir, desde este vacío repleto de dificultades e ignorancia, pero ahora también repleto de lucha y ganas de libertad, desde este vacío llamado Sonora, narran esta historia los padres de Dionisio, Valeria e Ian.

Para Alex, Ninde y Alejandro, nuestra eterna gratitud y admiración. Abogados, amigos, maestros y compañeros de lucha, personas “raras” como nosotros, nunca paren por favor.

@GIRE_mx

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