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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
¿A quién le importa la Boda Real?
Por Erika Ruiz Sandoval
22 de abril, 2011
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El viernes se casan William y Kate (Catalina, dice la FUNDEU que debemos decir) y desde hace semanas nos bombardean con reportajes sobre la realeza británica, otras bodas –particularmente la de Carlos y Diana–, la “historia de amor” de este par, sus respectivas infancias, el misterio del vestido de novia y demás cosas propias del papel cuché. La BBC transmitirá la boda en vivo a las 2 am (hora del centro de México), con repeticiones a las 8 am, las 2 pm y las 8 pm, así que ya sabemos que el numerito durará 6 horas.

En medio de nuestra particular situación, tan llena de agobios que van desde la falta de trabajo hasta la falta de agua, pasando por el crimen organizado, San Fernando y los otros cientos de fosas a lo largo y ancho del país, las elecciones de 2011 y las de 2012, las inundaciones del De Efe, los incendios de Coahuila y tantos otros, ¿a quién le importa la boda real de este par? Pues yo no sé si a usted le interese el asunto, querido lector, pero resulta que se espera que 2 mil millones de personas, es decir, un cuarto de la población mundial, siga la ceremonia nupcial por televisión.

¿A que de pronto no le parece tan “loca” la chica que hizo huelga de hambre frente a la embajada británica en esta Kinshasa con el fin de conseguir una invitación para el enlace? Por cierto, la susodicha consiguió dinero prestado para volar a Londres y ya anda por allá, empeñada en ver la boda en las afueras de Westminster y también en conseguir entregarle a los novios una pintura que hizo de ellos… Huele a incidente diplomático, pero esto es para que usted vea que todo es posible cuando uno se empeña.

Pero, volviendo al tema de la boda, resulta ser que estas cosas entusiasman a un cuarto de los habitantes del planeta. El romance, la pompa, la tradición, los trajes… Es como un cuento de hadas en pleno siglo XXI. ¿Y esto tiene alguna trascendencia, más allá de que estos dos luego procreen un nuevo heredero al trono británico?

Pues resulta que sí. La boda real, al igual que Harry Potter, las olimpiadas, la moda británica y otros tantos elementos han conseguido colocar a Reino Unido en el sexto lugar del Nation Brands Index 2010 y hacer de la marca país una de las más sólidas del ámbito internacional. En los últimos años, ese país se ha consolidado como uno de tradición y modernidad que es atractivo para el resto del mundo. Se le percibe como un buen lugar para vivir, para trabajar, para estudiar, para invertir, para visitar…

Para bien o para mal, los países tienen una “marca” que puede ser buena o mala, fuerte o débil, pero ahí está. Es, si se me permite, una suerte de “formalización” de los estereotipos y algo que se ha vuelto muy importante en los tiempos que corren, pues de la percepción que se tenga de cada país dependen variables fundamentales como inversión, turismo y exportaciones, entre otras. Muchos gobiernos, en consecuencia, han decidido invertir tiempo, dinero y atención en el manejo de su marca país.

Como se imaginará, ni siquiera con esa frase incomprensible de “Vive México” (en un país con tanta muerte, cuesta creerse el eslogan) México ha conseguido colocarse entre las primeras 25 marcas país. Y que conste que los mexicanos insistimos en que nuestro “fuerte” radica en nuestro “poder blando” o soft power (cultura, tradición, gastronomía).

¿Por qué están pesando más los estereotipos negativos sobre México, como ocurrió cuando el infausto episodio aquel del programa Top Gear? Como ya comenté en algún momento en este espacio, ni los conductores de ese programa ni los británicos en general son responsables de tener una imagen negativa de México. La culpa es de México y de nosotros, sus habitantes. El hecho es que no hemos conseguido remplazar los estereotipos negativos con imágenes positivas. No hemos logrado que nos vean como algo más que borrachos con sarape, recargados en un cactus. No hemos conseguido probar, con suficientes evidencias, que esa imagen no es la que nos corresponde. Peor aún, del borracho con sarape vamos transitando al asesino despiadado, a juzgar por cómo los medios internacionales están contando lo que nos pasa últimamente.

¿Acaso hay alguien en nuestro gobierno que se esté preocupando por estos temas? ¿Tenemos algo parecido a la boda real o a Harry Potter que podamos explotar para colocarnos con una nueva imagen en el escenario internacional? ¿Hemos creado una marca México que vaya más allá del tradicional “lo hecho en México está bien hecho”? ¿Cuando nos ven desde afuera, piensan en un México moderno y a la vanguardia o somos un territorio perdido en el pasado o, peor aún, sumido en el desgobierno?

Los expertos en marcas país apuntan que el público sólo cambia su percepción sobre otros países cuando no hay otra opción. Sólo cuando hay una cantidad exorbitante de pruebas de que el país ha cambiado permitimos a nuestro cerebro remplazar la imagen que tenía por una nueva, y, aún así, lo hacemos a regañadientes. Siempre cuesta cambiar nuestras viejas perspectivas.

Conseguir este cambio es responsabilidad de cada país. Hasta cierto punto, puede decirse que cada país es “culpable” de la imagen que proyecta al exterior. Siempre será más fácil culpar a los extranjeros y a su ignorancia y sus prejuicios que les llevan a crear estereotipos negativos sobre nosotros, pero eso, aunque es una actitud comprensible, no nos llevará a sitio alguno.

Cada país, y no sólo su gobierno, sino también su gente, sus empresas, sus celebridades, son responsables de la marca país. Cada uno de nosotros, y no los extranjeros, tiene que proteger su buena imagen o cambiarla, si es que la imagen es negativa. Así como las empresas invierten tiempo, dinero y esfuerzo en proteger la buena reputación de sus marcas, los países tienen también que cuidar su marca país.

Y, lamento decirle, querido lector, que no hay eslogan, comercial o declaración que consiga cambiar la imagen de México en el exterior. Una buena imagen de país, una buena marca país, no se compra con comerciales: hay que merecerla. Y la única manera de que eso funcione es que consigamos tener múltiples razones visibles para que eso suceda. Como decía Mafalda (y visualíceme arremangándome), ¿por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?

 

 

EsotÉrika

 

1.   En Kinshasa se inauguran playas urbanas, cae una tromba de muerte lenta con “encharcamientos” de hasta 4 metros de altura, a decir del mejoralcaldedelmundo, y ahora resulta que, para variar, no hay agua en Semana Santa. ¿Por qué castigar a los que no salimos de vacaciones? ¿Cuál es el afán? Claro, uno llama a la bendita Comisión del Agua y le salen con dos respuestas posibles:

a.   “Es el estiaje” (imagine mi cara de incredulidad, querido lector, cuando salía agua del Viaducto como si fueran las fuentes cantarinas de Sea World… Bueno… eran aguas negras, pero casi casi igual).

b.   “Se están llevando el agua a Iztapalapa” (y es cuando a mí se me suben los colores, empiezo a ver rojo y quiero ahorcar a quien usa el agua potable como favor político).

Al final, termino bañándome a las 6 am en vacaciones con tal de no quedarme sin agua. Esta flor de asfalto detesta bañarse a jicarazos. Pero, al final, ¡qué necesidad tengo yo!

 

2.   ¿Le ha pasado, querido lector, que nada sale como lo planeó? Pues así anda mi Semana Santa 2011. Nada de lo que planeé ha ocurrido y, francamente, me siento frustrada. Seguro es una señal de que tengo que dejar de ser una control freak y aprender a “dejarme llevar” (whatever that means). En todo caso, he tenido tiempo para hacer un poco de introspección y me di cuenta de que yo solita me torturo, como seguro hacen también muchos de ustedes. ¿Pensaron que iban a deshacerse de la lista de pendientes estas vacaciones? ¿Que ahora sí trabajarían? Pues yo igual. Y creo que, mal mirado, ésa es una conducta nociva. ¿De cuándo a acá las vacaciones son para eso? Así las cosas, me desharé de mi yo culpable y me dedicaré a disfrutar la vigésimo quinta película alusiva a las fechas que corren y luego ya se verá. Le aconsejo que haga lo mismo. Eso sí: cuando llegue el lunes y le vuelvan a caer encima los pendientes, a mí no me culpe; yo no voté por Fox.

 

Palabrotas

 

De nuevo, respondo a una petición tuitera:

 

aguafiestas.

(De aguar y fiesta).

 

1. com. Persona que turba cualquier diversión o regocijo.

 

Ejemplo: Todos aquellos que dejaron a sus empleados sin vacaciones esta semana grande son unos aguafiestas.

 

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed., (DE, 22 de abril, 2011: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=aguafiestas).

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