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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
Como Mandibulín
Por Erika Ruiz Sandoval
18 de febrero, 2011
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Kinshasa, 18 de febrero de 2011.

Ahhh… Otra semana de escándalo… En esta ocasión, el tema ha sido la crisis diplomática entre México y Francia por el caso de Florence Cassez, ciudadana francesa condenada a 60 años de prisión en México por ser cómplice del delito de secuestro.

Quienes me conocen saben que de los franceses podría yo escribir un libro y no necesariamente estaría lleno de loas al papel de Francia como actor internacional. Insisto: al término de la Primera Guerra Mundial, Francia lloraba tendida en el diván y jugaba a aquello de Pedro y el lobo hasta que el lobo vino y se la tragó por débil, por usar una estrategia equivocada y por paranoica.

También saben que muchas veces me han dado ganas de mandarles un memorándum para notificarles que Napoleón se murió y hace mucho tiempo, con la esperanza de que le bajen dos rayitas a su soberbia infinita de gran potencia en completa decadencia. Ni siquiera como parte de la Unión Europea pueden sentirse la mamá de los pollitos, que para eso nos sigue quedando el Capitán América, aunque ande despistado, y, muy pronto, tendremos que contar a China.

Uf… y, por favor, no me obliguen a que les hable de Nicolás Sarkozy, quien se suma a mi teoría sobre el peligro que representan para el mundo los hombres chiquititos, aunque éste no tenga bigote (véanse Hitler, Aznar y otros), aunque sí maneje el tacón cubano en una de estas situaciones que terminan siendo de pena ajena. Pero si Sarkozy está gagá o no, o si hace su berrinche con respecto a la señora Cassez con fines electorales creo que son temas que deben importarnos poco o, si me apuran, nada, porque finalmente no tenemos control alguno sobre ellos.

Para mí lo preocupante de esta situación está de nuestro lado. Lo primero que a mí me sorprende es que esto haya llegado hasta donde ha llegado. No puedo siquiera creer que los “expertos” diplomáticos mexicanos hayan permitido que esta crisis escalara como lo hizo, sin medir las consecuencias para el corto, el mediano y el largo plazos.

Empecemos con el tono y el contenido vistos en el intercambio de declaraciones: “Dedicaremos el año de México a Florence Cassez”, dijo Sarkozy. Y las respuestas mexicanas no se hicieron esperar: “Nosotros no dejamos que nuestra política exterior la decida una secuestradora”… “El conflicto llegará hasta donde quiera el presidente Sarkozy”… “La pelota está en la cancha francesa”… Y no nos olvidemos de la salida, en tono María Antonieta, con guantes y todo, del embajador De Icaza. Dioses…

¿No creen que algo así quedaría mejor en aquella película de Pedro Infante y Jorge Negrete, Dos tipos de cuidado. ¿La recuerdan? Si no, aquí va:

Es evidente que ni Sarkozy ni Calderón pueden presumir de ser como Pedro Infante o Jorge Negrete. Sin embargo, probablemente coinciden en rasgos muy negativos para esto de las relaciones internacionales: son de mecha corta —y me refiero a su carácter y a que se enfurecen con rapidez—, gobiernan más con la víscera y menos con la cabeza, son tercos y piensan demasiado en el corto plazo, en lo electoral y en las encuestas como para tener en sus manos los delicados equilibrios que requiere la política exterior.

Sarkozy pedía que Cassez cumpliera la condena en Francia, pero no que la dejaran libre, algo que me parece no ha quedado del todo claro para muchos mexicanos que leen la prensa nacional y que luego tienen el bendito tiempo libre de verter sus comentarios en las páginas electrónicas de los diarios. Los juristas mexicanos decidieron que eso no podía ser así porque los sistemas judiciales son distintos y, probablemente, allá no la mantendrían encarcelada los 60 años que le adjudicaron en el proceso seguido en México.

Para los que vivimos aquí, y con perdón de los afectados en este caso de secuestro, esto es ser más papista que el Papa. Es tratar de tapar el sol con un dedo. Es intentar hacer de Cassez un caso ejemplar, cuando el país está sumido hasta el cuello en la podredumbre e ineptitud de su sistema judicial y carcelario. A mí me parece increíble que en este caso sí se pongan tan firmes, cuando se tienen los casos oprobiosos de Maricela Escobedo, la Guardería ABC o, si de secuestro se trata, del de Wallace o Martí, amén de otros miles de los que ni siquiera nos enteramos.

¿A quién se busca engañar con esta repentina defensa de los procedimientos judiciales en México? ¿A quién va dedicada esta acción? ¿Con quién se quiere quedar bien, haciendo de Cassez la cabeza de turco predilecta? Si es para la galería interna, yo le diría al señor Calderón que no se esfuerce tanto, porque no hay maquillaje que consiga cubrir el statu quo de la justicia mexicana.

Hoy se estrena en todo el país el documental Presunto culpable. Creo que tenemos que verlo todos los que todavía queremos un poquito a este país. Hay que mirar esa realidad inmunda para no construir más castillos en el aire y para empezar a admitir que, como les he dicho en otras ocasiones, lo que nos pasa no es producto del azar sino consecuencia de nuestras acciones o de nuestra falta de ellas. Sólo cuando entendamos que es nuestra responsabilidad podremos sentirnos verdaderamente empoderados para cambiar las cosas en este pobre país que un día amanece mal y el que sigue amanece peor, como si estuviera aquejado de gangrena sin tratamiento disponible.

A juzgar por los cortos del documental, revelará algo que internamente sabemos todos: nuestro sistema judicial está descompuesto y la justicia en este país es elusiva o, peor aún, no trata a todos por igual. No es lo mismo ser Juan Pérez que tener uno de estos apellidos ilustres a punta de dinero si se trata de recibir justicia. Por eso pensemos un momento en el caso de Florence Cassez. ¿Tenemos la certeza absoluta de que tuvo un juicio justo en el que no hubo corrupción, montaje, testigos falsos, etc.? ¿Podríamos meter la mano al fuego y decir que esa mujer recibirá un trato humanamente digno en el reclusorio femenil en el que está en este país durante los 60 años que marca su condena? ¿Podemos decir honestamente a los franceses que nuestro sistema judicial sí castiga a los culpables como se merecen y que es a prueba de corrupción, de clientelismos y de la búsqueda de botines políticos, en la figura de García Luna Productions? Yo diría que no, pero que conste que lo digo nada más como una ciudadana que, en alguna vida pasada, conoció la punta del iceberg del sistema judicial de este país y desde entonces quedó en shock profundo.

Pero volvamos a la crisis diplomática. El “diferendo” por el caso de Florence Cassez dio al traste con “el año de México en Francia”, cuando el gobierno mexicano decidió, trepado en una cosa que llamaron “dignidad” y que no es más que un berrinche emanado de la más profunda debilidad, que no estaban dadas las condiciones para llevarlo a cabo. A ver, señores: ¿cuál dignidad? Para hablar de respeto y de dignidad tendríamos que empezar por respetarnos nosotros mismos, algo que, a juzgar por las hazañas del sexenio, más allá de las mantas, no se sostiene ni con chochos.

¿Qué se buscaba? ¿Amenazar a los franceses con que se quedarían sin nuestro arte para ver si Sarkozy recapacitaba y dejaba de dar la lata con Cassez y su cuestionamiento al sistema de justicia nacional? ¡Qué ganas de ponerse con Sansón a las patadas! ¿Por qué no entendieron que quien perdía más en este juego de vencidas era Mexicalpán de las tunas moradas?

Hay que recordar que el dichoso año de México en Francia tenía por objeto mostrar a ese país y a los millones de turistas que seguramente sí visitarían Francia, pero no México, que somos algo más que narcotráfico, secuestros, asesinatos, pobreza y otras lindezas semejantes. Era, una vez más, echar mano a nuestra cobijita de la seguridad –como la de Linus, el de Charlie Brown– y tratar de hacerle un extreme makeover a nuestra maltrecha imagen de país a punta de arte, gastronomía, pirámides, música… lo de siempre, pa’acabar pronto. Parecería que eso es lo único que nos queda… Cuando sentimos que la lumbre llegó a los aparejos, echamos mano de Tamayo y de Kahlo, de un buen mole y unos chiles en nogada, y sacamos al mariachi.

Pues ahora ya ni eso. Nos hemos quedado sin la oportunidad de que, durante 365 días, aquellos que en su sano juicio no vendrán a este país si se chutaron cualquier noticiero en el que se hablara de nuestra situación actual, conocieran algo más de México y, quizá, sólo quizá, cambiaran de opinión. ¡Qué dignos somos!

De aquí salen preocupaciones varias. La primera tiene que ver con que rara vez una nota internacional ocupa las 8 columnas de los diarios. El affaire Cassez lo logró, pero sólo para verlo interpretado como un “México le plantó cara a Francia” y bravuconadas semejantes. ¡Qué ganas de andar buscándole 5 pies al gato! Ni le plantamos cara ni defendimos la soberanía que, no por intrigar, está más devaluada y como concepto que la mismísima virginidad. Simplemente, nos disparamos en el pie y creo que ni cuenta nos hemos dado. Si alguien en este país puede sentirse orgulloso de este desplante y esta sinrazón, que vaya de inmediato al diván y trate de averiguar qué tipo de trauma está tratando de exorcizar. Nuestra opinión pública en general sigue sin entender cómo le afecta lo internacional a este país.

En este caso, querido lector, el caso Cassez será lo de menos. La suspensión del año de México en Francia será lo de menos también. Lo importante es que este episodio ha conseguido que nos pongan una tremenda lupa encima y ahora sí no habrá poder panista (no diré humano) que consiga esconder nuestras miserias. Basta mirar que Le Monde sacará este fin de semana la historia completa de Cassez y la justicia mexicana. Es suficiente saber que Sarkozy plantea llevar este tema al G20. Y no nos olvidemos, por favor, que la relación bilateral con Francia no está aislada de la que sostenemos con la Unión Europea en general, con la que tenemos un Acuerdo Global y de la que somos socios estratégicos. Ya quiero ver al Parlamento Europeo, siempre tan celoso de su deber, sacando el microscopio para mirar nuestras condiciones en materia de derechos humanos, justicia, seguridad, democracia y un larguísimo etcétera… Creo que nos va a salir carito.

Ahora bien, éste es el tercer episodio de esta naturaleza en apenas lo que va del año. Top Gear, las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses y ahora lo dicho por Sarkozy y su Ministra de Exteriores han llevado a muchos mexicanos a sentirse como Mandibulín, el tiburón de caricatura que repetía aquello de “nadie me respeta”… Insisto: no es una casualidad, no nos ha mirado un tuerto ni nos hicieron un amarre. Si nadie nos respeta es porque nosotros mismos seguimos aguantando vara en un país donde cada vez nos respetamos menos. ¡Qué necesidad tengo yo!

EsotÉrika

1. Esta semana Kinshasa fue más cruel que nunca. Que porque hay una peregrinación o se vuelca un camión de naranjas el trayecto promedio termina siendo de 2 horas y media para una distancia de 15 km. Y luego quieren que uno sonría.

2. Los jóvenes que tienen menos de 20 años están acostumbrados a vivir con el lema infame aquel de “el que no transa no avanza”. ¿Qué hacer para cambiarlo? ¿Cómo no nos damos cuenta de que ahí está el origen de buena parte de lo que nos pasa? ¿Por qué no dejamos de lado el afán por la información y volvemos a la formación que tanta falta nos hace? Claro… luego uno ve las imágenes de Oaxaca y cómo se comportan los “maestros” de la Sección 22 y vuelve a la horrenda realidad de lo que somos ahora.

3. En un programa de radio preguntaron esta semana que si, de tener los recursos, uno se largaría del país. Me temo que cada vez somos menos los que contestamos que no… Pero eso es tema de otra discusión. ¿Usted qué haría, querido lector?

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