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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
Desde Kinshasa
Por Erika Ruiz Sandoval
21 de enero, 2011
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Escribo por primera vez una entrada de blog y lo hago desde “Kinshasa”, es decir, desde este Distrito Federal cada vez más caótico, a caballo entre la “ciudad de vanguardia” -con playas y pistas de hielo, según la época-, como la promueve el “mejor alcalde del mundo”, y algo que se parece mucho a Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, donde falta el agua, falta la energía eléctrica, hay baches a cada paso, hay violencia, hay hambre y se dice que hay un promedio de 150 ratas por habitante. Esto ya permitiría suponer que quien escribe lo hace en una situación tendiente a la esquizofrenia.

Quien escribe es internacionalista de formación y de deformación, por lo que tiene un ojo en este México lindo y querido (y a veces horrible y odiado) y otro en el llamado “mundo mundial” (conste que va entre comillas para evitar que se piense que soy analfabeta funcional). Así las cosas, no creo que la política exterior sea un aderezo o un adorno, sino que es una política pública más que debería servir para mejorar la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos. El exterior no debe verse necesariamente con sospecha, pero sí con atención y eso, en este país, es algo poco común. Cuesta trabajo vincular la cotidianeidad nacional con lo que pasa en el resto del mundo, pero, créanme, son inseparables.

Si hay algo a lo que no se le presta atención, a pesar de que México se describe a sí mismo como “el país en desarrollo más globalizado del mundo”, es a la política exterior y a lo internacional en general. Cualquiera que abra un periódico nacional se dará cuenta de que la sección internacional es pequeña, que las notas vienen de otros medios más potentes o de agencias, y no falta el editor ocurrente que considera que el nacimiento de un oso polar en el zoo de Berlín debe ser una nota de “Internacional”. Pero, querido lector, no sufra: aquí se hablará poco de osos polares nacidos en Alemania.

El blog se llama “Qué necesidad tengo yo” (frase original de mi amiga Monique J., a quien se la he pedido prestada), pero podría llamarse también “Qué necesidad tenemos todos”, porque, aunque mucha gente no lo crea, lo que me pasa a mí le pasa también a muchos otros. Quizá la diferencia está en el cristal con el que miro yo mi entorno y lo que me pasa, y también lo que le pasa a México y al resto del mundo. Quienes han sido mis estudiantes sabrán que ese cristal es crítico, irónico, mordaz y creo que, cuando ven en retrospectiva los análisis que hicimos mientras fueron mis alumnos, se dan cuenta que, en el fondo, no les mentí. Ok, ok… Admito que pude haber exagerado, pero era todo con propósitos didácticos… Y, sí, seguiré sosteniendo que Francia lloraba, postrada en el diván, al término de la Primera Guerra Mundial.

Lo de “Qué necesidad tengo yo” no debe interpretarse como un lamento o como una claudicación ante la fatalidad. Por el contrario, tendría que verse como el grito de batalla de quien no cree que se merezca (nos merezcamos) un gobierno como el que tenemos (en todos los niveles y de todos los colores), unas cifras macro que no se traducen en beneficios micro o una clase política, empresarial y media que no pueden describirse más que como frívolas, volubles e irresponsables. A México no lo ha mirado un tuerto, como diría la tradición popular; lo que nos pasa tiene que ver con nosotros mismos y no con la mala fortuna. En ese sentido, el “qué necesidad” sirve para señalar que no TENEMOS por qué vivir así y que otro presente, y desde luego otro futuro, son posibles.

Inicio este blog también en momentos, dirían los chinos, “interesantes” para la política internacional y, desde luego, también para el circo diario de la política nacional. 2011 estará marcado por más cambios en el sistema internacional, por el surgimiento y hundimiento de potencias y por escenarios cada vez más difíciles de predecir. En lo nacional, estamos ya en la recta final del sexenio de Felipe Calderón, pero aún quedan dos años casi completos, llenos, además, de procesos electorales estatales y nacionales. Así las cosas, querido lector, no nos faltará material para el comentario.

Por hoy, termino esta entrada con una reflexión sobre México y su imagen internacional, quizá una de las preocupaciones más acuciantes de quienes miramos al país en clave mundial. En política internacional, como en la vida en general, no sólo importan las realidades, sino también las percepciones. En consecuencia, por mucho empeño que se ponga en un discurso o por más datos “duros” que se usen, la “realidad” no será exactamente eso, sino lo que las percepciones permitan construir. México está en un momento complejo en el que su imagen internacional es la de un país caótico, violento, sangriento y dominado por la corrupción y el narcotráfico, si se mira la prensa internacional y lo que perciben los corresponsales extranjeros, por ejemplo, o la de un país “suspirante” a ser parte de los BRIC (mercados emergentes que representan gran promesa de futuro), miembro del G-20 y uno de los más importantes en América Latina a juzgar por sus dimensiones físicas, de población y económicas, si se miran los discursos más oficialistas. ¿Cuál es la realidad? La realidad, compleja como es, abarca ambas imágenes y de ahí que sea difícil explicar, tanto hacia adentro como hacia fuera, el momento por el que pasa México. No obstante, ya nos daremos a la tarea de ir desmenuzando poco a poco esa imagen en este espacio, a partir de ejemplos concretos, para llegar a nuestras propias conclusiones de quiénes somos, a dónde vamos y qué necesidad tenemos de seguir aquí.

Por cierto, la respuesta a estas preguntas no creo que esté en averiguar si Kalimba violó o no a Daiana o si el “JJ” disparó o no a Cabañas en el Bar Bar (este episodio parece un chiste contado por un tartamudo). ¡Qué necesidad tengo yo de que esto domine las discusiones públicas y privadas de esta semana!

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