El peligro de una única historia - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
El peligro de una única historia
Por Erika Ruiz Sandoval
4 de febrero, 2011
Comparte

Kinshasa, 4 de febrero de 2011.

Mi primera entrada hacía referencia a la imagen de México en el exterior. En definitiva, tengo poderes de pitonisa, porque ése ha sido el tema que ha dominado discusiones públicas, mediáticas y privadas esta semana, a partir de los pedestres comentarios sobre México y los mexicanos de los conductores de “Top Gear”, un programa sobre autos que transmite la BBC.

Como si de un vómito incontrolable se tratara, escupieron cuanto estereotipo existe sobre este país y sus habitantes: que son flojos, que son flatulentos, que comen pura porquería… Y todo porque les parecía imposible creer que se hubiera diseñado un automóvil deportivo en México.

A ver: si me preguntan a mí, jamás consideraría como “autoridad moral” para emitir juicio alguno sobre cualquier tema a alguien que conduce un programa sobre autos (que me disculpen los fanáticos) y que en más de un episodio se golpea la cabeza o se deja la piel en cualquier camino, mientras usa como casco una bacinica. Por otra parte, a mí también me hubiera costado trabajo creer que se podía diseñar un auto deportivo en México que pudiera competir en el mercado internacional y que mereciera un comentario en un programa de la BBC.

Pero ése no es el tema; el tema es la reacción que provocaron estos comentarios y lo que eso significa. Si se miraba la “opinión pública” como se puede mirar ahora, es decir, en Twitter o en Facebook, había cientos de comentarios que podrían agruparse, a grandes rasgos, en dos: por un lado, comentarios de gran indignación, de rasgadura de vestiduras, de recordatorios rayanos en el cliché sobre las virtudes de este país (sol, arena, mar –Luis Miguel dixit— pirámides, historia, cultura y comida considerada patrimonio cultural de la humanidad) y de envalentonamiento infantil del tipo “soy espejo y me reflejo”, “come torta con tu hermana la gordota” o “mi papá es bombero”.

Por el otro, había comentarios, entre jocosos y al borde de la desesperación, que hacían un llamado para bajarle dos rayitas al estrés y ya no sólo ver la paja en el ojo ajeno, sino también la viga en el propio. Estas voces pedían moderación, que no se usarla la ley del talión y que se dejaran de hacer comentarios ofensivos sobre los ingleses. No hay que olvidar que en este país son comunes los epítetos raciales y los chistes por nacionalidad, entre otras lindezas. Otros, con infinita ironía decían que cambiarían el idioma de todos sus dispositivos a español y dejarían de escuchar canciones en inglés. Y, finalmente, otro grupo de comentarios hacía referencia a lo mucho que nos falta en México en materia de no discriminación, de aceptación de las diferencias y de sensibilidad en general, así como de criterio para priorizar temas y fenómenos: ¿era más grave lo de “Top Gear” que lo que nos pasa cotidianamente? ¿Es más grave el “insulto” proferido en inglés que la humillación constante que se vive en el país ante la falta de justicia o de reacción de la autoridad frente a verdaderas atrocidades como las muertes de mujeres y niños? ¿Importaba más este comentario “discriminatorio y racista” que la discriminación y racismo que viven cotidianamente algunos mexicanos en su propio país?

Quizá hasta ahí la cosa no hubiera pasado a mayores y nos hubiéramos quedado sólo con el mal sabor de boca de los dichosos comentarios y la discusión subsecuente. Hay que aclarar, eso sí, que esa imagen de flojos, flatulentos y “fritangueros” no nos viene de a gratis. Basta con recorrer cualquier mercado de artesanías del país para encontrar la camiseta, el cenicero o el posavasos que incluya al estereotipo del mexicano dormido, con sarape, recargado en un nopal, con el pantalón caído, la panza salida y la borrachera a cuestas… Y que conste que esas cosas las venden los propios mexicanos, ahora seguramente hechas en China, pero nadie los obliga, digo yo.

Infelizmente, la cosa no quedó ahí: los comentarios vertidos en “Top Gear” llevaron a que el Embajador de México en Reino Unido dirigiera a la BBC una carta en la que exigía una disculpa pública. Digo yo que si el embajador Medina Mora tiene tiempo de enviar semejante carta es que la relación bilateral tiene poca acción o de plano él mismo tiene la piel muy fina. También podría ser una señal de la poca habilidad que tienen algunos diplomáticos a las órdenes del presidente Calderón para reaccionar ante cosas como ésta y en materia de política exterior en general. Peor aún, durante unas horas el Instituto Mexicano de la Radio hizo amago de que suspendería la programación que provenía de la BBC… ¡Vaya tormenta en un vaso de agua!

Sin embargo, al final nos debe quedar algo de todo esto (más allá de la vergüenza ajena y del tradicional grito de ¡qué necesidad tengo yo!): hay una preocupación por la imagen de México en el mundo y a mí me preocupa también que tengamos como país tan poco conocimiento del exterior como para tomarnos todo a la tremenda. Desafortunadamente, esta vez la preocupación terminó siendo con respecto a comentarios relativamente banales. Sin embargo, deberíamos tomarnos el tema en serio. Con lo que nos pasa, cada vez más saldrán notas e imágenes que empezarán a estereotiparnos ya no como flojos y flatulentos, sino como criminales y narcos. Y si algo podemos no envidiarle a los amigos colombianos es este estereotipo brutal que, durante décadas, ha convertido en verdaderos parias de aeropuerto a quienes portan pasaporte de ese país.

En medio de la discusión, agradecí profundamente a Pablo Collada que haya tuiteado este vínculo.

En este video, la novelista nigeriana Chimamanda Adichie pone el dedo en la llaga del peligro que representa basar un juicio en una única historia sobre una persona o sobre un país. En su charla, Adichie se refiere a los estereotipos que el mundo tiene sobre África en general –desde considerarla un país hasta suponer que sólo hay tribus con taparrabos–, pero también hace referencia a México, al decir que su percepción sobre este país hubiera sido muy distinta si, antes de formarse una opinión, lo hubiera conocido, o si simplemente hubiese leído notas con argumentos de los dos lados del debate sobre la migración en vez de uno solo.

Lo que dice Adichie es muy cierto: nada peor que un estereotipo y nada peor que un juicio basado en una sola historia. Sin embargo, tendríamos que empezar a acostumbrarnos a pensar que eso es la norma. ¿Qué historia sobre México queremos que conozca el mundo? ¿Sobre qué narrativa basarán sus estereotipos? ¿Seguiremos siendo el país flojo y flatulento del que hablan los de “Top Gear” o, peor aún, pasaremos a ser el país de los mafiosos, la injusticia y el narco?
Creo que nuestros días como “país Chabelo”, es decir, el amigo de todos los países del mundo, han terminado, a pesar de que nuestro gobierno haya decretado 2011 como “el año del turismo”. Muero por ver los eslóganes de esa campaña: “¡Ven a México y vive el subidón de adrenalina de un narcobloqueo!”, “Arriésgate a toparte con un retén falso en carretera” e, incluso, “Conoce Reforma de la mano de Antorcha Campesina: 6 horas de marcha y jelengue sin límites”… ¡Qué necesidad tengo yo!

EsotÉrika

1. Inició el semestre de clases y fue duro toparse con algunas realidades de este país y de su academia, sobre todo cuando, durante tanto tiempo, se ha buscado presentar una imagen distinta de ambos, mucho más tendiente al primer mundo y al cosmopolitismo (el síndrome de “Harvard en el exilio”) que a esta región 4 real y virtual. La realidad es que la mayoría de nuestros jóvenes universitarios no son capaces de leer en inglés… ¿Ésos son nuestros ciudadanos globales y del futuro? ¿Así los prepara el sistema educativo nacional? ¿Con esas habilidades podemos seguir parándonos el cuello para decir que competimos en el mercado internacional? China e India deben estar riendo a carcajadas.

2. El 2 de febrero me quedó claro que en este país no se organiza ni la entrega de tamales pa’la Candelaria. Pasé más de una hora al rayo del sol en espera de un pedido de 44 tamales que se había hecho una semana antes y se había pagado completo y en efectivo. Ni modo: no se nos da la organización, no se nos da la planeación y también me quedó clarísimo que tenemos severos problemas de acción colectiva. Ninguno de los que, indignados como yo, esperaban pedidos con más de una hora de retraso en su entrega quisieron sumarse a mi llamado de tomar la tamalería… Eso me pasa por no hacer caso a lo que dice mi tío Nelson: “toda buena acción tiene su castigo”. Quién me mandó a ofrecerme voluntaria para traer los tamales de todos… Piénsenlo.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.

close
Información verificada del COVID-19 #CoronavirusFacts