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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
¡Es la política, estúpido!
Por Erika Ruiz Sandoval
19 de agosto, 2011
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Kinshasa, 19 de agosto de 2011.

 

No sé si usted, querido lector, se acuerda de cuando Bill Clinton basó su campaña política de 1992 en aquello de “It’s the economy, stupid!”. Puede ser que no, porque lo que recuerda del santo varón es el tema de la Lewinsky o porque cuando lo dijo usted todavía estaba en el arenero. No importa. El tema aquí es que, allá en los ya lejanos años noventa, el diagnóstico que se hizo sobre la situación en Estados Unidos era que había que prestarle atención a la economía, porque George Bush, padre, no había conseguido manejar adecuadamente las finanzas nacionales. Al final, a Clinton le salió bien la maniobra y ganó la Presidencia.

 

Si uno se pone a leer los periódicos y a ver los noticieros (aléjese, desde luego, de cualquier objeto punzocortante, pues puede tener el impulso de cometer una locura), es inevitable llegar a la siguiente conclusión: ¡es la política, estúpido! Sí, se trate de los indignados de España o de los ardidos (¿?) de Inglaterra, se aplica esto de ¡es la política, estúpido! Si a usted lo que lo inquieta es la crisis en Europa o que JP Morgan y otras de su calaña le siguen bajando a los índices previstos de crecimiento en Estados Unidos y en el resto del mundo, el punto nodal está en esto de ¡es la política, estúpido! Si es usted más localista, y está agobiado por la Estela de Luz del Bicentenario, el aumento de gasto en imagen de Cordero, la falta de acuerdos en el Congreso, el IFE que no termina de cuajar, las deudas de los estados o cualquier otra cosa, yo le diría que hay que aplicar lo de ¡es la política, estúpido!

 

Me explico: el mundo pasa por una etapa particularmente negativa, caracterizada por la falta de liderazgo, particularmente en Occidente. Ni los europeos ni los estadounidenses han sabido maniobrar y por eso están como están (y estamos como estamos). Las bolsas están permanentemente apanicadas; en cuanto parece que lo peor ya pasó, vuelve la burra al trigo y se vuelve a los números rojos. ¿Por qué? ¿Qué no hay nadie que ponga orden? La respuesta es simple: no. Ninguno de los líderes en el poder tienen en este momento credibilidad suficiente para meter en cintura a sus colegas políticos y también a los mercados. ¿Por qué todo mundo corre como pollo sin cabeza? Porque nadie ha prestado atención a la política.

 

Se concentraron tanto en la economía, en la eficiencia natural del mercado, en la mano invisible y en la ley del punto gordo que se olvidaron de la necesidad de pactar, de negociar, de consensuar, de llegar a acuerdos, de jugar al quid pro quo, etc. Sé que usted, querido lector, me dirá que a veces eso tiene que ver sólo con la mezquindad de los políticos de todos los colores y de todos los países, pero yo le diría que si ésos son los que están en el puesto es porque también los ciudadanos nos hemos olvidado de la política.

 

Y ahora sí que no se ve solución en el horizonte. Obama no tiene credibilidad ni capacidad negociadora suficiente para llegar a acuerdos con unos republicanos que están, más que nunca, montados en su macho (sin albur) y atolondrados por esta cosa del Tea Party que no puede ser más que una señal de la apocalipsis, similar a la interrupción de la producción de los Burbusoda en este país (¿se acuerda usted de esa golosina? Era, prácticamente, bicarbonato con chile).

 

Credibilidad tampoco tenían ya Zapatero & Co. (es decir, los infames PIGS), pero, horror de horrores, no la tienen Sarkozy o Merkel, ni siquiera porque, contrario a una tradición de décadas, interrumpieron sus vacaciones estivales para plantarse en las capitales europeas a tratar de sacar el agua que se les había metido ya por todos los rincones y amenazaba con hacer naufragar la nave. Y el problema es que, ante la falta de liderazgo y de credibilidad, todo mundo entra en pánico y las cosas se complican aún más.

 

Ante el miedo, no hay margen de maniobra. Ante la espantada generalizada, no hay mucho que se pueda hacer (y si no pregúntenle a Mufasa, ahora que vuelve a estar de moda). Curiosa la economía, ¿no? Si usted tiene miedo de que vuelva el estancamiento o, peor aún, la recesión, inevitablemente volverá. Profecías que se cumplen solas, se llaman. Increíble que hayamos vuelto, en la era de mayor tecnología y supuesta sofisticación, a confiar en el oro y en otros elementos semejantes como única fuente confiable de riqueza.

 

En medio de este tragedión loco, desde México la discusión es otra. Las notas que hablan de un posible parón económico no nos hacen mella. Es cosa de tener callo, tras tantos años de oír y leer que venía “la madre de todas las crisis”. A nosotros esto de los anuncios de recesión y demás nos hacen lo que el viento al güiro. Y eso es triste, si me pregunta a mí, querido lector. Nos vamos volviendo resistentes al desastre, tolerantes ante la ineptitud y, peor todavía, ante la violencia y el horror.

 

En medio de este panorama desolador y quizá más escandaloso por lo impredecible que es, sale una nota relativamente positiva de Andrés Oppenheimer. Ante la desaceleración económica de Estados Unidos, la moneda china se aprecia y, si se aprecia, sube el costo de la mano de obra de ese país. En consecuencia, en vez de adoptar la posición de aterrizaje de emergencia que le enseñan a uno en la tarjetita aquella del avión porque a Estados Unidos le está yendo mal y le puede ir peor y podría pensarse que entonces a nosotros nos va a llevar Chachachupa, dice Oppenheimer que por fin podría hacernos justicia la revolución y volver a atraer capitales que dejarán China y vendrían a México.

 

¿Le suena demasiado bueno para ser verdad? A mí también, querido lector, porque, aunque el precio de la mano de obra mexicana termine siendo igual de competitivo que el de la china, con la salvedad de que nosotros sí tenemos frontera con Estados Unidos y obviamente estamos más cerca, hay otras cosas a considerar. Entre otras, el tema de la violencia en distintos estados del país y las sempiternas reformas que no pasan.

 

¿Será que alguien en este país se pondrá las pilas y será el pescador que saque ganancia de este río revuelto? No lo sé. Lo único que le puedo decir es que ¡es la política, estúpido!

EsotÉrika

1. Creo que los mexicanos no le damos suficiente peso a la cultura organizacional. De verdad que esto del ambiente de una institución es crucial para el desarrollo profesional de la gente. Eso sí, también debo decir que, después de haber andado en distintos ambientes, no me queda más que concluir que todo tiene un “tufo país” que es imposible de quitar. No se trata de si la organización es grande o pequeña, pública o privada, poderosa o no; al final, hay un elemento común que tiene que ver con el exotismo autóctono que es prácticamente imposible de comprender si uno no ha pasado años enteros en este país y se ha topado con su “lógica”, única en su tipo y, por ende, totalmente alejada del concepto universal de lógica. Somos un pueblo very exotic, very strange. Ni modo. Apechugation, dice el gringo.

 

2. No pienso quemar el sostén, porque están carísimos, pero permítame usted, querido lector, que le diga que nos faltan años luz en el recorrido hacia la igualdad de género. Una vez más, me topo con la incapacidad de los hombres (y de las mujeres) de cierta generación para lidiar con ese tema. Supongo que todo en la vida termina siendo pendular. Sin embargo, esta oscilación entre el “no sirven más que para casarse, claro, si son bonitas” y el “son frágiles criaturas que hay que poner bajo un capelo” me tiene malita de los nervios. Yo sólo espero que, sea usted hombre o mujer, si tiene hijos a su cargo, los esté educando en la igualdad, porque sería el colmo que los niños del siglo XXI derivaran en humanoides capaces de soltar un “damita” a la menor provocación.

 

3. La próxima semana voy a un aquelarre de primer nivel. Ya le estaré contando, pero me temo que, otra vez, no pisaré la playa.

 

Palabrotas

exótico, ca.

(Del lat. exotĭcus, y este del gr. ἐξωτικός).

1. adj. Extranjero, peregrino, especialmente si procede de país lejano.

2. adj. Extraño, chocante, extravagante.

3. f. Méx. Bailarina de cabaré.

 

 

Ejemplo: Es habitual que los extranjeros piensen que los mexicanos somos exóticos; ¿les faltará razón?

 

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed., (DE, 19 de agosto, 2011).

 

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