La "presunta soberanía" y el día después de mañana - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
La "presunta soberanía" y el día después de mañana
Por Erika Ruiz Sandoval
18 de marzo, 2011
Comparte

Kinshasa, 18 de marzo de 2011.

 

Esta vez he decidido hacer algo que se ve frecuentemente en los restaurantes de cocina fusión: mezclar dos temas o, si lo prefiere, querido lector, mandarle una entrada bisabor, bicolor, bicéfala, bípeda y doble, pa’que nos entendamos. Esto es resultado de pensar un tema durante toda la semana para que, después, ocurra una coincidencia en el tiempo que no puedo dejar pasar. Empiezo por la segunda.

 

La “presunta soberanía”

La coincidencia radica en que toco el tema de la soberanía un 18 de marzo, aniversario de la expropiación petrolera, quizá, uno de los momentos más álgidos de defensa de la soberanía nacional en la historia del h. país. Y resulta que el aniversario coincide con una semana en la que la palabra soberanía ha estado en boca de todos, omnipresente en el debate nacional, por temas que tienen que ver con la relación bilateral con Estados Unidos: el operativo “Rápido y furioso”, los Wikileaks y el embajador Pascual y los sobrevuelos en aeronaves no tripuladas. Si a esto le suma usted, querido lector, la comparecencia de la Secretaria de Relaciones Exteriores ayer, en la que se defendió como tortuga boca arriba con un mantra sobre la no violación de la soberanía nacional, tengo elementos suficientes para entrarle a este tema, tan cercano al corazoncito del Estado y cuya defensa ha sido, históricamente, base indiscutible de la política exterior.

México es el país en desarrollo más globalizado del mundo, el más abierto, el que tiene más tratados comerciales internacionales y, sin embargo, su opinión pública tiene metido entre ceja y ceja el concepto de la soberanía como algo intocable, puro, casi divino. La actitud de los mexicanos hacia la soberanía es casi reverencial. Es, de verdad, algo que cae en niveles parecidos a los de las discusiones religiosas o de moral, cuando no es más que la autoridad para gobernarse a sí mismo. Cualquier comentario, gesto o acción del exterior con respecto a México se tiende a ver como una violación a la soberanía nacional y se rasgan las vestiduras de todo el espectro político aunque, en el caso mexicano, éste mida exactamente una pulgada.

Con esto no quiero decir que el gobierno de Felipe Calderón esté haciendo un gran trabajo en política exterior o en la defensa de la soberanía. Quienes me conocen, me han escuchado o me han leído en este espacio saben que soy bastante crítica con respecto al desempeño que ha tenido este gobierno en este rubro. Simplemente hago un llamado para que superemos el enfoque tradicional de la soberanía nacional, pues, como todo concepto, éste también evoluciona, y dejemos de tomarla como algo sacrosanto.

Si entramos en el tema particular de la operación “Rápido y furioso”, me parece que hay mucho desconocimiento de cómo opera el gobierno estadounidense en todos sus niveles y en todas sus instancias, y que los juicios se emiten teniendo en mente un patrón que corresponde a nuestro propio gobierno pero no al de ellos. Como mínimo, diría que falta información completa para saber si pedimos lapidación en plaza pública para el funcionario que haya autorizado la operación o si la cosa es más complicada que eso.

Si miramos lo relativo a Wikileaks y al embajador Pascual, no es la primera vez que hay una mala relación entre un embajador estadounidense y el gobierno federal, pero cabe la pregunta de si la tirria la producen los comentarios sobre México en general o los que se refieren al panismo en particular, y creo que la distinción es pertinente. Eso sí: tener una mala relación con el embajador del país vecino es, cuando menos, una piedra en el zapato.

Si miramos los sobrevuelos, qué caray… Si yo fuera Estados Unidos estaría preocupadísima por la situación del vecino del sur y por supuesto que querría saber qué pasa. Si tomamos como cierta la versión dada ayer por la Canciller, los sobrevuelos se están llevando a cabo con autorización del gobierno mexicano. En consecuencia, dejemos de destilar comentarios venenosos sobre el “imperialismo yanqui”, exorcicemos nuestra paranoia de que lo único que busca Estados Unidos es invadir a México y pensemos mejor que, para variar, estamos frente a un nuevo error de comunicación del gobierno federal. Otra cosa no, pero los gobiernos panistas tienen una particular incapacidad para comunicar sus decisiones a la opinión pública y, cuando lo hacen, se desata el escándalo.

Si no nos parece pertinente que Estados Unidos coopere de esta forma con México, habrá que reclamárselo al gobierno mexicano y no a Estados Unidos, sobre todo si fue México el que pidió ayuda en este particular. Y, por favor, dejemos de maldecir a la santa madre de Don Robert Mueller, director del FBI, quien se atrevió a cuestionar el éxito de la lucha contra el narco. ¿No lo cuestionamos también nosotros? Si acaso, habrá que acusar al señor Mueller de decir una obviedad.

Pero volviendo al tema de la soberanía, estando las cosas como están, ¿de veras creemos que ése es nuestro máximo valor y que hay que defenderlo a capa y espada? Muchas veces he pensado que el mejor símil para describir la relación de los mexicanos con la soberanía es equipararla con la virginidad. Ante la galería, ambas hay que preservarlas a toda costa por el “qué dirán”, porque son el máximo valor de un país o de una mujer (horror al crimen), aunque lo que ocurra en privado –en “lo oscurito” pues– sea totalmente distinto.

¿En serio nos creemos que somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos, como dice la definición básica de soberanía, y, más aún, de resolver solos nuestros problemas, particularmente en lo que tiene que ver con la violencia y el crimen organizado? Creo que los cuatro años de lucha contra el narco ya nos tendrían que haber abierto los ojos para saber que lo que nos pasa es muy grave y que solos está difícil que podamos remediarlo, particularmente cuando uno mira a la clase política y, sin importar de qué color sea, pierde toda esperanza. Si nos vamos a meter con el tema de la soberanía, empecemos con la soberanía alimentaria, algo que, no existe ni de chiste en este país.

 

El día después de mañana

Ya sé que el subtítulo es apocalíptico, pero no es para menos. Lo ocurrido en Japón a partir del sismo de la semana pasada es eso mismo: una suerte de apocalipsis, aunque en ningún sentido quiero sumarme a las voces alarmistas e ignorantes que se empeñan en señalar la práctica “desaparición” de Japón cuando quienes viven ahí relatan una progresiva vuelta a la normalidad tras el sismo, el tsunami y, quizá con más dificultades porque aún no termina, la crisis nuclear.

En este caso la apocalipsis hace referencia al orden internacional de la segunda posguerra que, aunque con sus modificaciones, particularmente tras el fin de la Guerra Fría, se ha mantenido hasta ahora. En mi opinión, lo ocurrido en Japón es un clavo más en el ataúd de dicho orden internacional, si no es que es ya el clavo definitivo. Me explico:

Tras el fin de la Guerra Fría, quedó un bando “vencedor”, el encabezado por Estados Unidos, al que se sumó la posterior Unión Europea, Canadá y, desde luego Japón, entre otros. Hasta la crisis iniciada en 2008, este grupo de países había dominado el panorama mundial y había encabezado todo lo relativo al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Sus modelos políticos y económicos quedaron como el ejemplo a seguir por los países emergentes, pero su liderazgo era incuestionable.

No fue sino hasta la crisis de 2008 que empezó a cuestionarse de verdad la capacidad de Estados Unidos y luego de la Unión Europea para seguir desempeñando el papel que habían tenido hasta entonces. Aun así, con todo y que la crisis no habían terminado y que sus efectos no habían dejado en paz a estas economías, parecía no haber sustituto de su liderazgo.

Con la tragedia de Japón me parece que damos un paso más en el desmoronamiento de este orden internacional y se vuelve un tanto cuanto más urgente encontrarle sustituto. Lo ocurrido en Japón tiene consecuencias que afectarán a muchos y de muy distintas formas. Sin duda, recuerda lo poco preparados que están, incluso los más desarrollados, ante la furia de la naturaleza, por no hablar de aquellos países que, como México, no tienen plan B ni C.

Asimismo, se viene una crisis económica importante, toda vez que los recursos disponibles tendrán que inyectarse a la economía japonesa para la reconstrucción y para sacar al país adelante. El movimiento de fondos de otros países a Japón sin duda tendrá consecuencias y tener a una de las economías más poderosas del orbe en pleno proceso de reconstrucción nunca será una buena noticia para la economía global.

Y, finalmente, nos queda hablar de la crisis nuclear. Como se ha visto esta semana, ése es un peligro con el que es más que difícil lidiar y se ha producido ya un efecto espejo en el resto de los países que utilizan este tipo de energía para revisar sus instalaciones y prepararse en caso de desastre. Pero esto también llevará a un debate sobre la conveniencia de utilizar o no este tipo de energía y, aunque ya son muchas las voces que señalan que los accidentes como el ocurrido en Fukushima son la excepción y no la regla, será complicado borrar del inconsciente colectivo las imágenes como para que no se produzca esta discusión en los congresos.

La gran pregunta es, si lo ocurrido en Japón es un motivo más para hablar del derrumbe del orden internacional de la segunda posguerra + el fin de la Guerra Fría, qué tipo de orden puede ocupar su lugar. Y la pregunta es muy difícil de contestar. Durante los últimos dos años se ha hablado mucho de los países emergentes como China, Brasil, India, Rusia y otros, según el análisis que se mire, como posibles herederos del liderazgo internacional. Sin embargo, ¿están preparados estos países para asumir ese papel?

Si miramos la votación que se llevó a cabo ayer en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con respecto a Libia, creo que hay motivos para preocuparse. Votaron a favor de la resolución Estados Unidos, Francia y Reino Unido, como miembros permanentes, y Bosnia-Herzegovina, Colombia, Gabón, Líbano, Nigeria, Portugal y Sudáfrica, como miembros no permanentes. En cambio, se abstuvieron Rusia y China, como miembros permanentes, y Alemania, Brasil e India, como miembros no permanentes. Los que se abstuvieron serían, en principio, los posibles herederos del liderazgo internacional. Sin duda, son países que tienen en mente otros principios, valores e intereses, pero ¿qué pasará si quedan en sus manos la paz y la seguridad internacionales en el mediano plazo, en caso de que los “sospechosos habituales” sean incapaces de velar por ellas? El tema dará para mucho más en el futuro inmediato.

 

EsotÉrika

 

1.   Kinshasa está insoportable. Entre que parece que nos están pasteurizando (calor, frío, calor, frío) y la cantidad de obras que el h. h. h. mejoralcaldedelmundo ha decidido emprender de forma simultánea, esto es un sinvivir. En mi trayecto diario casa-trabajo-casa, paso por, al menos, tres obras monumentales, de ésas que incluyen cierre de carriles, policías fosforescentes, trabajadores con casquito, peatones empanizados con polvo y grava, y, obviamente, la presencia de vendedores ambulantes. Incluso he llegado a pensar que hay un contubernio entre Ebrard y los que venden las gorditas de nata a 10 pesos, pues vaya agosto que están haciendo en marzo.

2.   Alonso Lujambio es el funcionario del gobierno federal que esta semana decidió amenizar nuestras vidas con la sesuda declaración de que “las telenovelas son un instrumento poderoso para educar”. Yo no sé si al principio del año realizaron un sorteo para ver quién era el patiño de la semana y por eso se van turnando, pero, francamente, estando las cosas como están, qué necesidad tengo yo de que el Secretario de Educación Pública salga a decir algo semejante. Cualquiera que haya tenido que chutarse un capítulo de cualquier telenovela actual (sí, señores, yo también tengo tías abuelas) se dará cuenta de que lo único que puede aprender es que la pobre consigue al rico gracias a su pureza (aunque vista cada vez con menos ropa) y que es absolutamente normal mandar golpear y/o matar a, cuando menos, tres o cuatro personajes de la historia sin que haya consecuencias, salvo en el capítulo final, transmitido en horario estelar, en el que los villanos reciben castigos que parecerían más bien divinos y no de un país con un estado de derecho respetable. ¿Ésa es la educación que puede proveer la televisión a este país? Y que conste que me limito a las telenovelas y no agrego comentarios sobre los talk shows de Laura Bozzo y alienígenas semejantes o aquella institución, “lamentablemente” ya extinta, de “Móntate al macho”, en la que el juego de las sillas musicales se pervertía para que un grupo de amas de casa de clase baja danzaran al ritmo de la música y, al cesar ésta, tuvieran que treparse, cual koalas en celo, en un “macho”, es decir, un estríper región 4. Ésa debe ser educación para el tema de valores, supongo…

3.   Tras lo ocurrido en Japón, queda claro una vez más que no tenemos una buena comprensión de lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, y peor aún cuando se trata de culturas no occidentales. Pero lo que lamento aún más es la ignorancia, falta de oficio y nulo savoir faire de nuestros periodistas, algunos de ellos enviados como corresponsales a aquel país. Simplemente son de pena ajena. Dígame usted si es necesario mandarlos para que hagan comentarios como “ahorita está temblando y lo sé porque chocan las lámparas colgantes que tengo a mis espaldas”. Uf. Eso es dinero mal gastado. Si a eso añadimos el comentario azorado de que en Japón no se han presentado robos o saqueos y que la gente espera pacientemente en fila para obtener agua o alimentos, queda claro que no entienden ni la o por lo redondo. La falta de información internacional de categoría, bien tratada y bien analizada, es un talón de Aquiles para este país, tan abierto y tan parroquial a la vez.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.

close
Información verificada del COVID-19 #CoronavirusFacts