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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
La saga del IMSS (Capítulo 3)
Por Erika Ruiz Sandoval
27 de mayo, 2011
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Kinshasa, 27 de mayo de 2011.

 

En memoria de Don Arno Harald Burkholder Catzín.

 

Justo cuando pensé que me había desecho ya de la Saga IMSS, lamento informarle, querido lector, que ahora sí me tocó ver las entrañas del sistema y, si le digo la verdad, sigo todavía en shock. Por azares del destino, en la última semana he seguido muy de cerca el caso de un paciente que fue atendido en la clínica 72 del IMSS y que, lamentablemente, falleció esta madrugada. Mi pésame a toda su familia.

Y, aunque son momentos muy sensibles, creo que lo menos que puedo hacer es contarle a usted, querido lector, cómo se mueven o se dejan de mover las cosas en el IMSS, porque sin denuncia no sé cómo vamos a avanzar en este país. Vaya este texto, pues, como mi homenaje a quien hoy se marchó y por eso ya no puede contar esta historia en primera persona.

El paciente, un hombre que trabajó toda su vida y, en consecuencia, era más que merecedor del servicio que brinda el IMSS, llegó el jueves a Urgencias de la Clínica 72 en Tlalnepantla de Baz. Si recuerda la primera parte de la Saga IMSS, le conté que quien usurpó mi identidad movió mi expediente a una clínica en Tlalnepantla de Baz. No tengo manera de comprobarlo, pero me temo que, en una de esas casualidades que no es casualidad, se trata de esta misma clínica.

Ingresó por Urgencias porque tenía dolor abdominal. Lo tuvieron todo el día allí, sin dar informes suficientes a la familia, como suele ocurrir en el dichoso IMSS. La familia, angustiada sin saber qué le pasaba, tuvo que esperar al rayo del sol en un estacionamiento de ambulancias, porque el director de la clínica no tiene ni siquiera el mínimo criterio para pensar que la gente que, de por sí está angustiada por su familiar, merece un trato digno y un lugar para sentarse durante las horas muertas en que no tiene noticias de qué le está pasando o qué le están haciendo o dejando de hacer a su pariente.

Esa noche, hicieron algún comentario con respecto a que lo tenían que operar, que porque se le había “torcido” el intestino. Sin embargo, sorpresa de sorpresas, el viernes lo dieron de alta, porque ya se había “destorcido” el intestino. Como era de esperarse, el paciente volvió a ingresar por Urgencias el sábado.

Durante todo el sábado, cuando la familia ya había permanecido al pie del cañón en las miserables condiciones que ofrece la clínica para quien espera durante todo el día y toda la noche del jueves, y luego todo el sábado, no le hicieron nada. En la noche la familia supo que era porque los médicos no habían conseguido controlarle la presión. Discúlpeme, querido lector, pero ¿cómo que no pudieron controlarle la presión? A esa hora, porque en el IMSS todas las noticias se dan entre la media noche y las 5 de la mañana, como para que la familia viva con taquicardia, preguntaron si el paciente tomaba algún medicamento. Hágame usted el favor. Cuando dijeron que sí, la familia misma tuvo que poner el medicamento, porque el IMSS no cuenta con él.

Pasó toda la noche del sábado, con la familia en la porquería de sala de espera, sin un ventilador ni para remedio, con un suelo sucio, con baños putrefactos que no tienen ni papel sanitario ni cerrojo, y nada. Para el domingo, el paciente seguía sin comer, sólo con suero.

Y pasó el domingo y nada. La misma gente que espera ahí aconseja que a uno no le dé enfermedad alguna en fin de semana, porque no hay quien atienda. Y es cierto: todo está desierto. Las familias terminan sentadas en unas placas de concreto que hay afuera, a pleno rayo del sol, y si no fuera porque alguien se acomide y les trae algo para matar el hambre es que los familiares no tienen grandes opciones.

La noche del domingo le hicieron un ultrasonido. Para la madrugada del lunes (recuerde que hay que hacer los anuncios en la madrugada) dijeron que lo tenían que operar, porque tenía divertículos. ¿Verdad que eso es distinto a un “intestino hecho nudo”? Hasta yo que soy de Ciencias Sociales lo entiendo así. Y tras el anuncio pasaron como 10 horas, con la familia sentada al filo de la butaca y el alma en un hilo. ¿Por qué pasaron 10 horas? Porque no aparecía un cardiólogo que avalara que el paciente entrara a quirófano.

Finalmente, lo operaron. Salió de la operación muy grave, entubado. La explicación: se habían reventado las bolsas de pus dentro de su cavidad abdominal. O sea, querido lector, le dio peritonitis. Y hasta ese momento –ni hasta ahora—han dicho nada que tenga que ver con que eso pasó porque no lo operaron el mismo jueves.

Pasó el resto del lunes y luego todo el martes y todo el miércoles. La familia pudo verlo en terapia intensiva, en horarios de horror: 3 am, 12 pm, 6 pm. El paciente se pasó todos esos días cubierto de hielo. Diagnóstico: tiene fiebre porque su cuerpo está luchando para recuperarse.

En esas visitas, algún médico subnormal estructural, criado por hienas, tuvo a bien decir: “despídase, que seguro se va a morir”. ¿A usted le parece normal que ése sea el trato para quien, de nuevo, no está pidiendo caridad, sino haciendo uso de un derecho bien ganado? ¿Quién capacita a estos “médicos” que no tienen la menor idea de cómo hablar con los familiares?

El jueves por la mañana, gran alarma: ¿Dónde estaba la familia? ¿Cómo que no estaban en la sala de espera, a donde, según el IMSS, tendrían que haberse mudado definitivamente, aunque tuvieran que soportar las condiciones infames del cuartucho? Resulta que lo tenían que volver a operar. ¿Por qué? Que porque su cavidad abdominal seguía llena de pus que no quitaron la primera vez. ¿Y entonces cómo esperaban que se recuperara?

Obligaron a la esposa a permanecer en el área de quirófanos. ¿Se imagina lo que se ve y se escucha ahí? ¿Le parece la mejor idea para quien lleva una semana en vilo? Según me cuenta, los pasillos del área están llenos de basura, justo lo que uno quiere ver cuando tiene a su ser querido en la plancha. Lo operaron, lo “limpiaron” y de vuelta a terapia intensiva. Finalmente, llamaron esta madrugada para que la familia se presentara en la clínica. Al poco rato, falleció.

¿A usted le parece justa esta historia? ¿Le parece normal el trato que se brinda en nuestro servicio de seguridad social? Y eso que no le agrego el trato que se recibe de enfermeras, trabajadores sociales y, particularmente, de los guardias de la puerta. Yo me tuve que enfrentar a una cavernícola de metro y medio que no quería dejarme pasar por sus pistolas. Y si no era ella, era un sujeto que se refiere a todas las señoras como “reinita”.

¿De verdad tenemos que apechugar con esto? Yo creo que no. Me muero de vergüenza de saber que a alguien que trabajó toda su vida se le dio esta despedida. Y, sí, ya sé: nadie se hará responsable, “así es el IMSS”, “¿pues qué esperabas?”, etc. Pues no. Yo no me conformo y por eso se lo cuento, querido lector. Tenemos que dejar de pensar que lo que nos pasa en situaciones como ésta es normal y que nos lo merecemos porque la verdad es que no, simple y llanamente porque no hay dignidad en el trato recibido. Sirva la denuncia pública en este espacio como el primer paso para enmendar lo que nunca debió haber sucedido así.

 

EsotÉrika

 

1.   Seguimos convenciendo a nuestros propios estudiantes de que lo que “vale la pena” y lo que es verdaderamente difícil tiene que ver con la Economía, en perjuicio de todo lo demás. Mala idea.

 

2.   Amén del fallido lema de “hagámoslo amarillo” del PRD, ¿por qué los carteles de Encinas en el Edomex remiten a un Santa Claus muy correteado y al Vaticano, por el colorido?

 

Palabrotas

 

Hoy me permito poner dos palabrotas y sólo porque no puedo poner las que de verdad me salen del alma, tamizadas por el origen tabasqueño de la rama materna de mi familia y el origen andaluz de la rama paterna.

negligencia.

(Del lat. negligentĭa).

1. f. Descuido, falta de cuidado.

2. f. Falta de aplicación.

Ejemplo: Los niveles de negligencia con que se atiende a los pacientes en el IMSS son apabullantes.

 

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed.

 

congoja.

(Del cat. congoixa).

1.   f. Desmayo, fatiga, angustia y aflicción del ánimo.

Ejemplo: ¿Cómo me quito esta congoja?

 

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed.

 

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