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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
Mira...¡Cómo hemos cambiado!
Por Erika Ruiz Sandoval
7 de junio, 2011
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Kinshasa, 7 de junio de 2011.

 

 

Esta entrada le llega a usted, querido lector, cuatro días más tarde de lo habitual. No tengo más excusa que la de que es fin de semestre y empiezo a experimentar una cosa que no puede más que describirse como “resequedad de seso”. Las neuronas creo que ya encontraron unos camastros donde repanchingarse y se niegan a conectarse unas con otras. Simplemente, me hacen falta vacaciones. Eso no implica, obviamente, que este maravilloso país o el mundo mundial en general no den ideas múltiples para la reflexión, pero a veces son tantos los temas sobre los cuales uno podría escribir que termina uno más congelado que las estatuas de marfil.

Esta vez me meteré en honduras, y conste que lo hago por el puro afán. Tengo la impresión de que, cuando los mexicanos pensamos en nosotros mismos, se nos pasa el monitor a blanco y negro y de repente quedamos sumergidos en una película de los años cuarenta, en donde los hombres son como Pedro Infante, los padres son como Pardavé y Sara García y las chicas terminan siendo como María Elena Marqués. Obviamente, lo más importante es la familia, no importa que se sea pobre pero hay que ser honrado y el trabajo fecundo y creador, amén del amor “del bueno”, son las cosas por las que vale la pena vivir.

La imagen es monísima. Sin embargo, me parece que, en realidad, vivimos muy lejos ya de esas historias y esos valores. Y le pongo como caso, querido lector, el tema del narcotráfico, que tanto nos obsesiona, nos lacera y nos hace la vida de cuadrícula chica tanto dentro como fuera del país. La estrategia que ha seguido el gobierno actual de combate al crimen organizado no parece rendir los frutos que se espera y sí termina teniendo muchos “daños colaterales”, término que pasará a la historia como peyorativo después del calderonismo, porque llega un punto en el que 40,000 muertos son eso: 40,000 vidas perdidas y no “daños colaterales”.

Para mí, no rinde los frutos que se espera porque es una estrategia que busca combatir a un enemigo fosforescente que no existe. Es como si el narco fuera una nata que flotara sobre la sociedad mexicana. Infelizmente, no es así, y por eso no se puede remover “quirúrgicamente” como pretende hacer el gobierno de Felipe Calderón. El narco en México no es una nata; no flota, sino que, por el contrario, tiene raíces hondas en esta sociedad. Y es que, si no fuera así, no se entendería por qué las cosas han llegado hasta donde lo han hecho –“¡y lo que les falta!”, dicen muchos de los colombianos que nos miran con empatía desde fuera, pues saben lo que esto significa.

El narco en México no sólo es tolerado por buena parte de la sociedad. Nuestros valores colectivos han cambiado tanto que, incluso, se le considera una actividad deseable. Baste preguntar a los niños y jóvenes de las zonas en las que tiene más auge el fenómeno: de querer ser policías o bomberos, pasaron a querer ser migrantes y ahora a querer ser narcos, porque empezaron a orientar su brújula moral con aquello de que “el que no transa no avanza” para ahora regirla con lo de “más vale vivir 5 años como rey que 50 como buey”.

En este país, el trabajo ya no es la vía para la superación. El conocimiento, la formación académica, el esfuerzo, la moral, los valores y demás han pasado a mejor vida. Ahora lo que interesa es tener dinero, sin importar cómo se consiga. Eso es lo que está haciendo a la “nueva clase media” que tanto se cacarea y que dista mucho de encuadrar en la definición tradicional de clase media. Si lo duda usted, querido lector, le propongo se apersone un día en una función de teatro. Ahí se dará cuenta de cuánto han cambiado las cosas y de cómo la “nueva clase media” difícilmente se rige por las maneras y creencias de la “clase media” de toda la vida, aquí y en China… bueno, en China no, pero es un decir. Cuando el “respetable” empieza a chiflar para que empiece la función, uno se da cuenta de que ya dejó de ser clase media.

Baste oír una conversación de señora clasemediera de Kinshasa, fiel seguidora de La reina del sur: “Ay, es como yo le digo a mis empleadas… ¿Por qué no aprenden de Teresa Mendoza que empezó en la casa de cambio y se superó (las cursivas son mías) y hasta se volvió rica?”. Claro, a la buena mujer se le olvida por completo que la riqueza de la susodicha es malhabida y es fortuna producto del narco. Los filtros morales no existen. El caso es que “se superó”, ¿qué no?

Si eso no bastara, querido lector, para concluir que el narco ha alcanzado los niveles que tiene porque la sociedad misma lo permite, lo fomenta, lo abraza y lo desea, le cuento que en comunidades como Escuinapa, Sinaloa, lo más “in”, lo más “chic”, lo más “utunups” que puede hacer cualquier señorita de sociedad es casarse con un narco. No importa que el susodicho narco no sepa ni usar cubiertos y jamás haya leído algo distinto a El libro vaquero, o, peor aún, que golpee y mate a diestra y siniestra. El caso es que tiene dinero suficiente para que la señoritinga de marras tenga servidumbre hasta para secarse los pies, camionetas, helicópteros, yates y demás, y, si un día la mata en una golpiza, pues lo bailado nadie se lo quita. Debe ser que ahora hay que vivir en cash.

Según publicó el diario Milenio la semana pasada, María Luisa Calderón, candidata del PAN al gobierno de Michoacán, hizo alusión a varias encuestas para afirmar que el 40% de las alumnas que cursan la secundaria en Michoacán sueña con tener un romance con un narcotraficante. Así va ahora el Mexican dream, querido lector. ¿Quién nos despierta?

 

EsotÉrika

 

1.   Se acabó el semestre y vuelvo a confirmar que la docencia es lo único que me da esperanzas en el futuro de este país. Aún no termino de calificar, pero me queda claro que se trate de seises o de dieces a más de uno se le habrá movido el frutilupis mental y tendrá una visión distinta a partir de ahora de su propio país y del “mundo mundial” en general… o al menos eso espero de todo corazón.

 

2.   El lunes pasado estuve en Guadalajara para impartir un curso sobre política exterior de México a una quincena de colegas. Estas experiencias siempre son enriquecedoras, aunque debo decir que ocho horas seguidas de curso lo dejan a uno en calidad de marmota apaleada. Si a eso le suma que tuve que volar con Aeroméxico, ya se imaginará que llegué de vuelta a Kinshasa en calidad de bulto. ¡Qué lástima lo que pasa con Aeroméxico! De ser una línea bastante digna se ha vuelto un horror: mala atención, sus sistemas “electrónicos” no sirven, retrasos… Me temo que le hace falta Mexicana. En este caso, el vuelo Guadalajara-Kinshasa salió más de una hora tarde y no dieron explicación alguna ni tampoco se disculparon. Quizá piensan que en vez de pasajeros llevan monos y por eso nada más dan cacahuates. Pero hay un karma…

 

3.   Siempre he dicho que vivir en la plena legalidad en este país es absolutamente imposible, entre otras cosas porque siempre hay un funcionario con iniciativa (use sinónimos como le plazca) al que se le ocurre un nuevo trámite. Éste es el caso de la tarjeta de circulación “con chip” que hay que tramitar, dizque para que tengamos un padrón vehicular confiable. No llego aún a los 40 y ¿sabe cuántas veces he escuchado lo mismo? ¿No fue hace muy poquito que con el RENAUT terminaron todos nuestros datos en USB que se vendían en Tepito por 10 mil pesos? Yo no sé a quién creen que engañan… ¿De verdad creen que nosotros les creemos que lo hacen por nuestro bien? Nah. ¿Y la campaña, apá? Pues ahí ando haciendo el maldito trámite para tener una tarjeta de circulación con chip que seguro trae adentro una imagen de San Judas que lo protege a uno de todas las ratas del mundo. Y, como buen trámite que se respete, le piden a usted el zapatito cobrizado, el primer diente, un mechón de pelo, la pulserita original del hospital, la copia de la credencial del IFE, la “guía” que expide la página de Internet que funciona cuando le da la gana, todas las tenencias pagadas (¿eso no les basta para tener un padrón vehicular actualizado, me pregunto yo?), el comprobante de domicilio, la tapa original y bien estiradita de un Frutsi de manzana y un tazo de la primera temporada en que los sacó Sabritas. Ah, y también como buen trámite, incluye fecha amenazante, en este caso 30 de junio, que luego deciden prorrogar por sus gónadas porque nadie en este país puede hacer todo lo que piden las autoridades en los tiempos que fijan los funcionarios creativos. Eso sí: yo quiero saber a qué diantres me da derecho tener la bendita tarjeta de circulación con chip: ¿dejará de haber baches? ¿Tendremos una policía eficiente? ¿Servirán los semáforos? ¿Dejará de haber hoyos por toda la ciudad? ¿Dejará de inundarse el Viaducto? ¿Dejará de menearse el puente que va de Revolución a Río Mixcoac? ¿Evitará que los “vienevienes” me rayen el coche? ¿Quién me explica?

 

4.   Una de las demandas de los ciudadanos que participan en la “marcha del consuelo” es que los funcionarios públicos dejen de tener fuero. A mí eso me parece muy bien, siempre y cuando les incluyan a cambio de fuero un bozal. Al menos así nos evitaríamos las declaraciones de Cordero que empezó con los 6,000 pesos mágicos que alcanzan para todo, le siguió con que México no es un país pobre (no, en el agregado no… Tiene razón el cachuchas, pero y si un día calculamos el PIB per cápita sin los capitales de Slim, Baillères, Servitje, Zambrano y demás millonarios, ¿a cuánto nos saldría el per cápita?) y ahora remata con que el salario mínimo, ése que equivale a menos de dos pesos diarios, cada día alcanza para más. Á-ni-mas. O este señor de plano se droga en vena o tiene una ídem cómica que quiere explotar mientras tiene el reflector de Hacienda. El caso es que urge que le pongan un bozal hasta nuevo aviso o hasta que lo manden a una experiencia tipo Survivor en Chimalhuacán para ver si se ubica.

 

 

Palabrotas

repanchigarse o repanchingarse.

(De re- y pancho).

1. prnl. Arrellanarse en el asiento y extenderse para mayor comodidad.

Ejemplo: Si llegara el genio de los tres deseos, le pediría, en primer lugar, una otomana para repanchingarme durante, cuando menos, una semana.

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed., (DE, 4 de junio, 2011).

 

 

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