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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
Osama, Obama y la teoría de la conspiración
Por Erika Ruiz Sandoval
6 de mayo, 2011
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Waterloo, 6 de mayo de 2011.

Debo empezar por decir, querido lector, que esto es como jugar al trabalenguas. Me acordé de aquella cancioncita de “Ana, Bobana, Bana…” etc., porque distinguir entre Osama y Obama ha metido a más de un medio en problemas. En consecuencia, dejémoslo en el Sr. Bin y Obama, si le parece bien, sólo para no errarle.

El domingo por la noche, cuando uno ya empezaba a lamentarse por la inminente llegada del lunes y trataba de superar la depresión tuiteando, apareció la noticia de que Obama dirigiría un mensaje a la nación. ¡Qué raro! Mensaje presidencial en domingo por la noche… De pronto, se filtró la noticia de que habían matado al Sr. Bin y empezaron a correr caracteres como si no hubiera mañana.

Obama se retrasó y se retrasó. Si de verdad ésta era la noticia, seguro había que hacer muchas llamadas antes de darla a conocer al público en general, para evitar los reclamos de legisladores, líderes internacionales y seguramente también la mamá del presidente Obama. La espera para escuchar el discurso valió la pena: cuando uno vive con una clase política en la que abundan los Noroñas, los di Constanzos y el resto de la flora y fauna, es un verdadero placer, suficiente para ponerlo a uno verde de envidia, escuchar a un líder como Obama dar un mensaje. Fue claro, sin triunfalismos, sin aspavientos, sin el tono “lero, lero” que se percibe en las “García Luna productions”. Y, sí, dicho y hecho, se habían escabechado al Sr. Bin.

Yo no pude evitar sentir, primero, cierto alivio, y luego, preocupona como soy, empecé a pensar que eso de que el mundo era más seguro ahora estaba lejos de ser verdad. Quien conoce mínimamente cómo opera Al Qaeda podía suponer que la muerte del Sr. Bin probablemente vendría seguida de, cuando menos, un intento de venganza… Ay, nana.

Estaba yo en esas cavilaciones, cuando en mi timeline empezaron a aparecer comentarios que, cuando fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001, me llevaron a escribir un texto llamado “En México, la esquizofrenia”. Fíjese, querido lector, cómo hay cosas que no cambian. A pesar del tiempo, de la dependencia, del supuesto mayor conocimiento de los vecinos del norte, simplemente por el roce y porque cada vez son más las familias mexicanas que tienen a uno o varios de sus miembros en Estados Unidos, se siguen repitiendo las actitudes antiestadounidenses que seguramente dominaron las discusiones en la época de los supuestos “Niños Héroes”. Insisto: esto del antiyanquismo primitivo parece estar en el ADN del mexicano promedio y, la verdad, le confieso, me pone muy malita de los nervios.

Cuando el 11 de septiembre de 2011, no había pasado ni media hora del ataque con el segundo avión contra las Torres Gemelas cuando quienes tenían acceso a un micrófono en radio o televisión empezaron a presentar un discurso revanchista y, francamente, irresponsable. De inmediato aparecieron miles de expertos que sabían, positivamente, que los atentados habían sido una respuesta a las “atrocidades cometidas por Estados Unidos” en Panamá, Somalia, Japón y otras latitudes. Como decía yo, qué lástima que no llamaron de inmediato al FBI para decir que los ataques habían sido perpetrados por un comando de dos japoneses, un somalí y un panameño, irritados por lo que Estados Unidos les había hecho a sus países.

Esta vez, los argumentos son los mismos:

  1. Las Torres Gemelas nunca se cayeron. Ánimas… Uno como sea, pero ¿y el hoyo? Pero ¿y las imágenes? Pero ¿y los bomberos? Pero ¿y los muertos?
  2. El gobierno estadounidense fue el que tiró las Torres Gemelas. ¿De verdad llega a tanto nuestro “sospechosismo”? Yo no tengo duda de que los atentados fueron un enorme pretexto para que los neoconservadores operaran su visión estratégica en un mundo en el que parecía confirmarse la odiosa teoría del choque de civilizaciones, pero de ahí a que el propio gobierno se consiguiera a los 19 facinerosos del cutter que, misteriosamente, tomaban clases para volar aviones y nunca tuvieron interés en aprender a aterrizar (increíble que nadie le pareciera sospechosa tan particular conducta), y que consiguieron tirar las dos torres y también hacer cuadrado el Pentágono, me parece que hay un abismo.
  3. Osama bin Laden (el Sr. Bin para los cuates) nunca existió. Mire usted, querido lector, no se puede creer en los santos, en las vírgenes, en el beato Juan Pablo II, en San Juditas, en la Santa Muerte, en Malverde, en Walter Mercado, en los tenis para adelgazar y en el Prostamax y no creer que el Sr. Bin existió. ¿Y las imágenes? ¿Y las grabaciones? ¿Y los escritos? ¿Y sus seguidores?
  4. No se puede creer que el Sr. Bin haya muerto mientras no muestren el cuerpo. Achis, achis, achis… ¿De cuándo acá los mexicanos seríamos capaces de reconocer en la foto de un cuerpo que seguramente acabó como coladera al “verdadero” Sr. Bin? ¿De dónde nos salió la especialidad forense? ¿Será de tanto ver CSI, aunque en nuestro caso sea más bien “sí es a’í”? ¡Qué daño nos ha hecho el caso Paulette, querido lector!
  5. Cómo es posible que lo mataran; lo tendrían que haber llevado a juicio. Mire, en esto sí coincido. Sin duda, un Estado que se diga de derecho, tendría que poder procesar y juzgar a los criminales. Pero resulta que, en este caso, el Sr. Bin era considerado el enemigo en una guerra y, en consecuencia, aplican otras reglas. Además, que yo sepa, nunca se vertieron estos mismos argumentos en los casos de Ignacio “Nacho” Coronel o Beltrán Leyva… Tan criminales el uno como los otros y tan merecedores del debido proceso también, ¿o no?
  6. Dizque tiraron al mar el cuerpo porque realmente no había cuerpo. Más “sospechosismo”. ¿Alguien se informó de qué ritos había que aplicarle al cuerpo del Sr. Bin para no ofender aún más a los musulmanes que ven en Estados Unidos a un enemigo? Si al final fue el procedimiento adecuado o no, no lo sé, pero algo había que hacer con el cadáver… No todo mundo busca volver a los fallecidos reliquias de santo.
  7. Muerto el Sr. Bin, Estados Unidos buscará un nuevo enemigo y seguramente será México. Éste es un caso perfecto para aplicar aquello de “que la boca se les haga chicharrón”. Por una parte, Estados Unidos lleva ya diez años en guerra. Se han gastado una fortuna y, peor aún, han muerto suficientes Jimmys y Susans como para pensar que el pueblo estadounidense ya no quiere queso, sino salir de la ratonera. Hay una clara fatiga de guerra, exacerbada por condiciones económicas terriblemente duras a partir de 2008. Por otra, si México fuera la nueva amenaza, ahí sí le encargo que nos encomiende a todos los santos, vírgenes, querubines y estampitas que pueda. Si ése fuera el caso, no dude que utilicen al Bravo como línea punteada y que, de plano, recorten hasta que el subcontinente flote a la deriva.
  8. El número de terroristas no se multiplica tras la muerte del Sr. Bin. De acuerdo. Los terroristas no brotan por generación espontánea, aunque casi. Cabe recordar que, en el caso de Al Qaeda, se trata de células durmientes que pueden activarse en cualquier momento y en cualquier parte del mundo. No es un terrorismo como el de la ETA o el del ERI. Éste opera en modelo de franquicia. Y, dado que los atentados que ha perpetrado esta red han resultado tan “fáciles”, también han sido tremendamente inspiradores. El fundamentalismo islamista ha crecido tremendamente en los últimos años. No falta algún nini de la región que tenga ganas, primero, de cobrar venganza y, segundo, que no tenga nada que perder y, además se crea que aquello de las 11,000 vírgenes en el paraíso por ser mártir de la guerra santa.
  9. No alimenten el miedo; México no puede ser blanco. Ahhh, querido lector: esta visión nace de la creencia de que la Virgen de Guadalupe es como la chica de los Cuatro Fantásticos, y tiene a todo el territorio nacional cubierto por su burbuja invisible. ¿Por qué México no sería blanco o sitio elegido para incursionar en Estados Unidos? Esta discusión ya se sostuvo en 2001 y sigue sin quedarme claro por qué no. ¿Qué porque nosotros no tenemos enemigos? ¿Quién dice? Además, otra cosa que hay que considerar es que las condiciones de seguridad en México han cambiado mucho desde 2001. La sensación de que el territorio nacional es “tierra de nadie”, por donde pasa cualquier cosa (armas, personas, drogas, especies en peligro de extinción, etc.) no es sólo nuestra.

 

Al final, me parece bien que veamos lo que ocurre en el mundo y en el país con algo de escepticismo, pero tampoco hay que exagerar. No queda claro si la muerte del Sr. Bin será un parteaguas tan importante como el propio 11 de septiembre, pero podría serlo. De todas formas, el tema no se agota aquí. Quedan ríos de tinta por escribir y esperemos que, de verdad, todo lo que se escriba sea en retrospectiva y no motivado por nuevos ataques.

 

EsotÉrika

 

  1. Ando en Waterloo, Ontario, Canadá, aunque ya a punto de volver a Kinshasa. Estuve en una conferencia sobre qué hacer con las relaciones entre México y Canadá. De nuevo, tocó sesionar en una casona de campo agradabilísima. Creo que esto es una nueva tendencia en el mundo de las conferencias: olvidémonos del salón de hotel, impersonal y de un beige repulsivo, y pongamos a los ponentes en un ambiente más relajado y más “verde”. Infelizmente, hubo partes de la conferencia, particularmente en las que se hablaba de la idea y la visión de América del Norte, en las que parecía que estábamos en un velorio. El mundo cambia y lo que se planeó en la primera parte de los años noventa parece no tener más cuerda… Qué lástima.

 

  1. Mi empleador ha recibido un nuevo citatorio, esta vez de la Procuraduría General de la República. En un documento que le juro que voy a enmarcar por barroco y churrigueresco, dice que el representante legal de mi empleador me tiene que presentar (sí, como si fuera yo una prueba viviente) en x fecha y hora para que ratifique mi declaración de que yo no soy la chata que estafó al IMSS con incapacidades por maternidad. Así pues, querido lector, le tendré el capítulo II de la “Saga IMSS” para el viernes 13 de mayo… ¿Será casualidad la fecha? Ya lo averiguaremos.

 

 

Palabrotas

 

chiripa.

 

1. f. En el juego de billar, suerte favorable que se gana por casualidad.

2. f. coloq. carambola (‖ casualidad favorable).

3. f. Ven. Especie de cucaracha.

Ejemplo: En México, casi todo lo que sale bien es de chiripa.

 

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 22ª ed., (DE, 4 de mayo, 2011: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=chiripa).

 

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