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Qué necesidad tengo yo
Por Erika Ruiz Sandoval
Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta ... Internacionalista de formación y de deformación. Europeísta, pero mexicana (y chilanga) hasta las trancas. De víscera, soy realista (¡viva Tucídides!), pero de convicción intelectual soy institucionalista liberal. Me fascina el “mundo mundial” (à la Warhol) y me preocupa profundamente México. Doy clases, investigo, escribo, doy conferencias, me apasiona la historia del arte y bailo salsa. Soy aries con ascendente en sagitario, antes y después de Ofiuco. Soy editora de Hipotecando el futuro (Taurus, 2010). Sígueme en Twitter: @erikaruiz (Leer más)
Preguntas al aire para el maratón 2011-2012
Por Erika Ruiz Sandoval
1 de abril, 2011
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Kinshasa, 1 de abril de 2011.

 

Esta semana, por razones inexplicables, anduve de un lado a otro en actividades distintas a las de mi vida cotidiana y buena parte de ellas se centraron en pensar el futuro político de este país. A partir de eso, y de las incontables horas que he pasado metida en el auto (véase EsotÉrika), descubrí que tengo, al menos, ocho preguntas que me rondan la cabeza y que me sirven de aperitivo, ya no para el maratón Guadalupe-Reyes, sino para el Edomex-Presidencia (y no sé cuál sea más demandante para la salud mental y física). Aquí le van, querido lector:

 

1.   ¿Quién es el votante promedio en México? Durante un tiempo tuve muy claro que el votante promedio era mi santa abuela: lloró con López Portillo cuando aquello de “defenderé el peso como un perro” –y eso que le había mexdolarizado sus ahorros–, luego se volvió protectora de Carlos Salinas de Gortari (en la familia bromeábamos de que lo quería más que a sus propios hijos) y luego se volvió defensora a ultranza de López Obrador (aka “su paisanito”, pues mi abuela es tabasqueña). Infelizmente, mi abuela tiene ya casi 91 años y vive más de los recuerdos que del aquí y el ahora, y creo que por eso deja de ser mi modelo de votante promedio. Entonces, ¿quién es?

2.   Esto del votante promedio viene a cuento porque nunca hubiera supuesto que ganara el sí en la consulta sobre la alianza PAN-PRD en el Edomex. Ya el ejercicio pintaba para ser kafkiano: votación abierta, sin candidato, en la ilusión pura de democracia directa y de que el pueblo manda. Lástima, Margarito, que fue tanta la abstracción. Aunque ganara el sí, parece que la alianza más rara del “mundo mundial” no va… o quizá sí… Con esto me vuelve a quedar claro que, de aquí al fin de la historia, México tendrá su capítulo aparte en cuanto libro hable de América Latina y también ahora de democracia. Estamos inventando el hilo negro y el agua tibia. Politólogos de todo el mundo vendrán a estudiarnos… ¿Ya habrán pensando en eso nuestros hábiles promotores turísticos?

3.   Si uno leyera sólo a la “comentocracia” nacional, particularmente a los que se autonombran “padres de la transición”, ¿qué imagen de país se forma? A mí me queda claro que, por un lado, juran que ya llegamos al paraíso democrático y que, si acaso algo sale mal, es por el malo, muy malo, requetemalo, del PRI. ¿Es ésa la verdad? ¿Los otros no tienen cola que les pisen? Es pregunta.

4.   ¿Quién milita en los partidos políticos mexicanos? Me queda claro que mi generación no… Para nosotros todavía era muy mal visto esto de tener credencial de militante. ¿Los más jóvenes sí lo hacen? Y esto me lleva a otro tema. Cuando se designó al candidato del PRI a la gubernatura del Edomex, todas las apuestas apuntaban a que sería Del Mazo (ya sabe usted, querido lector, por el ultrapoderoso Grupo Atlacomulco y el viejo PRI de siempre, etc., etc.). Al final, no fue Del Mazo, sino Eruviel Ávila. Y de todas formas, las críticas le llovieron que porque fue el PRI de siempre, el del tapado, el del dedazo… Caramba. Parece que se aplica eso de “si la ensartas pierdes y si no también pierdes” (y conste que me refiero al tradicional juego del balero). Pero, en todo caso, ¿por qué le irrita tanto a la opinión pública nacional el método de selección del candidato del PRI si no militan en ese partido? A mí parecer, los únicos que podrían indignarse son los militantes. ¿El resto por qué?

5.   Tengo que decir algo de MoReNa y ya sé que tiene poco que ver con lo que pretende ser y demás, pero ya estoy agobiada perdida con que en cuanto mítin se arme sonará aquello del grupo Ilegales que se llamaba “La morena”. ¿La recuerda, querido lector? “Si la morena pide más, si la morena quiere más, tú dale lo que quiere”. Uf. Ya no sólo somos el súmmum de lo kitsch para nombres de narcos, sino también para esto de las alianzas o lo que sea que pretenda ser la dichosa MoReNa.

6.   Estoy preocupada por los jóvenes de este país. Según el spot radial del INEGI, en México, el 50% de la población tiene menos de 26 años. Y cuando yo les pregunto a mis alumnos y ex alumnos, de escuelas públicas y privadas, si piensan votar, me dicen que no, que no creen en la política y que ningún partido les representa. Y ahí sí me siento en un nopal a llorar, porque entonces ¿quién va a votar? Si a esto le suma usted, querido lector, la nota publicada esta semana con respecto a que el 40% de los universitarios mexicanos se dicen de derecha, empiezo a hacer como Chabelo y a pretender ahogarme yo sola. Insisto: somos un bicho no raro, sino rarísimo. Sólo en México, señores.

7.   Esto me lleva a pensar que uno de los trabajos más difíciles en este momento debe ser fungir de observador de los desarrollos políticos mexicanos si se es sueco. ¿Cómo explicarle a estos pobres nórdicos cómo funciona este país? ¿Cómo les definimos la democracia mexicana? ¿Cómo les explicamos la alianza PAN-PRD? ¿Les vamos a tener que confesar que, en nuestra propia definición de democracia, ésta no existe sin alternancia y, por tanto, hay que ganar la elección a toda costa? Ánimas.

8.   Por último, estoy agobiada por el PRI: un partido que nunca fue partido y que ahora tiene que hacerla de partido. Además, quienes quieren que vuelva quieren que lo haga para revivir el pasado, pero también le piden que se renueve, que sea el nuevo PRI, que sea distinto. ¿Cómo hará eso? ¿Cómo ser vintage, pero también de vanguardia? A juzgar por los publicistas que se han apoderado de estos temas y que inventaron aquello de “hagámoslo amarillo” como eslogan del PRD, me temo lo peor. ¿Se podrá hacer como con las Zucaritas y decir simplemente que es el PRI de siempre (para no perder a los votantes nostálgicos), pero con vitaminas y hierro (para atraer a nuevos votantes)? No lo sé, pero yo me lo pregunto.

 

EsotÉrika

 

1.    Kinshasa ha sido particularmente cruel esta semana. Entre las obras, las manifestaciones y el calor, he visto más accidentes que nunca y también he hecho más tiempo que nunca en mis desplazamientos casa-trabajo-casa. He llegado a hacer hasta dos horas y media para distancias no mayores a 40 kilómetros. Con tanto tiempo muerto, he podido desarrollar una hipótesis de trabajo: el tráfico de la Ciudad de México y la conducta de quienes manejan es un buen baremo para describir las condiciones actuales del país: la cooperación no se valora, el uno y uno no existe, la ley del más fuerte (o el coche más grande) gana y la consideración con respecto al prójimo nos importa una pura y dos con sal. Yo no sé si elmejoralcaldedelmundo esté consciente de esto o no, pero, francamente, ¡qué necesidad tengo yo!

 

2.   Aplaudo el lanzamiento de la campaña contra el acoso escolar. Lo que no aplaudo es que sean las autoridades encargadas de la educación de niños y jóvenes las que se refieran a esto como bullying. Yo sé que es el nombre que en inglés se le da al fenómeno, pero el término “acoso escolar” me parece igual de poderoso para referirse a él y así, cuando menos, no tendríamos aún más contaminación del lenguaje que la que ya tenemos.

 

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