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Res Pública
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
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De la reglamentación a la censura
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
16 de febrero, 2011
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Por: Ana Joaquina Ruiz Guerra, *Investigadora del área de Transparencia y Rendición de Cuentas


El 15 de diciembre del 2010 la Cámara de Diputados aprobó su nuevo reglamento después de no haberlo modificado en 70 años. Como toda nueva legislación, este cuerpo normativo tiene sus elementos positivos y negativos. Desafortunadamente, también trajo consecuencias inesperadas de efecto “bola de nieve”: desde el debate sobre la libertad de expresión hasta el papel de los medios de comunicación en la vida pública.

Una parte importante del nuevo reglamento establece que los diputados deben de actuar con decoro y respeto, pero en ningún lugar de éste se establecen sanciones en caso de que nuestros legisladores decidan no hacerlo. El caso es que en muy poco tiempo se puso a prueba esta disposición. Ya todos conocemos la historia de la manta del diputado Fernández Noroña en la que se exponía el supuesto “problema de salud” del Presidente Calderón y que finalmente propició que la sesión fuera cesada por la mesa directiva. Más allá de la controversia que esto causó, en Fundar nos llamó la atención que se haya suspendido la sesión parlamentaria; que además era la primera del primer periodo ordinario de sesiones del 2011.

Por el propio funcionamiento político de la Cámara de Diputados, podemos leer entre líneas una vieja rencilla entre visiones políticas antagónicas –más evidente a partir de la elección del 2006– en el que ante cualquier manifestación pública de unos, la consecuencia es el desconocimiento de los otros. En pocas palabras, la Cámara de Diputados está embriagada de intolerancia entre fracciones parlamentarias. Lo lamentable de este tipo de funcionamiento es que se vence la posibilidad de diálogo político sobre los asuntos públicos y se anula la representatividad, lo que favorece la toma de decisiones cupulares.

Los asuntos relevantes para la ciudadanía, que necesariamente tendrían que pasar por discusiones políticas en el Pleno, se convierten en escándalos mediáticos que en nada abonan a la construcción del cambio. Lo preocupante es que el diálogo se encuentra roto y las decisiones relevantes paralizadas. Los temas urgentes y las demandas ciudadanas simplemente se diluyen en el olvido.

Era evidente que el nuevo reglamento no atacaría los problemas de fondo que provienen de la fragmentación política, el (ab)uso de otras formas de ser escuchado (mantas, condenas, gritos, tomas de tribuna) y la politiquería presente en las discusiones sobre asuntos públicos. Lo que sí sorprende es el halo de “legalidad” que este reglamento le imprime ahora al cuerpo legislativo para que justifique acciones tan poco constructivas como el cese de una sesión.

Ante las protestas, ¿no valdría la pena haber continuado con la sesión sin caer en el juego político del petista? La intolerancia hizo que la manta se volviera noticia y que se retomara en los medios para convertirse en un cuestionamiento público sobre la salud del Presidente. El efecto “bola de nieve”: sale Aristegui de la radio, se pone a debate la libertad de expresión, se discute la competencia en los medios de comunicación, se cuestiona la injerencia del poder gubernamental en ellos y finalmente regresa la periodista.

Por supuesto que desde Fundar creemos que se debe impulsar el debate en torno a la libertad de expresión, la equidad entre los medios y el rol que juega la publicidad oficial y su asignación en la censura y la autocensura. Pero también pensamos que es indispensable que todos los ciudadanos conozcan las etapas de las decisiones públicas que se toman en la Cámara de Diputados y por lo mismo, entendemos a la transparencia como un valor. Aplaudimos entonces este debate serio que debe surgir de los legisladores y que es parte fundamental de cualquier régimen democrático.

De igual forma, exigimos respuestas desde la Cámara de Diputados para saber hasta cuándo los legisladores se apropiarán de su papel de Poder de la Unión, en el que exigirán la transparencia y rendición de cuentas desde el control parlamentario y no desde el uso de mantas, gritos y perjurios. Queda claro que este tipo de manifestaciones no aporta a la construcción de ciudadanía, el uso del control legislativo sí.

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