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Res Pública
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
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¿Dónde están… los legisladores?
Me gustaría preguntarle a los legisladores dónde están cuando la corrupción se ha institucionalizado y está ya en un nivel absurdo en el que no solo desvía recursos que no terminan en infraestructura o educación, sino que ha llegado a un estado en el que la corrupción quita la vida de estudiantes y ciudadanos inocentes.
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
29 de octubre, 2014
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Por: Melissa Ortiz Massó

Vivimos días de papa caliente y de adivina quién es el responsable. Días de política y políticos aventajándose de las situaciones de desgracia y de crisis en el país.

Y ¿quién es responsable de todo ello, a quien le toca atender el desastre de país que estamos viviendo?

En este repartir responsabilidades, yo quisiera preguntar ¿dónde están los legisladores?

Como no quiero partir del hecho de que su actitud omisa es con alevosía y ventaja, asumiré que es porque se han distraído en hacer reformas sin darse cuenta de qué es lo que pasa afuera del pleno y justo fuera de los edificios que les cobijan de la realidad.

Con frecuencia creo que vivimos en países distintos y ellos, los legisladores, viven en uno donde el primordial interés es responder al partido, a poderes fácticos; en donde los representados sirven para votar cada tres o seis años y así poder legitimar sus puestos y sus dietas.

Ellos viven en un país donde hacer grandes transformaciones implica que ello no sea lo mejor y más beneficioso para la población, sobre todo porque no la escuchó ni permite habitualmente que participe de ella.

Yo vivo en un país en el que niñas de secundaria tienen que salir a marchar a las calles, y padres de familia no tienen más que perder porque se les arrancó ya toda esperanza, donde los niños ya no juegan a ser policía porque ese no es un trabajo honorable. Vivo en un país en el que los jóvenes no ven futuro y en el que ustedes los representantes parecieran ser sordos.

Me gustaría preguntarle a los legisladores dónde están cuando la corrupción se ha institucionalizado y está ya en un nivel absurdo en el que no solo desvía recursos que no terminan en infraestructura o educación, sino que ha llegado a un estado en el que la corrupción quita la vida de estudiantes y ciudadanos inocentes.

Quisiera hacerle notar a ellos que legislan, que mientras intentan construir instituciones que avancen en la democracia, el país se desmorona, las mujeres son asesinadas y violentadas de forma tan común hasta el sorprendente punto de verlo normal. Los migrantes que cruzan nuestro país son vejados y secuestrados, a veces por las mismas autoridades. Quisiera contarles que acá se acalla violentamente a la prensa, el país es una fosa vaya donde se vaya, y la gente no confía en ellos, ni en los que les rodean, ni en los que les mandan, que no somos nosotros a quienes por cierto tendrían que estar respondiendo y representando.

Insisto ¿dónde están, dónde están viviendo? Por favor no insulten nuestra inteligencia y eviten responder trilladamente que están trabajando por México o haciendo las grandes reformas que el país necesita. Porque les tengo noticias: su trabajo y las grandes reformas no están siendo la solución.

Sea lo que sea que hacen, debe cambiar porque no está funcionando. Eríjanse como ese poder independiente y contrapeso que deben ser, manéjense con transparencia, expliquen por qué están tomando las decisiones que toman; no pidan disculpas, más bien actúen, con honradez con limpieza, respondiendo a nosotras que estamos acá escribiendo cartas y marchando frente a sus sedes, sin considerar que ustedes sean opción de solución. ¿No les da pena que hasta en las peores crisis se les ignore porque no se cree ya en ustedes?

Legislador, si estas letras ofenden quizás sea porque le interpela y le duelen, porque la verdad no peca pero incomoda. Ahora bien, si estas letras no hacen que se ponga el saco ¡salga y busque a la gente! Abra su oficina, escuche el hartazgo y el miedo, pero también escuche las ideas y opciones para de verdad hacer las grandes reformas que se necesitan. Salga y deje de subestimar a la ciudadanía, aprenda de ella, entiéndala y represéntela genuinamente.

Hoy ya no caben los argumentos de que hacer política es complicado y que hay que negociar y que es difícil llegar a acuerdos y que es necesario la voluntad de… ¡NO! Entiendan, el país y la sociedad está desgastada y harta; es momento de asumir el cargo público con responsabilidad, porque en principio no está ahí por el sueldo ni la carrera política, está ahí porque decidió construir bien público y defender interés público.

Vuelvo a preguntarles ¿dónde están? Reflexionen y responda con cuidado, que el país está frágil.

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