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El pacto fiscal que viene
Respecto al anunciado pacto fiscal surgen muchas preguntas: ¿se comprometerá el gobierno a no subir los impuestos? ¿Es el pacto un paso atrás en la implementación de la reforma hacendaria? ¿A qué se van a obligar los empresarios? Si el pacto fiscal se trata sólo de dar certidumbre a las reglas fiscales, ¿qué tan atractivo resulta éste para los empresarios, quienes en lo que realmente están interesados es en revertir las nuevas reglas fiscales?
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
12 de febrero, 2014
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Por: Liliana Ruiz Ortega

A pesar de que unos los han utilizado más que otros, a nuestros gobernantes les encantan los pactos (entre distintas fuerzas políticas o sectores sociales). Las experiencias en sexenios recientes lo confirman. Durante su gobierno, Miguel de la Madrid estableció el Pacto de Solidaridad Económica (PSE), cuya intención era contener la subida de los precios —muy característica en la época— y proteger el poder adquisitivo de los ciudadanos —ya muy dañado en ese entonces—. Carlos Salinas de Gortari, al asumir el poder, reforzó el pacto del gobierno anterior, después conocido como Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico (PECE), como un medio para lograr el control de la inflación y el crecimiento económico. Felipe Calderón también tuvo el suyo: el llamado Pacto Económico para la Estabilización de la Tortilla, a través del cual se trató de controlar el aumento en el precio de este producto básico.

En 2012, el PRI regresó a Los Pinos y trajo consigo nuevos pactos. El más famoso de todos, el Pacto por México, tiene el propósito fundamental de avanzar en una agenda consensada de temas entre los partidos políticos. El Pacto por México quizá nació con los días contados, pero todo parece indicar que hay más pactos por venir. Las declaraciones del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, lo confirmaron al anunciar el próximo pacto del gobierno: el Acuerdo de Certidumbre Tributaria, también conocido como el Pacto Fiscal. En este artículo daré algunas primeras impresiones sobre este acuerdo que está a punto de nacer.

¿En qué consistirá el Pacto Fiscal? Todavía no se sabe mucho. La Secretaria de Hacienda (SHCP) lo anunció pero se desconocen aún los detalles finos. Suponemos que se está trabajando para darle forma. Lo que sí se hizo público fue que el objetivo central será brindar condiciones de certidumbre a las reglas del juego en materia fiscal. Se trata de un compromiso del gobierno de no hacer modificaciones tributarias en un lapso de tres años. Es decir, no habrá aumento de impuestos hasta 2017.

Se anunció que el pacto se está trabajando entre el gobierno y la iniciativa privada. Esto resulta interesante y peculiar. Desde la aprobación de la reforma hacendaria los empresarios han señalado diversos impuestos con los que no están de acuerdo. Aquí algunas de los puntos conflictivos: el aumento de 11% a 16% del IVA en la frontera, el régimen fiscal impuesto a la industria maquiladora de exportación, el IEPS a bebidas azucaradas y a alimentos con alto contenido calórico, la tasa de ISR que grava el reparto de dividendos de las empresas a personas físicas, los nuevos términos en materia de deducibilidad de las prestaciones sociales pagadas a los trabajadores, entre otros. Los empresarios quisieran —así lo han manifestado— revertir ciertas medidas aprobadas en la reforma hacendaria y podrían ver al pacto como una oportunidad más de negociación política con el gobierno. No sobra recordar que, en términos generales, un pacto es un acuerdo entre partes en donde los integrantes se comprometen a ejecutar ciertas acciones y a observar el cumplimiento del acuerdo.

Respecto al pacto fiscal que viene surgen muchas preguntas: ¿Se comprometerá el gobierno a no subir los impuestos? ¿Es el pacto un paso atrás en la implementación de la reforma hacendaria? ¿A qué se van a obligar los empresarios? Si el pacto fiscal se trata sólo de dar certidumbre a las reglas fiscales, ¿qué tan atractivo resulta éste para los empresarios, quienes en lo que realmente están interesados es en revertir las nuevas reglas fiscales? Además, ¿por qué trabajar un pacto sólo con un grupo y no con la sociedad en general? La reforma hacendaria afecta a diversos segmentos de la población, no solo al sector empresarial.

Si lo que el gobierno busca es dar estabilidad a las reglas tributarias, entonces lo que se debería hacer es un pacto o un programa para combatir la evasión de impuestos —al mismo tiempo que se mejora y aumenta la calidad del gasto público—. Lo que realmente se necesita es que paguen aquellos que deberían hacerlo pero no lo hacen. Se trata de aumentar el número de contribuyentes; vamos, hay que buscar a pescaditos, tiburones y mantarrayas para luego pescarlos. Por otro lado, si lo que se quiere es dar certidumbre a las finanzas públicas, lo que hay que garantizar es que los recursos públicos se gasten y se gasten bien.

Además, se necesita que las instituciones que cobran impuestos se fortalezcan. Por ejemplo, el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Si hay un componente que reduce la incertidumbre es la presencia de instituciones fuertes que hagan su trabajo, impongan reglas claras y comuniquen asertivamente que de no cumplirlas habrá consecuencias creíbles. Por este motivo, lo que preocupa es que el SAT tenga la capacidad de reducir los verdaderos casos de evasión y de elusión fiscal; hoy no sabemos si lo hace. Sería importante también revisar en unos años los efectos de la reforma hacendaria: ¿cuánto se recaudó? ¿A dónde se fueron esos recursos adicionales? ¿Qué sectores absorbieron los costos de esos aumentos? ¿Cómo afectaron las nuevas reglas los niveles de desigualdad registrados en el país?

Los empresarios están acostumbrados a vivir con incertidumbre, de eso se trata todo el negocio. Se asumen riesgos y se espera tener una ganancia. No se tiene control sobre lo que va a pasar. De lo que se trata es de tomar las mejores decisiones, aún con la presencia de la incertidumbre. No está mal que el gobierno establezca reglas y que proponga garantizar un periodo sin cambiarlas. Eso es positivo. Sin embargo, cuando hablamos de impuestos, se requiere además generar condiciones de más justicia y eficiencia recaudatoria. Quizás el mero anuncio del pacto fiscal, sin incluir los detalles finos sobre cómo va a funcionar, genera más dudas e incertidumbre que claridad y certeza. En febrero se firmará este pacto, habrá que estar al pendiente de su contenido completo.

 

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