close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Res Pública
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
Fundar es un Centro de Análisis e Investigación, es una institución plural, independiente, sin... Fundar es un Centro de Análisis e Investigación, es una institución plural, independiente, sin afiliación partidista y horizontal que busca avanzar hacia la democracia sustantiva. Fundar se dedica a la incidencia y monitoreo de políticas e instituciones públicas por medio de la investigación aplicada, la reflexión crítica y propositiva, la experimentación y la vinculación con actores civiles, sociales y gubernamentales. Síguelo en Twitter: @FundarMexico (Leer más)
¿Está la democracia en peligro?
La democracia no sería nada sin el potencial transformador de los ideales de quienes han soñado y luchado de muchas formas por un mundo diferente. Y hoy eso está en pelibro en el DF.
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
12 de diciembre, 2013
Comparte

Por: Miguel Moguel

Las democracias, al igual que las personas, transcurren por ciclos que pudieran también llamarse “de vida”. Las democracias nacen, se nutren, se fortalecen y se expanden. Las democracias maduran en su discurso y en sus prácticas. Se consolidan como proyecto, pero también —al igual que los ciclos en los seres vivos— las democracias se extinguen.

Hablo de democracias “en plural” porque no es único el modelo. Los límites del propio sistema en el cual se insertan, el pacto social que las enmarca o el contexto histórico donde se sitúan, les otorga un carácter a veces más deliberativo y de consensos, otras más representativo o más social y participativo. Pero todos ellos plantean de una u otra forma la transformación de las relaciones entre la ciudadanía y el Estado con base en una lógica redistributiva del “poder”: de uno, absoluto y concentrado en el gobierno y sus autoridades, a otro pensado desde la base.

El poder del pueblo —como se le ha definido por muchos años— muestra en la práctica ciertas dificultades para su desempaque. Y aquí cabe preguntarse: ¿poder de quién y sobre quién? Y es que en contextos de tanta pluralidad y multiculturalidad como el de nuestro país, la respuesta tiende a ser problemática. Adelanto que mi intención no será despejarla en este ejercicio sino exponer dos elementos que me parecen más que pertinentes traerlos a cuenta en este contexto.

La democracia es un modelo que se funda en el reconocimiento y la titularidad de derechos y libertades. Expresar nuestras ideas y opiniones, manifestarlas públicamente, disentir, expresar nuestros acuerdos y desacuerdos como sociedad, así como mostrarlos a través de la protesta social son por mucho elementos que refrescan y dan vitalidad a la vida democrática. La diversidad de opiniones, los contrastes y los conflictos que hacen manifiestas estas formas y representaciones no son necesariamente un “mal” que combatir, sino que entrañan un reto para sociedades tan plurales y complejas como la nuestra. Sin embargo, se requiere un talante para reconocer en ellas una oportunidad y una fortaleza. Cualidad de la que sobradamente carecen muchos gobernantes cuando miran en su ejercicio un obstáculo a vencer.

La democracia es también un modelo movido por sueños. En ella, los ideales y las aspiraciones de las personas han jugado un papel relevante y sin los cuales muy probablemente ésta nunca hubiera existido. Sueños conquistados de forma individual y colectiva a través de formas múltiples de lucha, de resistencia y de rebeldía. Sueños que le mueven y le permiten regenerarse.

La democracia no sería nada sin el potencial transformador de los ideales de quienes han soñado y luchado de muchas formas por un mundo diferente. Sin el coraje y la valentía de hombres y mujeres que buscan la igualdad, la justicia, el respeto.

Las discusiones que han tenido lugar en días pasados en la Cámara de Diputados sobre la regulación de la protesta social en el Distrito Federal prenden las luces de alarma. La democracia está en peligro —y así lo confirman las preocupaciones que algunos sectores de la sociedad civil han puesto sobre relieve—. La evidencia muestra síntomas de pulsiones autoritarias que se manifiestan en profundos y graves retrocesos.

Si nos conformamos con un orden que limite el ejercicio de derechos fundamentales y restrinja los espacios públicos a cambio de garantizar la tan pretenciosa “tranquilidad” y la “paz pública”, el peligro será inminente.

Acompaño la desobediencia civil porque confío en que mientras existan consignas y luchas, habrá todavía esperanza.

 

* Miguel Moguel es investigador del área de Derechos humanos y seguridad ciudadana de Fundar.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.