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Impuesto mínimo global a las multinacionales ¿un acuerdo histórico en favor de todos los países?
Actualmente, las empresas de la economía digital no están obligadas a pagar impuestos en prácticamente ningún país porque las reglas tributarias internacionales fueron creadas hace 100 años, cuando nadie imaginaba que desde Ámsterdam una empresa pudiera hacerse multimillonaria sin la necesidad de contar con instalaciones físicas para rentar películas o gestionar el transporte de las personas
Por Iván Benumea
10 de junio, 2021
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Estados Unidos, Reino Unido y otras economías poderosas (G7) llegaron a un acuerdo que hasta hace unos años parecía algo imposible: avanzar hacia la creación de una tasa mínima global del 15 % para que las multinacionales paguen más impuestos en más países. En algunos foros internacionales el acuerdo fue anunciado como algo histórico e inmejorable, y en México, Gabriel Yorio, subsecretario de Hacienda, anunció su respaldo. ¿Pero realmente es un acuerdo histórico que pondrá fin a las injusticias tributarias globales? ¿México debería avalar un acuerdo negociado por las economías más poderosas?

Algunos antecedentes

Desde hace varios años, y a raíz de la crisis financiera de 2008, la comunidad internacional comenzó a discutir cómo cambiar las reglas tributarias internacionales para lograr que las multinacionales y las personas ultra ricas paguen más impuestos, un negocio que afecta a todos los países y que anualmente representa pérdidas recaudatorias de hasta 240 billones de dólares. Estas discusiones fueron convocadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un organismo que suele defender los intereses de las economías más avanzadas, y criticado por permitir implícitamente la existencia de paraísos fiscales, sobre todo porque las Islas Caimán y las islas Vírgenes Británicas son jurisdicciones que dependen del Reino Unido, integrante de la OCDE.

Independiente a estas críticas, en los espacios convocados por OCDE fue posible avanzar en algunas medidas para que los países comenzaran a coordinarse para reducir la evasión fiscal. Por ejemplo, ahora existen ciertas reglas para que los países intercambien información sobre las operaciones de las multinacionales. Sin embargo, en estos espacios nunca pudieron negociarse dos aspectos cruciales que implicaba enfrentarse al poder de las multinacionales: un impuesto mínimo global y la distribución de los beneficios de la economía digital. El panorama cambió radicalmente con la llegada de Joe Biden a la presidencia de EUA, quien propuso una tasa mínima global del 21% y otras medidas tributarias para financiar el plan de recuperación económica.

¿Tasa mínima global y distribución de beneficios?

Actualmente, las corporaciones crean complejos esquemas para que sus ganancias paguen impuestos en países de baja o nula tributación, o sea, en paraísos fiscales. Cuando esto sucede, ningún país le puede exigir a una corporación que pague impuestos en su país de origen, donde realmente ocurrieron sus actividades económicas. La tasa mínima global pretende corregir este problema y terminaría con los incentivos para trasladar utilidades a paraísos fiscales. Así, si una empresa lograra tributar a un 5% en Irlanda, pero existiera una tasa mínima global del 25%, entonces la diferencia debería ser pagada en el país al que pertenece una empresa.

De existir una tasa mínima global, el negocio alrededor del abuso tributario internacional llegaría a su fin. Sin embargo, todavía quedaría pendiente resolver cómo lograr que las multinacionales, principalmente las que pertenecen a la economía digital, paguen impuestos en los países de donde provienen sus ganancias, es decir, donde están sus millones de consumidores.

Actualmente, las empresas de la economía digital no están obligadas a pagar impuestos en prácticamente ningún país porque las reglas tributarias internacionales fueron creadas hace 100 años, cuando nadie imaginaba que desde Ámsterdam una empresa pudiera hacerse multimillonaria sin la necesidad de contar con instalaciones físicas para rentar películas o gestionar el transporte de las personas. En el escenario ideal, este tipo de empresas deberían pagar impuestos en todos los países de donde obtienen ganancias, es decir, en función de su actividad económica real como el número de consumidores, el valor de sus ventas y la cantidad de los mal llamados “socios” que emplean.

El acuerdo del G7: insuficiente y excluyente

Bajo estas consideraciones, el consenso del G7 sin duda fue un paso insuficiente. El G7 acordó una tasa mínima del 15%, la cual no es significativamente superior a las tasas vigentes en algunos países considerados como paraísos fiscales, como el caso de Irlanda donde la tasa es solo del 5%. Sobre la distribución de los beneficios de la economía digital, el panorama tampoco es positivo: en lugar de distribuir las ganancias de manera equitativa y en favor de los países desde donde todas las corporaciones obtienen ganancias, el G7 ha propuesto que la mayoría de los beneficios se distribuyan hacia los países más ricos y que esta medida sólo sea aplicable para las 100 multinacionales más poderosas del mundo.

Si el acuerdo del G7 es aprobado por más países, tendremos que esperar más tiempo (probablemente otra crisis económica) para llegar a un escenario que realmente beneficie a todos los países. Ante este escenario, México debería aliarse con otras economías que han luchado por una mejor distribución de los beneficios como la India y Argentina, e incluso impulsar una tasa mínima global que se acerque a la propuesta original de EUA. Para México, una postura de este tipo lo beneficiaría. De acuerdo con algunas estimaciones, si la tasa mínima global fuera del 21 y la distribución se realizara equitativamente, México podría recuperar 11 billones de dólares, en lugar de 6 billones bajo el esquema del G7.

El acuerdo del G7 es un avance que hasta hace unos años parecía imposible, pero desafortunadamente no está a la altura de las circunstancias. En julio de 2021, el acuerdo del G7 será discutido por más países y México no debería conformarse con el escenario actual. De hecho, las negociaciones alrededor de algo tan importante, que involucra a los países menos desarrollados y afectados por la evasión fiscal, no debería ocurrir en espacios donde solo pueden participar las economías poderosas. Precisamente por esto, desde Fundar creemos que como parte de sus obligaciones internacionales de derechos humanos, el estado mexicano debería promover que este tipo de discusiones se den un organismo global que permita alcanzar un tratado vinculante en materia fiscal, como podría ser la Organización de las Naciones Unidas.

Hace 30 años la comunidad internacional creía que ofrecer bajas tasas a las multinacionales era la mejor estrategia para fomentar la inversión y el crecimiento económico. Hoy, después de tantos abusos, el paradigma está cambiando, pero hasta ahora las opciones acordadas por el G7 son insuficientes para combatir las injusticias fiscales globales. Una tasa mínima global del 25%, repartir más equitativamente los beneficios de la economía digital y discutir estos cambios en un foro realmente global contribuirían significativamente a reducir el poder de las multinacionales.

* Iván Benumea (@Benumea) es coordinador del programa de Justicia Fiscal de @FundarMexico.

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