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La cuenta de los que (nos) faltan
Luchar contra el horror que décadas de desapariciones ha dejado -las primera desaparición en el RNPED data de 1964-, significa no sólo contar a las víctimas sino dar alguna inteligibilidad a la violencia.
Por Ximena Antillón
9 de enero, 2020
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Desde que Felipe Calderón inició la llamada guerra contra la delincuencia organizada, la producción de cifras de personas desaparecidas, que las y los familiares han llamado “la guerra contra los números”, ha sido un campo de disputa. Desde el año 2014 organizaciones de la sociedad civil hemos dado seguimiento al errático Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RNPED), señalando las omisiones e inconsistencias a la hora de contar a los desaparecidos, que producían nuevas formas de desaparición y la normalización de esta grave problemática. De la maraña de cifras obtenidas con metodologías poco transparentes sólo nos quedaba claro que las personas desaparecidas se contaban por decenas de miles, aunque nadie sabía realmente cuántas, y que seguían aumentando. Con esta precaria herramienta, los colectivos de familiares y organizaciones de la sociedad civil mantuvimos la denuncia de la crisis de desapariciones, mientras otras organizaciones emprendieron la titánica tarea de generar registros propios e independientes.

El pasado lunes 6 de enero, en una conferencia de prensa convocada por la Secretaría de Gobernación, el Subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, y la titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, Karla Quintana, dieron a conocer las estadísticas actualizadas sobre personas desaparecidas, destacando el respeto a los familiares y el dolor inconmensurable que enfrentan.

Las estadísticas, alimentadas con información de las fiscalías locales, no arrojan nada nuevo, pero sí más grave. De alrededor de 37,435 personas desaparecidas contabilizadas hasta abril del 2018, la cifra salta, en enero de 2020, a un total de 61,637. Sin embargo, entre el 1 de diciembre de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2019, se reportan 5,184 personas desaparecidas o no localizadas. El incremento de las desapariciones durante el primer año de la administración de Andrés Manuel López Obrador si bien es terrible, no explica el aumento de más del 60% en la cifra de personas desaparecidas (24,202). En esta nueva actualización, aparecieron 19,018 personas que no habían sido contadas, aunque su desaparición ocurrió con anterioridad al 2019.

Esto se explica porque la estadística se trata más de política que de matemáticas. Lo que está en juego es la representación de la realidad y sus consecuencias. Hasta la anterior administración, la política oficial de negación de la crisis de desapariciones se tradujo en el subregistro y la invisibilización de las desapariciones bajo otros delitos, que dan lugar a una forma de desaparición secundaria a la desaparición física de las víctimas: la desaparición administrativa.

Contar a las personas desaparecidas significa reconocer a quienes nos faltan y que, como dice el colectivo H.I.J.O.S., nos faltan a todos. El esfuerzo de la Comisión Nacional de Búsqueda por recabar la información actualizada y de aquellas fiscalías que respondieron (aún faltan varias fiscalías locales y la propia Fiscalía General de la República), nos permite empezar a dimensionar la magnitud de la crisis de desapariciones y comprender por qué la búsqueda de las personas desaparecidas y la investigación de los delitos relacionados, así como la identificación de los cuerpos recuperados en fosas clandestinas, debe ser una prioridad nacional.

Luchar contra el horror que décadas de desapariciones ha dejado -las primera desaparición en el RNPED data de 1964-, significa no sólo contar a las víctimas sino dar alguna inteligibilidad a la violencia. La información presentada por la Comisión Nacional de Búsqueda es un paso importante, pero para que las cifras no se conviertan en la repetición vacía de significado, es necesario que nos permitan hacer preguntas: ¿quiénes desaparecen?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿quiénes son los responsables?, ¿con qué delitos están relacionadas las desapariciones?, ¿cómo han sido encontrados?, ¿qué estrategias de búsqueda han funcionado? Transparentar la metodología y la publicación de datos abiertos es fundamental para que estos hallazgos cobren sentido con la participación de las víctimas y la sociedad civil, las personas desaparecidas dejen de ser número y realmente cuenten.

*Ximena Antillón es investigadora del programa de Derechos Humanos y Lucha Contra la Impunidad en @FundarMexico.

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