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La pandemia del petróleo
La pandemia de COVID-19 y la guerra de precios de petróleo entre Rusia y Arabia Saudita, inundaron el mercado de una mercancía que hoy no quiere nadie.
Por Francisco Reynoso
2 de abril, 2020
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La pandemia del COVID-19 vino a exacerbar lo que no querían ver muchos: las desigualdades producidas que el capitalismo tardío ha generado entre países y al interior de ellos. En la respuesta de los gobiernos ante el brote de una nueva enfermedad está la evidencia de nuestro lugar en la economía global: un país semiperiférico, cuyo sistema de salud puede ser rebasado si no se logra aplanar la curva de contagio con las distintas medidas implementadas para ello.

Los países semiperiféricos comparten algunos rasgos de atraso y otros de modernidad y, en este sentido, México es un país periférico porque nuestra economía sigue dependiendo en parte de la explotación y exportación masiva de sus recursos naturales, principalmente petróleo. Esta dependencia es muy riesgosa y nos pone a la merced de uno de los mercados más volátiles, como se ha visto ya por décadas.

La pandemia de COVID-19 -que obligó a China parar gran parte de su economía y con ella la demanda de hidrocarburos- así como la guerra de precios de petróleo entre Rusia y Arabia Saudita1, inundaron el mercado de una mercancía que hoy no quiere nadie, generando una pandemia de petróleo, pero sin compras de pánico a pesar de que los precios de los barriles están por llegar al suelo. Pemex reportó el día de ayer que el precio de la mezcla mexicana de exportación cerró en 10.76 dólares por barril. La mano invisible lleva coronavirus y es muy probable que nuestro presupuesto de egresos de la federación se infecte y presente síntomas al corto plazo.

Si bien es cierto que todas las mezclas mundiales han sufrido caídas históricas, no todos los países han respondido de la misma manera. Canadá, por ejemplo, ha detenido su única refinería porque el precio de su crudo, que ha sido más golpeado que el nuestro (4.69 usd el Western Canadian Select) y la demanda esperada de sus derivados no está siendo rentable. Su única opción racional fue parar operaciones, no aumentarlas.

En cambio en México sigue en pie el controversialísimo proyecto de la construcción de la refinería de Dos Bocas. Si nunca satisfizo cómo se gestionaron su construcción y los permisos necesarios para ello, el dinero que se le ha invertido para seguir reproduciendo un modelo fósil a costa del medio ambiente, así como su supuesta rentabilidad económica, hoy además se cuestiona su pertinencia frente a la crisis. Y con la también picada de los costos de las gasolinas, ¿no habría que replantearse genuinamente la viabilidad, al menos momentánea, de la nueva refinería?

Nuestra calidad de periferia también se ve en la manera en la que producimos nuestra energía. Mientras en México seguimos dependiendo fuertemente de los hidrocarburos para la generación de energía en un contexto de disminución de reservas y crisis climática, países como Islandia, Costa Rica y Uruguay producen prácticamente el 100% de su electricidad con energía renovable. De acuerdo con el Balance Nacional de Energía 2018 de la SENER, México apenas produce el 10.4% con una combinación de energías renovables y “limpias”, incluyendo a la hidroenergía, la biomasa y el biogás, que ya han sido criticadas como energías limpias pues contribuyen con emisiones de metano y dióxido de carbono, y no contribuyen propiamente a la tan necesaria transición energética.

Los avances de México en este sentido no sólo han sido lentos, sino que se han llevado a cabo en franca violación de los derechos humanos de las comunidades donde se implementan los proyectos respectivos, pues la transición energética replica de alguna manera el modelo extractivista. Basta ver el ejemplo del Istmo de Tehuantepec y sus más de 20 proyectos eólicos que han afectado de distintas maneras a las comunidades allí asentadas.

México está muy lejos de cumplir la meta del 35% de “energías limpias” para el año 2024, establecida en la Ley General de Cambio Climático. El COVID-19 y su impacto en el mercado de hidrocarburos nos recordó, una vez más, que no podemos seguir dependiendo del petróleo y que en la transición energética está la cura a esta otra pandemia.

* Francisco Reynoso es investigador en el programa de Territorio, Derechos y Desarrollo de @FundarMexico.

 

1 El episodio ha sido tan relevante para la economía mundial que ya existe una entrada de Wikipedia para explicarla.

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