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Res Pública
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Mexicanos felizmente adoctrinados
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
23 de noviembre, 2011
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Por: Justine Dupuy ([email protected]), investigador del área de Transparencia y Rendición de Cuentas de Fundar.

 

En el libro Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, los niños Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon son condicionados durante su sueño al escuchar entre 40 y 50 veces las mismas letanías durante la noche. Por ejemplo, los Beta escuchan la siguiente grabación: “Los niños Alfa visten de color gris. Trabajan mucho más que nosotros porque son terriblemente inteligentes. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta porque no trabajo tanto. Y, además, nosotros somos mucho mejores que los Gammas y los Deltas. Los Gammas son tontos. Todos visten de color verde, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores.” Así, los niños Beta terminan por aceptar su condición inferior a la de los niños Alfa con mucha alegría.

 

En el “México feliz” del siglo XXI, los ciudadanos de todos los niveles socioeconómicos son bombardeados todos los días por spots publicitarios por parte de los tres poderes federales. Las letanías las conocemos todos: “Estamos trabajando por la seguridad de tu familia”, “Un México sano es un México fuerte”, “Con el programa de infraestructura más grande de la historia estamos uniendo a México”, “¡Mamá! ¡Mamá! En el Senado me escucharon”, “Cumples 200 años de ser orgullosamente mexicano” y un largo etcétera.

 

Se trata de un lavado de cerebro cuya frecuencia e intensidad es digna de los niveles descritos por Huxley. Y esto no debe de sorprendernos porque las autoridades disponen por ley de 48 minutos diarios en cada canal de televisión y una hora cinco minutos en cada estación de radio. En promedio se difunden dos spots por minuto; eso significa que cada cadena de radio emite 130 anuncios al día y cada cadena de televisión exhibe 96 spots diarios (sin contar el tiempo que compran las autoridades para anunciarse). Estas cifras son suficientes para rebasar los niveles del adoctrinamiento de Un Mundo Feliz.

 

Vale la pena preguntarse entonces qué poder tiene la repetición de estos anuncios sobre nuestra mente: ¿en verdad el bombardeo de spots aniquila nuestra capacidad de reflexión y análisis sobre lo que está pasando en el país? ¿En verdad nos convencen? ¿Por qué necesitan repetir y repetir que están haciendo su trabajo?

 

Ahora, el problema no es tanto de la cantidad de los anuncios sino de su calidad. ¿No creen que en lugar de contarnos cuentos costosos las autoridades tendrían que informarnos sobre nuestros derechos a través de la publicidad? ¡Qué bueno que estén trabajando para nosotros! Digo, para eso se les paga con recursos públicos y para eso hemos votado por ellos. No somos unos niños, no necesitamos ya de gobiernos paternalistas. Queremos información, datos, hechos.

 

Otro asunto de alarma son los presupuestos para este “adoctrinamiento”. Para darnos un ejemplo, en 2010, el Poder Ejecutivo gastó 4,720.4 millones de pesos en Comunicación Social y Publicidad; y según cifras del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, para 2012 planea gastarse 2,108.5 mdp (suficientes para construir dos hospitales de especialidades en las zonas más marginadas del país).

 

Finalmente, ¿saben para qué adoctrinaban a los niños de Un Mundo Feliz? Para que justamente fueran felices y no preguntaran ni pidieran cuentas como adultos. “Las personas son felices; obtienen lo que quieren y no quieren jamás lo que no pueden obtener […]. Ellas están condicionadas de tal manera que, prácticamente, ellas solo pueden portarse como se debe.” Déjenme colocar un último dato para acabar de convencerlos y terminar felizmente esta columna: México, según la Base de Datos Mundial de la Felicidad, era el séptimo país más feliz del mundo en 2010. ¿Habría entonces que exorcizar “la felicidad” en México?

 

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