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Res Pública
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
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Para pensar la violencia
Fundar realata en este blog cómo la guerra contra la delincuencia del gobierno federal nos hizo pensar de manera diferente sobre la vioñencia y cómo surgieron movimientos ciudadanos para pensar la violencia y generar alternativas
Por Fundar, Centro de Análisis e Investigación
24 de marzo, 2012
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Por: Ximena Antillón, investigadora del área de Derechos Humanos y Seguridad Ciudadana de Fundar.


A principios del 2011, tras cinco años de gobierno de Felipe Calderón y de la llamada “guerra contra la delincuencia organizada”, surgieron voces desde la sociedad civil que empezaron a cuestionar la estrategia del Gobierno Federal y sobre todo, permitieron pensar la violencia de una manera distinta a la lógica belicista oficial que explicaba la situación por el enfrentamiento de dos bandos, buenos contra malos, y los daños colaterales como un costo inevitable.

En enero del 2011, surgió la campaña “No más sangre” encabezada por un grupo de caricaturistas e intelectuales. Esta iniciativa fue importante por varias razones. Por un lado, reclamó un lugar para la sociedad civil con la intención de que participara en las políticas de seguridad, pasando por la definición de seguridad. También permitió hablar de los costos de la estrategia contra el crimen y dignificar a las víctimas, hasta entonces llamadas “daños colaterales”.

Esta campaña, si bien no duró mucho tiempo, puso sobre la mesa temas fundamentales sobre los cuales debemos reflexionar como sociedad: ¿Cuáles son los impactos en vidas humanas y destrucción del tejido social de la guerra contra la delincuencia? ¿Cuáles son los efectos políticos de este planteamiento belicista? ¿Realmente es la mejor manera de combatir a la delincuencia? ¿No sería más estratégico combatir el sistema financiero de la delincuencia?

Algunos meses después, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad convocó a cientos de víctimas y a miles de personas agraviadas por la situación de violencia. Este movimiento evidenció la situación de las familias, que encima del dolor por la pérdida de sus seres queridos, enfrentan la revictimización de las autoridades al buscar justicia o conocer el paradero de sus familiares desaparecidos.

Estas respuestas desde la sociedad civil sacaron a la luz un lado oculto de esta época sombría que vivimos en México: las consecuencias de la violencia de la delincuencia organizada y de la propia estrategia contra ésta, así como las violaciones a los derechos humanos en contra de los familiares que buscan verdad y justicia.

A la vez, el hallazgo de los cuerpos de 72 personas migrantes asesinadas o de fosas clandestinas, como las de San Fernando, nos hicieron empezar a dimensionar la magnitud de la violencia dada la crueldad en contra de personas que son reducidas a mercancías y los métodos que usa la delincuencia organizada para sembrar el terror.

En medio de este panorama desolador, las víctimas también nos dieron un mensaje de esperanza, al luchar por la justicia, al buscar a sus desaparecidos y al organizarse para formar redes y exigir sus derechos. En esta labor, las víctimas se exponen a riesgos para su seguridad que han desembocado en asesinatos, como el caso de Marisela Escobedo y Nepomuceno Moreno Núñez.

También las organizaciones de la sociedad civil, en particular las organizaciones de Derechos Humanos, alzaron su voz durante el 2011 para rechazar las reformas a la Ley de Seguridad Nacional que pretendía dotar de un marco legal a la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, y empezaron a generar espacios para pensar alternativas frente al paradigma de seguridad promovido por el Gobierno Federal.

De este modo, durante el año 2011 se abrieron espacios para pensar la violencia en los que la participación de las víctimas ha sido fundamental. Las víctimas no han planteado solamente su problemática, sino que en el fondo han cuestionado las bases éticas de la convivencia en nuestra sociedad y han reivindicado el valor de la vida frente a la lógica capitalista más extrema: la mercantilización de los cuerpos de hombres y mujeres.

Es urgente continuar pensando sobre la violencia, sus causas y consecuencias, para entender a qué nos enfrentamos y generar alternativas, conscientes de que cualquier esfuerzo desde la sociedad civil y el Estado deberá incluir la participación de las víctimas, sus experiencias y aprendizajes.

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