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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Carta a Miguel Ángel Mancera
Hoy usted, Miguel Ángel Mancera, parece empeñado en acabar con esa forma de ejercer el poder que caracterizó a sus antecesores del PRD. Hoy su gobierno va en caída libre. Una de dos: o no está tomando las decisiones correctas o no sabe comunicarlas.
Por Antonio Martínez
8 de octubre, 2013
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Estimado Dr. Miguel Ángel Mancera:

Ayer leí una encuesta sobre la percepción de los capitalinos acerca de su gestión y lo único que pude pensar es en el desperdicio de un buen capital electoral en tan poco tiempo. Apenas 43% aprueba su trabajo al frente de la jefatura de gobierno, lo cual contrasta con el 57% que decía hacerlo en febrero de este año. La aprobación a su administración ha caído 14 puntos en sólo ocho meses. Pero más preocupante es el crecimiento del número de personas que desaprueban su mandato: hoy lo hace el 48% de los defeños, en contraste con el 23% que lo hacía en febrero pasado.

Soy joven y simpatizo con la izquierda. El año pasado, junto con otros colegas fundé una corriente de opinión de la izquierda partidista, Democracia Deliberada. Creo en que la deliberación pública de la agenda política da mejores resultados a la democracia. Después de transitar por el antipartidismo, hoy pienso que es mejor participar formalmente en la política que hacerlo en el limbo de la “progresitud” y la “pureza” ciudadana, donde acaba uno por escuchar su eco en una caja de resonancia.

Como muchos capitalinos, no nací aquí. Hace casi cuatro años llegué a vivir al Distrito Federal. Soy de Tlaxcala. El D.F. es mi ciudad de adopción y en muchos sentidos ha sido para mí, literalmente, la ciudad de la esperanza. A diferencia de Tlaxcala, donde la transición política ha sido un chiste y hoy se gobierna como rancho porfiriano, la ciudad de México me brindó un espacio abierto y plural en el cual participar, discutir y disentir. Como tantos jóvenes de izquierda, creo que aquí es el lugar para ser y estar. La ciudad de México es sobre todo ejemplo y semilla de muchos de los debates políticos nacionales. Me tocó de cerca la discusión de la ley del matrimonio del mismo sexo y su pelea en la corte. Ante su aprobación lloré de emoción. A diferencia de otros estados del país donde la religión, los prejuicios y la política se confunden, aquí se pueden hacer cosas a favor de la diversidad y la tolerancia.

Desde 1997, los gobiernos de izquierda en la ciudad han generado un polo de poder distinto – y muchas veces opuesto – al del gobierno federal. Dieciséis años haciendo las cosas de manera diferente rinden frutos. Es cierto que Marcelo, Andrés o Rosario tuvieron incontables desaciertos, pero lograron exitosamente que el gobierno de esta ciudad tuviera vocación opositora. Y, sin duda, pusieron a esta ciudad a la vanguardia en temas de libertades y derechos para todos. En cambio, hoy usted parece empeñado en acabar con esa forma de ejercer el poder que caracterizó a sus antecesores del PRD o por lo menos no sabemos del todo sus posturas: sabemos tan poco hoy de Miguel Mancera como sabíamos durante la campaña y sin embargo, ganó con la mayor ventaja electoral de la historia del DF.

Intuyo que suceder a un gobernante tan popular como Marcelo —desde mi punto de vista sobrevalorado— no debe ser sencillo en términos de comunicación política. Ha de  ser complicado quedar atrapado políticamente en un espectro – la izquierda – donde ni siquiera milita. Más difícil debe ser poder negociar con una oposición que resulta ser el partido que le dio la jefatura de gobierno –el PRD– y desastroso gobernar sin una oposición que pese. El ejercicio del poder es quizá la profesión más solitaria que existe y quizá debe ser duro para usted tener que tomar decisiones frente al descontento creciente de la sociedad, ya sea por unas elecciones que no convencen, ya sea por las llamadas reformas estructurales, ya por apagar fuegos en todos lados.

Como sea, su gobierno va en caída libre. Una de dos: o no está tomando las decisiones correctas o no sabe comunicarlas. Si es lo primero, debe replantearse por completo el rumbo de una administración que hasta hoy parece errática y por momentos esquizofrénica. Si es lo segundo, entonces está usted a punto de entrar en lo que yo llamo el “síndrome Calderón”. En el sexenio pasado fue tan desatinada la comunicación social que el encono frente a la guerra contra el narcotráfico sepultó cualquier oportunidad de comunicar algún logro de la más bien mediocre administración calderonista; nunca se logró revertir la conversación o modificar los términos de referencia y percepción hacia Calderón y su gobierno. Hoy parece ir en ese camino.

Mi preocupación, créamelo, no es por usted, sino que en verdad creo que el Distrito Federal debe sobrevivir como un sistema cuya independencia estira las ligas del debate público. La ciudad de México, bajo su mando, no debe sucumbir a la temible agenda del gobierno de la República que parece empeñada en eliminar a la oposición, desvirtuar el disenso y estigmatizar a las minorías. Si el faro se apaga –si usted lo apaga– entonces el regreso de la “dictadura perfecta” parece inevitable. Señor Mancera, está usted a tiempo de dejar de ser el policía de la ciudad y hacer la política de la ciudad.

No es tan difícil. Sólo falta que usted ponga algo de voluntad política y que se tome en serio el contexto, el tiempo y la época. Falta que usted sea decididamente un gobernante con una agenda de izquierda y no uno incapaz de dejar la ambigüedad. Queremos una ciudad con una agenda nítida y contundente, nada más. Sólo sé una cosa: si esta experiencia llamada Ciudad de México, enloquecida e inconmensurable, se transforma de vuelta en el hoyo que era antes de 1997, usted será el responsable frente a una generación cada vez más activa en la vida pública.

Saludos cordiales

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