CensuraMEXta - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
CensuraMEXta
El gobierno mexicano mandó censurar, con la colaboración del gobierno estadounidense, el sitio de Internet 1dmx.org por considerar que ahí se encuentra un adversario político. Tendrá que dar su justificación para pedir que el sitio saliera de línea y una explicación pública del funcionamiento de sus áreas de inteligencia.
Por Antonio Martínez
5 de marzo, 2014
Comparte

Recuerdo pocos casos tan escandalosos de censura directa en los últimos años, probablemente ninguno de la magnitud de éste. El gobierno mexicano censuró, o mejor dicho, mandó censurar, con la colaboración del gobierno estadounidense, el sitio de Internet 1dmx.org por considerar que ahí se encuentra un adversario político. Si los adversarios políticos somos los que documentamos violaciones a derechos fundamentales, entonces pese a la retórica de héroes salvadores, nadie podrá salvarnos. Luis Fernando García, abogado del sitio presentó un amparo para que las autoridades expliquen detalladamente sobre el caso. Expongo a continuación algunas razones sobre la importancia de ejercer derechos en Internet.

Hace algún tiempo reflexionaba sobre la muerte de Internet. La idea de un espacio libre y con posibilidades creativas casi infinitas fue sustituida por la de por un campo minado en disputa contante. No murió materialmente, pero sí en espíritu. Cada vez son más las noticias relacionadas con la red que se vinculan a “cibercrímenes”, “ciberguerras”, “ciberseguridad” y cualquier otra palabra bélica precedida del “ciber”. Así hemos modificado nuestra forma de referirnos a Internet, ahora, controlados por este nuevo lenguaje, poco a poco desdibujamos el paraíso para migrar al infierno.

El lenguaje importa. Tantos años dejamos esparcir la idea de que la red era un “caos”, que hoy no son pocos los que se disputan su control desde los gobiernos. Internet es gobernado de manera colegiada y, con actores públicos y privados involucrados, es -como sabemos- un espacio privado con apariencia de público. Por ello no hay un presidente global de Internet aunque haya actores dominantes o que concentran los servicios en línea; en los hechos hay más concentración que dispersión. Sin embargo, la idea del caos fue mucho más poderosa, de modo que los Estados pugnan por controlar Internet en su totalidad. Como parte de las características propias del Estado moderno se encuentra el control de una infraestructura de comunicación (telégrafo o el espectro radioeléctrico).

Es posible afirmar que Internet ha sido el único acuerdo que ha puesto de manifiesto la crisis de los elementos del Estado. De ahí que la lucha por su control haya inaugurado también una ruptura entre algunas de las instituciones fundadoras del siglo XX como es el derecho de propiedad intelectual, que no es otra cosa que un monopolio otorgado por el estado a los privados, monopolio que se abusó sin control y generó la tragedia de las voraces corporaciones mundiales. En Internet lo que se le opone es el derecho a compartir de los individuos. La batalla cultural fue de tal magnitud que poco a poco ha modificado el comportamiento —por citar el único caso— de la industria de la música, aunque, como en México, haya algunos que sigan pugnando por la defensa del antiguo modelo.

Otro de los aspectos que transformó el imperio de Internet fue el de cómo concebimos la privacidad. Hay quien afirma que la privacidad murió en la era de las redes sociales, que la vorágine social de compartir todo lo que hacemos con el mundo hizo añicos cualquier posibilidad de comunicarnos de manera privada. También es posible decir lo contrario, el auge de los medios sociales reforzó nuestra esfera íntima y lo que hizo fue disipar el área gris entre lo que de todos modos es público, de manera que actuamos más públicamente (construimos metódicamente nuestra propia imagen) porque conservamos un grado de privacidad que nos brinda confianza. En todo caso se trata de una dimensión nueva (como un quinto estado de la materia) de la verificación del derecho. Esperamos pues tanta privacidad como cuando enviamos una carta en sobre cerrado por el correo de papel.

La libertad de expresión no pasa por un camino distinto. Internet ha ensanchado la esfera de ejercicio del derecho en su doble dimensión: la de expresarnos y la de conseguir información. De tal suerte que no sólo se ha hecho más fácil, sino que ha ampliado la base de personas que pueden expresarse y publicar sin intermediarios, así como la oportunidad de buscar, encontrar y recopilar  información como nunca antes.

Esta nueva dimensión para el derecho de libertad de expresión ha tenido consecuencias en distintos registros. La caída de los intermediarios ha puesto en crisis al periodismo. Hoy seguimos discutiendo cuál es el futuro en la era de la abundancia informativa. La explosión de datos orilló a los gobiernos y sociedad civil a sistematizar y proveer de manera ordenada esta información, al tiempo que discutimos el paradigma mismo de transparencia y rendición de cuentas. Por último, nos ha hecho replantearnos los límites sobre la expresión, antes establecidos por las fronteras nacionales y consensos mínimos internacionales y hoy esa dimensión que vemos mientras ejercemos el derecho nos hace preguntas sobre las consecuencias de límites globales.

De ahí que la batalla por Internet no se trate de una lucha menor, quizá sea la última oportunidad en algún tiempo de replantear los paradigmas actuales. Internet es un amplificador, expande por igual derecho y abuso, oportunidad y bloqueo, expresión y censura. De ahí que la irrupción de los Estados por su control resulte problemática: el Estado es naturalmente más poderoso que el individuo o partes de la sociedad, su versión amplificada deviene absolutismo. El absolutismo digital.

Todo lo anterior parece ejecutarse en un plano ajeno al de todos los días. Sin embargo los efectos prácticos de esta batalla cultural nos han alcanzado en México. El caso de la censura del sitio 1dmx.org es claro: usar las lagunas legales desde el Estado contra sus adversarios políticos. La censura acompañada de una persecución discursiva desde un Estado con sus facultades de poder amplificadas, transferidas y ejecutadas. Eso.

En el terreno nacional, la censura del sitio revela entre otras cosas la manera en cómo hemos construido el lenguaje para justificar esto: enmarcarlo en el tema de seguridad nacional. Este encuadre ha inoculado cualquier violación a derechos fundamentales durante la última década; este caso no es la excepción. La pulsión por controlar lo que pasa en las redes, lo dicho: no es que no entiendan la tecnología, es que no entienden la democracia. De ahí el “sospechosismo” generado por la Estrategia Digital Nacional que concentra y transfiere capacidades al gobierno para “mejorar” el uso de la red o, visto desde otro lado, amplificar el abuso; en términos positivos, las dependencias deberían alinearse frente a una estrategia nacional que pretende conectar, no romper. Además, en últimas fechas, reformas como el recién promulgado Código Nacional de Procedimientos Penales, tratados como el TPP y propuestas como la ley secundaria en materia de telecomunicaciones, apuntan a ampliar capacidades del Estado para la censura en los medios tradicionales y digitales.

En todo caso el gobierno tendrá que dar su justificación para pedir que el sitio saliera de línea y una explicación pública del funcionamiento de sus áreas de inteligencia.

El ámbito internacional nos plantea nuevos dilemas sobre la verificación de los derechos. El problema radica en que son particulares quienes actualmente deciden sobre cómo ejercemos derechos. Explico: el señor Zuckerberg o Dorsey deciden arbitrariamente cómo colaborar con el gobierno, qué significa libertad de expresión en sus redes, cuáles son sus mecanismos de censura, qué datos usan o no de las personas. Ellos no son responsables públicos por el manejo de un bien privado, su empresa, que tiene consecuencias públicas a partir del ejercicio de derechos. De tal suerte que por un lado se tiene una estructura legal que amplifica las posibilidades de abuso del Estado (en el caso de Go Daddy, las leyes de Arizona) y por el otro tenemos individuos que deciden de forma más o menos arbitraria (en función de la afectación de sus intereses económicos) qué derechos defienden o en cuáles permiten el abuso.

Nos encontramos en el peor de los mundos: la dimensión de ejercicio de derechos fundamentales fue ampliada gracias a una red que permite conectar personas entre sí, al romper este acuerdo con la censura, esa dimensión se contrae de manera irreversible. Internet murió y con él parte de nuestros derechos.

 

@antoniomarvel

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.