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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Contra el individualismo
¿Cuántas veces no hemos oído o leído durante estas semanas a personas que dicen: “dejen de marchar, pónganse a trabajar”, “basta de vandalismo, queremos paz”, “yo hago el cambio siendo un buen ciudadano”, “dejen de culpar de todo al gobierno y asuman su responsabilidad”? Quizá la pregunta tendría que ser ¿quién o cómo acabamos pensando de esta manera? ¿Por qué nos parece deseable que este tipo de ideas sean más populares que las de los “comunitaristas”?
Por Antonio Martínez
12 de noviembre, 2014
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El país se encuentra en crisis. Como pocas veces un tema se ha apoderado de la agenda nacional y ha traspasado esferas y estratos sociales. No es que antes no estuviésemos en crisis, es que ahora es palpable; nadie está ajeno a las desapariciones, detenciones arbitrarias o la criminalización de la protesta social. Nuestros puntos de contacto con el Estado son episodios violentos o autoritarios. Un Estado que no brinda justicia sin violencia, es un contrasentido.

Este tipo de crisis constituye el mejor momento para que los individualistas revelen sus ideas. Todos conocemos a una persona así. Son incapaces de entender magnitudes o complejidad de los procesos públicos, para ellas todo su universo se reduce a lo que les es “suyo”. Su optimismo lo convierten en religión y su ceguera individual en filosofía: “si yo estoy bien, todo cambiará” es su salmo.

¿Cuántas veces no hemos oído o leído durante estas semanas a personas que dicen: “dejen de marchar, pónganse a trabajar”, “basta de vandalismo, queremos paz”, “yo hago el cambio siendo un buen ciudadano”, “dejen de culpar de todo al gobierno y asuman su responsabilidad”, etc.? Seguramente más de una vez, seguramente en nuestras redes más cercanas (yo mismo acabé confrontado con una prima que anda en ese rollo). Quizá la pregunta tendría que ser ¿quién o cómo acabamos pensando de esta manera? ¿Por qué nos parece deseable que este tipo de ideas sean más populares que las de los “comunitaristas”?

La thatcherización social nos ha llevado a este punto. Pensamos que el gobierno es un lastre y que nuestra actuación individual transcurre en el vacío. Como si siendo buenos individuos y trabajando mucho se arreglaran los baches o Hacienda atendiera mejor; como si lo que sucede en Ayotzinapa o Xalapa o Chiapas no fuese mi problema. La consigna individualista es popular. No pocos comunicadores en radio o televisión o periódicos condenan las marchas alegando (aunque se trate de una falacia) la interrupción de su derecho a circular; jamás sobre las causas de la protesta, sus fines, el por qué sigue siendo un buen mecanismo de negociación en un país que excluye y anula ciudadanos, en donde sólo unos pocos tienen puertas de acceso al Estado. NO, lo importante es que “mi camioneta” no puede ocupar la calle.

Otros más sufren de un individualismo de corte negacionista. No solamente piensan que siendo “mejores y exitosos” todo va a cambiar sino que incluso parecen disfrutar vivir en una burbuja. Defienden ese espacio de “paz y tranquilidad” como negando que en la realidad se encuentra en amenaza constante porque el Estado abdicó de garantizarnos seguridad y ejercicio pleno de derechos. El ciudadano individualista anula al Estado y no comprende que el fortalecimiento de lo público, es decir, de lo común, le brinda una mayor fuente de bienestar (sólo si bienestar no lo entienden como “mi pantalla”, “mi camioneta”, “mi calle”).

Para enfrentar el desmoronamiento del país podríamos comenzar por exorcizarnos del individualismo, aunque sea un poquito (antes de que me acusen de chavista). Al hacer una reflexión sobre el ciudadano socialista, el filósofo David Peña lo ilustra con el siguiente párrafo:

“La visión del ciudadano socialista no es la de un tipo trabajando de sol a sol en absoluta soledad. Es —debería ser— la de una persona que trabaja para los demás a sabiendas de que los demás trabajan para uno. Es verdad que el retrato parece particularmente oneroso, pero uno no tiene que celebrar las condiciones laborales para simpatizar con lo que representan. Lo importante no es el sudor en la frente ni la voz en la asamblea, sino el reconocimiento de que, al menos a veces, hemos de hacer cosas muy a pesar de nosotros mismos. Porque una comunidad donde las personas no reconocen obligaciones entre sí no es una comunidad: es un desierto”.

 

@antoniomarvel

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