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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
De marchas, legalidad y capuchas
Las capuchas nada tienen que ver con cometer delitos. La libertad de expresión tiene límites clarísimos en la ley, y quienes defendemos el anonimato no defendemos la comisión de delitos; si alguien es sorprendido en flagrancia que se le detenga y se haga cumplir la ley y, sobre todo, el proceso: transparente, público y justo. No hay un nexo causal entre la capucha y ser delincuentes; si la autoridad no hace cumplir la ley y procesar a quienes la quebranten, es problema de la autoridad, no de las capuchas.
Por Antonio Martínez
26 de noviembre, 2014
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Las marchas del 20 de noviembre tuvieron como saldo a 11 personas detenidas y procesadas por delitos graves, que fueron remitidas de manera expedita a penales de alta seguridad en Veracruz y Nayarit. El gobierno ha dado un mensaje claro: protestar es desestabilizar y no se permitirá el descarrilamiento del gobierno. Paradójicamente la acción no demuestra poder sino que exhibe un gobierno débil que funciona en un Estado débil, donde la ley se aplica selectivamente.

Una discusión surgida por las marchas de las últimas semanas es sobre “los encapuchados”.  Los medios de comunicación impresos se han lanzado a trasladar cualquier responsabilidad de violencia a éstos. De la izquierda a la derecha, de los ignorantes a los más doctos, parece haber una fobia a las capuchas, a que la gente se manifieste y proteste encapuchada. Del otro lado, quienes hemos sufrido algún tipo de agresión por parte de la policía, también quisiéramos conocer la identidad de las fuerzas armadas que las portan.

Desde esos medios (que parecen funcionar como vocerías del gobierno) se sugiere que nos estamos acostumbrando a las capuchas, se escandalizan de quienes las portan para protestar, pero no de aquéllos que las usan para ejercer el imperio de la fuerza del Estado; un policía armado y encapuchado hoy es más violento que cualquiera de los llamados “anarquistas” e infinitamente más que los inocentes detenidos. Yo prefiero escandalizarme por los segundos que por los primeros. Es un problema de enfoque: donde unos equiparan el anonimato al terror, yo veo el anonimato como una salvaguarda a la opresión.

No perdamos el punto, las capuchas nada tienen que ver con cometer delitos. La libertad de expresión tiene límites clarísimos en la ley, y quienes defendemos el anonimato no defendemos la comisión de delitos; si alguien es sorprendido en flagrancia que se le detenga y se haga cumplir la ley y, sobre todo, el proceso: transparente, público y justo. No hay un nexo causal entre la capucha y ser delincuentes; si la autoridad no hace cumplir la ley y procesar a quienes la quebranten, es problema de la autoridad, no de las capuchas.

Por el contrario, tratar de poner una carga negativa a un tipo de vestimenta particular sí tiene efectos nocivos para el goce y ejercicio de los derechos de todos. El poder protestar como queramos es un derecho. El anonimato está protegido por la libertad de expresión, sí, es una forma de evitar los abusos de la autoridad: en gobiernos no democráticos y donde la ley no existe —y si existe es con fines de vigilancia masiva—, es la única manera de expresarse sin represalias (los derechos humanos son un piso mínimo que integra a los excluidos de los estados al ejercicio pleno de derechos), ¿Por qué pensar que ese es un problema? ¿Por qué trasladar la falta de Estado (para garantizar la expresión y para hacer cumplir la ley) al uso de la capucha?  Las fotos en los periódicos son reveladoras ¿Por qué los granaderos no detuvieron a los delincuentes? ¿Por la capucha? ¿O quizá porque no pueden aplicar la ley sin abusar de ella?

Pensemos bien por qué nos escandalizamos y las consecuencias que tiene. Hoy prefiero exigir que se cumpla la ley, defender el anonimato y la capucha como legítimas cuando se invoque la libertad de expresión y no se traspasen sus límites. Me asusta que la policía actúe como agentes de la violencia; su función, la función del Estado, es brindar seguridad ciudadana y no generar terror en la población.

Lo anterior me hace pensar en el llamado “pacto de la legalidad”. En principio parece un contrasentido trasladar a un espacio que no está sujeto a rendición de cuentas, aquello que YA está garantizado y ordenado en la Constitución. En segundo lugar, ningún pacto “por la legalidad” puede ser legítimo si no se comienza por reconocer la brutalidad policiaca en las últimas marchas, con reparar los daños a quienes se ha detenido de manera arbitraria y con la liberación inmediata de los 11 detenidos el 20 de noviembre.

 

@antoniomarvel

 

 

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