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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
'El Chapo' y los medios locales
Algunos medios locales, más cercanos a las disputas concretas de los cárteles, mantuvieron una postura crítica sobre las consecuencias de la detención de Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán, que bien pudo alertar sobre lo que vendría. Nadie sabe mejor lo que ocurre en Sinaloa o Mazatlán o Tijuana que los que viven y hacen periodismo allá.
Por Antonio Martínez
15 de julio, 2015
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Después de la detención de El Chapo, es evidente una crisis en los medios nacionales. La disputa entre la versión oficial y la opinión de los expertos hace casi imposible para un lector informarse con claridad sobre lo sucedido. Parece que todo es una novedad, sin embargo, los medios locales durante los últimos 16 meses no dejaron de reportar sobre el tema, quizá es porque tienen más pulso y sensibilidad. Aquí les dejo algo de lo que encontré en una búsqueda rápida.

El siguiente extracto es de una nota publicada en el Diario de Coahuila el 29 de mayo de 2014

—¿Piensa usted escaparse?— le preguntaron a El Chapo informalmente durante una diligencia en el penal de máxima seguridad del Altiplano hace unas semanas.

—Nooo— respondió con su marcado acento norteño. Ya vi y ahora sí está bieeen cabrón.

—Pues está bien cabrón por usted, porque usted se fugó— remató su interlocutor y los dos sonrieron.

La misma nota relata, presuntamente en palabras de El Chapo, la fuga de Puente Grande en el 2001, en la cual supuestamente el recluso salió por el sistema de lavandería. “Fueron los diez minutos más largos de mi vida”, relata El Chapo. Ya en el vehículo, se cambió de ropa y se fue a los estados del noroeste donde siempre ha tenido sus dominios. La nota termina con otro diálogo:

—¿Y cuánto pagó por su fuga?

—¿Que cuánto pagué? Nada. Sólo me pidió prestados 30 mil pesos una vez y otros 50 mil pesos tiempo después. De cuando en cuando nos vemos y nos seguimos diciendo compadres.

Pese a la espectacular detención, en los 16 meses que Joaquín Guzmán Loera estuvo preso en el penal del Altiplano, no fue el hombre más mediático. Los medios locales, más cercanos a las disputas concretas de los cárteles, mantuvieron una postura crítica sobre las consecuencias de la detención, que bien pudo alertar sobre lo que vendría. Principalmente sobre un punto: que nada pasó con las actividades cotidianas del grupo criminal.

El semanario Riodoce, por ejemplo, en el balance del primer año de detención, explicó que Iván Archivaldo, el hijo del Chapo, aunque sus funciones son autorizadas por Ismael “El Mayo” Zambada, controla el tráfico al menudeo en Culiacán. Y como en todo negocio la idea es reinventarse o morir, el auge de las drogas sintéticas ha llevado a los capos sinaloenses a invertir grandes cantidades en laboratorios clandestinos. Los mexicanos no tienen que importar la mercancía desde Colombia o Bolivia, por el gasto que eso conlleva.

El Semanario Zeta, de Tijuana, decía de ese primer año que “poco o nada ha cambiado en el mundo de las drogas, pues a pesar de que el capo se encuentra recluido en máxima seguridad, aún goza de su incalculable fortuna y el Cártel de Sinaloa opera con igual o mayor fuerza que antaño. […] Con excepción de las residencias que conectaban con el drenaje de la ciudad de Culiacán, por donde escapó Guzmán Loera días antes de su detención, y unos finos relojes que el personaje poseía el 22 de febrero de 2014, cuando fue arrestado en Mazatlán, no se tiene conocimiento de algún otro bien mueble o inmueble asegurado por parte de la Procuraduría General de la República (PGR)”.

Además, el Reportaje Zeta explicó lo tres objetivos de corto plazo de la condena en el Altiplano:

1.- Combatir los más de nueve procesos penales que enfrenta en Juzgados de Distrito del Distrito Federal, Estado de México, Jalisco, Nayarit, Baja California Sur y Tamaulipas.

2.- Promover hasta la fecha diez amparos contra la posible orden de extradición a la Unión Americana.

3.- Compurgar las tres sentencias condenatorias que ya tenía antes de fugarse el 19 de enero de 2001, del Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) Número 2 de Puente Grande, y que ya no son impugnables.

El verano de 2014, de acuerdo al periódico jalisciense El informador, varios presos de El Altiplano solicitaron amparos para no ser trasladados a otros penales de “alta seguridad”; en otras notas se indica que El Chapo tramitó este amparo a fin de no ser trasladado al complejo de las Islas Marías.

Tras la detención de Carlos Manuel Ramírez Hoo, quien fue aprehendido en febrero de 2014 junto con Guzmán Loera, la fundación Insight Crime indicó que “las declaraciones de Hoo Ramírez también desacreditan aún más la idea de que El Chapo representaba un tipo de narcotráfico más pacífico -su grupo no era conocido por la brutalidad sin sentido de los Zetas, ni por la gran dependencia a la extorsión y al secuestro común en otras organizaciones, pero la lista de rivalidades en las que estuvo involucrado es más grande que la de cualquier otro grupo en México. Su organización participó en guerras de alto perfil en Sinaloa, Durango, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, cinco de los estados del norte más asediados por la violencia. Lejos de ser un empresario de vieja escuela que merecía el apoyo tácito de la presidencia, Guzmán pudo haber sido el generador más grande de violencia de la nación”.

Recibida el 25 de febrero de 2015, los internos del Altiplano, entre ellos el Chapo, mandaron una queja a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El periódico El Noreste reproduce el facsimilar del que aseguran tiene copia el diario de Nayarit. En el escrito se advierten algunas notas que pudiesen ser contradictorias de la versión oficial sobre la fuga. En primer lugar se habla de hacinamiento en las celdas: en aquellas donde debería haber dos reos se encuentran tres. En segundo lugar, se señalan posibles actos de corrupción por parte del director del penal a cambio de “prebendas a los presos”. En tercer lugar, se habla de la vigilancia de la CNDH y de “otras instituciones”, ocasiones en las que, de acuerdo con los presos, se ocultaban todos estos defectos. En este sentido, como se reportó en los medios locales, “de acuerdo con el informe más reciente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del 2009, referente a los Ceferesos en el país, el Altiplano, ubicado en Almoloya de Juárez, Estado de México, cuenta para la seguridad interior con tres grupos de 100 elementos cada uno. Directivos del centro de reclusión de máxima seguridad expusieron que se requieren por lo menos 50 elementos más por cada uno de los tres grupos”.

Con esta información, ¿por qué nadie hizo nada? ¿Por qué las instancias involucradas no actuaron conforme a sus obligaciones? A la luz del constante reporteo de los medios locales, podemos pensar que todo esto parecía inevitable. Quizá la propia velocidad de los medios nos hace perder perspectivas y datos, la comprensión de la realidad mediada por la aceleración vertiginosa. Queda también el despojo del chilangocentrismo: nadie sabe mejor lo que ocurre en Sinaloa o Mazatlán o Tijuana que los que viven y hacen periodismo allá.

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