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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
El delirio de la “villa ciudadana”
No me considero un “antidatos”, por el contrario, estoy consciente del poder transformador de estas herramientas para la vida de las personas y el quehacer gubernamental, más herramientas tecnológicas son mejores políticas públicas. Sin embargo, creo que pueden tener consecuencias contrarias a sus fines, por ejemplo, inhibir la capacidad de las personas para solicitar datos y, por tanto, neutralizar a quienes buscan en ese mar de datos historias políticamente sensibles.
Por Antonio Martínez
9 de octubre, 2014
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El pasado primero de octubre se llevó a cabo la segunda Conferencia Regional de Datos Abiertos en América Latina y el Caribe. La sede fue la fastuosa Biblioteca de México, el ánimo era entusiasta y desbordado, los discursos inaugurales sugerían una infinita gama de posibilidades para “cambiar al mundo con datos”. En contraste, de un tiempo para acá, soy escéptico de las ideas basadas en la ingenuidad política de los “emprendedores”, “hacedores” y “agentes de cambio” (hoy convertidos en edecanes gubernamentales). Pasé todo el día escuchando las conferencias que no lograron convencerme; incluso un amigo me recomendó —como antídoto contra mi pesimismo— el libro Citizenville del exalcalde de San Francisco, Gavin Newsom.

Debo confesar que no me considero un “antidatos”, por el contrario, estoy consciente del poder transformador de estas herramientas para la vida de las personas y el quehacer gubernamental, más herramientas tecnológicas son mejores políticas públicas. Sin embargo, creo que pueden tener consecuencias contrarias a sus fines, por ejemplo, inhibir la capacidad de las personas para solicitar datos y, por tanto, neutralizar a quienes buscan en ese mar de datos historias políticamente sensibles. Combato, sobretodo, ese discurso ambiguo y despolitizado, celebratorio de la explotación laboral de programadores que crean soluciones para los problemas públicos (que de paso viene acompañado con una confusión sobre lo público y sobre el gobierno).

Leí Citizenville esperando que Ricardo Raphael tuviese razón: que mi pesimismo rampante no me permite ver todas esas fabulosas ventajas. Del libro, Bill Clinton ha dicho que: “hace un caso fascinante de un gobierno más comprometido, transformado para afrontar los retos y posibilidades del siglo XXI, y en el que la tecnología aporta herramientas fundamentales de nuestra democracia a sus ciudadanos como nunca antes”. A diferencia de Bill, yo quedé aterrado por este nítido retrato de una clase dispuesta a concluir con cualquier disputa política.

El argumento de Newsom se sostiene de por lo menos tres ideas (que realmente no se advierten entre tantas serpentinas y confetis): 1) el sistema actual está caduco y hay demasiados “revoltosos”, 2) el gobierno es un estorbo (y aquí se adivina el tono libertario que recorre todo el libro) y 3) debemos reducir lo político a lo local. Pensemos en las consecuencias prácticas de este programa y descubriremos que los retóricos de la “sociedad abierta” nos guían como el flautista de Hamelín a las indeseables ratas.

En primer lugar, el sistema actual no es necesariamente el mejor, de hecho se encuentran fisuras y abismos por doquier. Existe una crisis del Estado palpable en muchos rubros, sin embargo para el exalcalde de San Francisco todo se debe a la burocracia (¿?) y todo puede ser resuelto sustituyendo a ésta con alguna app que —de hecho— privatice la relación de los ciudadanos con su entorno. Todo basta con regalar unos “dólares de innovación” (o innobucks como los llama Newsom) para que la participación se dé por generación espontánea.

Para los libertarios como Newsom (pese a que él mismo es demócrata) el gobierno siempre estorba. Su ideología está matizada. Disfraza su odio al gobierno con lo que Morozov llama “solucionismo”; esto es, la tendencia a justificar reformas de las instituciones sociales y políticas invocando la fácil disponibilidad de soluciones tecnológicas en lugar de mediante la participación en un verdadero análisis de lo que está en crisis en dichas instituciones y cómo solucionarlo. No solamente esto, sino que en el tono y ejemplos de Newsom hay un desprecio a procesos naturalmente democráticos como la deliberación (porque no es “eficaz”) y la disputa política por lo público (porque esta nueva clase es alérgica a “lo político”, término que ellos mismos ayudar a pervertir al intercambiarlo con “la política” y no como sinónimo de lo público).

Por último, hay líneas que merecen preocuparnos si tomamos en cuenta que gobiernos como el mexicano han comprado toda esta agenda sin matices o contrapesos. Dice Newsom: “la participación ciudadana en el siglo XXI no será acerca de las elecciones parlamentarias y presidenciales; será acerca de la participación personal en los niveles más locales. . . . Se tratará de personas que se organizan”. ¿En serio? Lo que se quiere decir es que la representación política (por pasar por un proceso ineficiente y anticuado, o sea, la democracia) es obsoleta –cosa que me preocupa sobremanera; necesitamos más y mejor representación, no menos. Si ya no importa ni esto ni ningún fenómeno local sino lo que pase en tu cuadra, entonces la imaginación política se verá reducida a la nada. En un ensayo reciente he postulado que ni esos ciudadanos “organizados” (¿exactamente para qué?) ni los gobiernos, “están dispuestos a discutir cómo pactar un nuevo contrato social cuyo centro de gravedad sea la realidad digital”.

Como dice un querido amigo, “salvemos la ciudad un asado en la azotea a la vez”.

Mi la lectura no disuadió mi pesimismo. Pienso de nuevo en el mensaje que #ConDatosMX envía a ese mundo de “la sociedad abierta” y “los emprendedores”, uno que es un guiño a una millonaria industria pero también a una ideología: en México el gobierno logró cooptar a todos, aquí la democracia ya no se tratará de elecciones presidenciales sino de participación personal, individual. Quien no “participe” quedará excluido de la democracia versión Citizenville.

 

@antoniomarvel

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