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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
El Marco Civil, un modelo para copiar
A diferencia de la experiencia brasileña, aquí todo parece un catálogo de temas inconexos: así el gobierno es capaz de justificar la censura en la red y simultáneamente promover una política de datos abiertos.
Por Antonio Martínez
28 de marzo, 2014
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Esto no es un artículo más de la serie Brasil vs. México que parece inundar la conversación pública de cuando en cuando. O quizá sí. En Brasil fue aprobada una ley que los medios han bautizado como la “Constitución de Internet”, el Marco Civil. El proceso no fue corto, pero nos puede dar una idea de la complejidad en las discusiones e intenciones. El primer contraste: en México no estamos pensando —en materia digital— en nada parecido, la idea de una Constitución nos refiere a normas fundamentales y completas, de largo alcance; lo que tenemos son un puñado de adiciones o reformas legales que no tienen un sentido ni claro ni único.

En octubre de 2011 se presentó una propuesta llamada “Marco Civil”. Esta iniciativa de ley impulsada por el Ministerio de Justicia de Brasil, en conjunto con el Centro de Tecnología y Sociedad de la Fundación Getulio Vargas, planteó un modelo distinto para crear leyes sobre Internet. En aquel entonces, visto desde Estados Unidos, el Marco Civil se veía como una “ley anti-ACTA” (Acuerdo que se negociaba secretamente por esos años) que se centraba en por lo menos 4 ejes rectores: a) garantizar la libertad de expresión y pensamiento, incluyendo una reforma al régimen de propiedad intelectual que partiera de las personas b) protección a la privacidad de los usuarios, c) protección de los datos personales y d) preservar la neutralidad de la red.

La propuesta original del Marco Civil representaba un verdadero cambio de paradigma en una discusión inacabada: cómo debe actuar el Estado frente a Internet —debate que inauguró, desde mi punto de vista, una dimensión completamente nueva de interacción social y ejercicio de derechos. La discusión y planteamiento fue igualmente novedoso: convocó durante los dos años previos a su presentación, los últimos años de Lula (2009-2010), a todos los sectores sociales de Brasil a deliberar la propuesta. Participaron 2 mil personas en mesas de trabajo que incluyeron a ciudadanos, organizaciones de la sociedad civil, universidades, despachos legales, proveedores de servicios de internet e industria. Además se creó una plataforma en línea para la ampliar la participación.

El camino que recorrió el Marco Civil en el Congreso brasileño no fue fácil. El arribo de Dilma al poder había cambiado parte de la configuración política del país que era favorable al proyecto en los años que se planteó. Primero, como lo explicó Pedro Paranaguá, el nuevo gobierno de Rousseff hizo modificaciones (diciembre de 2011) que de alguna forma desdibujaban el espíritu original que preveía caminar por un rumbo distinto al imperante en materia de propiedad intelectual en internet. Aun así, las discusiones legislativas continuaron.En noviembre de 2012 parecía que se había quedado en la congeladora por el cabildeo de las industrias afectadas en sus monopolios intelectuales.

En diciembre de 2012 se organizó el Congreso Global de Propiedad Intelectual e Interés Público en Río de Janeiro, al que fui invitado. La agenda que discutimos allí tenía que ver, entre muchos otros temas, con sacar al Marco Civil del estancamiento en el Congreso. Acordamos una campaña de organizaciones a nivel global en el que enviamos cartas al gobierno de Dilma y al Congreso. Debo decir que allí se sentía cierto desánimo de los impulsores de esta ley modelo.

Tuvo que pasar el turbulento 2013 para que el Marco Civil fuera aprobado en una versión bastante parecida al planteamiento original. Y digo “tuvo que pasar” porque las revelaciones de Edward Snowden encendieron focos rojos en todo el mundo. En Brasil, DilmaRousseff había sido espiada por el gobierno de Obama así como industrias clave de la economía brasileña. La presidenta no dudó en jugar a 3 bandas: 1) llevar el tema a la ONU y plantear un “Internet autónomo”, propuesta políticamente llamativa pero que técnicamente acabaría con Internet al balcanizarlo, 2) revivir y acelerar la aprobación del Marco Civil para tener un buque insignia y 3) Organizar uno de los foros de gobernanza de Internet más ostentosos de los últimos años: NetMundial, el próximo mes de abril.

El Marco Civil aprobado tiene pocas previsiones de privacidad, las cuales serán discutidas y modificadas en votaciones distintas dentro del congreso brasileño, por otro lado da un importante paso para proteger la neutralidad de la red con un principio general de protección. También conserva un enfoque progresista en el ejercicio de derechos: fuerte protección a la libertad de expresión en línea, principios de interoperabilidad, el uso de estándares abiertos y tecnología abierta, accesibilidad y la preservación de un modelo multistakeholder para la gobernanza. Además sienta las bases para una reforma de propiedad intelectual que parta de las personas y sus derechos y no de la defensa a los monopolios culturales.

Como sabemos ACTA fue rechazado en el verano de 2012 por el Parlamento Europeo; ahora el Marco Civil ha logrado salir de la congeladora legislativa en Brasil. Ambas cosas producto de una participación activa de la sociedad civil y a agentes gubernamentales dispuestos a incluir, de procesos decididamente democráticos.

A la luz de estos procesos, la Estrategia Digital Nacional, dirigida por Alejandra Lagunes, queda como una farsa con visión puramente de negocios. A diferencia de la experiencia brasileña, aquí todo parece un catálogo de temas inconexos: así el gobierno es capaz de justificar la censura en la red y simultáneamente promover una política de datos abiertos. Mientras en Brasil se pensó en un proceso transformador, aquí se ve como un asunto de reflectores. La reforma en telecomunicaciones atenta decididamente contra el discurso digital del gobierno federal (mutila la neutralidad de la red y permite vigilancia en la red) y a nadie dentro del gobierno le escandaliza.

La noticia de aprobación del Marco Civil y su historia nos dan una pista para lo que viene: se requiere de una participación social intensa, clara en objetivos y concreta en batallas. Los problemas de la red nos alcanzaron, el gobierno censura páginas de Internet al mismo tiempo que crea marcos legales para seguir haciéndolo. El gobierno mexicano negocia el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) que contiene disposiciones similares a las de ACTA. La reforma de telecomunicaciones pone trabas a un entorno más democrático de medios e infraestructura. La maquinaria estatal nos pone de rodillas y a actuar a marchas forzadas cuando, como demuestra el caso brasileño, lo que se necesita es tiempo, claridad y deliberación masiva.

 

@antoniomarvel

 

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