Enfrentar al Frente Nacional por la Familia - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Enfrentar al Frente Nacional por la Familia
A la ola conservadora hay que enfrentarla desde lo público. Y la disputa política es sobre cómo y quién disfruta de lo común, cuál es la forma de distribución de esos bienes a los que, en principio, todos pueden acceder.
Por Antonio Martínez
20 de septiembre, 2016
Comparte

El próximo 24 de septiembre, el Frente Nacional por la Familia ha convocado en la Ciudad de México a la marcha nacional en defensa de la familia “natural”. En la jornada del 10 de septiembre, el Frente aseguró que en los estados marcharon poco más de un millón de personas. En los medios de comunicación la confrontación entre los simpatizantes del Frente y sus detractores ha ido creciendo. Probablemente no veíamos esta ola mediática desde los años 2009-2010, cuando la “Ley Razú” (impulsada por Marcelo Ebrard) que legalizó el matrimonio igualitario en la Ciudad de México fue aprobada en la ALDF y después la Suprema Corte la declaró plenamente constitucional. El tema se ha ido extendiendo en los estados al hacer uso de los amparos y se han roto algunas de las barreras legales para el ejercicio de derechos.

Hoy ya nadie se acuerda de Ebrard. El enemigo del Frente es Enrique Peña Nieto y las reformas propuestas al artículo cuarto de la Constitución, que reconoce explícitamente que no se puede discriminar en el acceso al matrimonio y al código civil federal. El Frente ha logrado articular la conversación mediática, así como a distintos grupos en los estados que salieron a las calles. Todo este ensamble se ha basado en la proliferación de mentiras: desde el disparate de que los niños se vestirán de niñas hasta la tontería de la “ideología de género”. Sus argumentos tienen como destino la pérdida: no solo no tienen la razón, sino que legalmente están desamparados.

Sin embargo, sus consignas parecen seducir a una parte de la sociedad que no alcanza a comprender la lógica en la defensa de los derechos de las minorías. Defenderlos significa contrarrestar (de a poco) el sistema de desigualdad en el que vivimos. Como ha dicho Claudio Lomnitz: “imaginar que la lucha por estos derechos es una de importancia menor, o incluso que pueda ser una distracción frente a los supuestos verdaderos problemas, termina siendo un gesto desesperado de los grupos dominantes por aferrarse a sus pequeñas prerrogativas”.

Vivimos en un Estado que es al tiempo ausente y cruento. Ante la violación sistemática de los derechos humanos en el país, la derecha logró reunificarse –hasta tomar las calles— y secuestrar el discurso: resulta que para ellos la obligación de la protección de derechos se entiende como el privilegio de los criminales. No solo eso, pese a ser los perseguidores por excelencia, hoy acusan que sus ideas están perseguidas; resulta que, a pesar de su silencio en torno a la censura, hoy su libertad de expresión importa como la de nadie (libertad que en otro contexto equipararían con una prerrogativa criminal).

El avance de esta ola conservadora no ha sido gratuito. El activismo gay –cuando menos el urbano con acceso a medios— ha centrado su defensa en elementos propios de la esfera privada. Por un lado, aquello que apela al hogar —“yo también tengo una familia”— y por el otro, lo que señala a los sentimientos —“el amor es amor”—. Este tipo de argumentos solo son atractivos para quien ya tiene ciertos privilegios como una casa, una familia (casarse y mantener un hogar es caro) y una red de protección social. Además, este relato desincorpora al Estado y su función principal de distribuidor de derechos.

Al despolitizar la causa, es decir, al no cuestionar las condiciones materiales en la que estos derechos operan, la agenda LGBTTTI se encuentra en un impasse. En el fondo se trata de una disputa por lo público y no tanto de lo que disfrutamos en privado (nuestros privilegios). La disputa política es sobre cómo y quién disfruta de lo común, cuál es la forma de distribución de esos bienes a los que, en principio, todos pueden acceder. En suma, esos espacios comunes debemos construirlos en conjunto, politizar las batallas de libertad e igualdad, hacer pedagogía cívica fuera de nuestros círculos. La meta: que esas mayorías que hoy protestan encuentren un mejor proyecto de país en la recuperación de lo público, que el que la iglesia y la derecha les ha ofrecido.

 

@antoniomarvel

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.