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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
¡Fake news everywhere!
Todos lo periodistas que detestan al presidente Trump no le hacen ningún favor a su causa si exageran de esta manera las notas al respecto.
Por Antonio Martínez
27 de abril, 2017
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Las noticias falsas existen desde que existe el lenguaje. La subjetividad de la mirada crea distintas versiones de lo que sucede; la memoria, en mucha ocasiones, es construida con retazos de ficción. Lo que llamamos civilización no es otra cosa sino una convención de ciertas “verdades” como la existencia del Estado, la democracia, cultura, la ley y los derechos humanos. Esas verdades siempre tienen la posibilidad de caducar o estar en disputa –basta recordar que hay tratados y libros “científicos” de la época explicando el geocentrismo. La aparición de la prensa significó la normalización de esa batalla constante para normar la conversación pública. Sin embargo, los medios siempre han representado visiones particulares que refuerzan más que dañan la democracia. Alexis de Tocqueville en La democracia en América, lo reflexionaba así:

Cuanto más iguales se hacen las condiciones, tanto más débiles son los hombres individualmente, con tanta más facilidad se dejan arrastrar por la corriente de la multitud y más trabajo les cuesta mantenerse solos en una opinión que ella abandona. El diario representa a la asociación y puede decirse que habla a cada uno de sus lectores en nombre de todos los demás; los arrastra con tanta más facilidad cuanto más débiles son individualmente. El poder de los diarios debe, pues, crecer a medida que los hombre se igualan.

La era digital no ha hecho sino reforzar este modelo. No es que un día todo era verdad y al otro todo “fake news”, sino que la disputa por la verdad se hizo más evidente en cuanto una figura de alto perfil público, Donald Trump, comenzó a denunciar cómo “era perseguido” por la prensa. Desde entonces todo es “fake news”, incluso lo falso es verdadero y viceversa. “La verdad” en los medios es poco más que la suma de una serie de relatos en disputa que reflejan las relaciones de poder existentes.

Para el periodismo representa un problema externo a su actividad. Es decir, en la naturaleza del periodismo no se encuentra una proclividad particular a emitir información falsa, es posible hacerlo, sin duda, pero siempre han existido controles públicos al respecto. De allí la existencia de las leyes antidifamación o de delitos contra el honor, que han servido para contrarrestar ciertos excesos del periodismo pero también como mecanismos de censura.

Internet es una infraestructura que tiene naturaleza y objetivos distintos a los de la radio, la prensa y la televisión. Transportar información de un lugar a otro de la forma más eficiente posible. Cada persona conectada a la red envía y recibe datos/información y con ellos se construye una esfera hueca con terminales infinitas. La web, el servicio que corre encima de internet, permite tener una interfaz gráfica e inteligible de esa transmisión de datos. Las redes sociales son simuladores de espacios en donde es posible compartir y obtener información y conversar con conocidos y desconocidos.

Las redes son, también, un amplificador de discursos que aumentan las capacidades de habla de ciertos actores y no logran, aunque así lo publiciten, igualar la de los excluidos de la conversación pública. Por ello el problema de las noticias falsas resulta más problemático en internet que fuera de la red. Dicho lo anterior, no deja de ser revelador que el concepto se use como un atajo para evadir la discusión de las causas de la encarnación actual de este fenómeno.

¿Cuáles son estas causas? Principalmente dos: un modelo de financiamiento mediático dependiente de corporaciones y relaciones públicas (¡no hay mayor “fake news” que los publirreportajes!) y la reticencia a transparentar el sesgo político de cada medio. Mientras el sesgo siga siendo vergüenza y la exageración/mentira negocio, difícilmente nos libraremos de este problema.

No es la única forma en que se usa el tema de las “fake news”, este ha sido explotado hasta el cansancio para que los medios se ataquen entre sí. Quienes han sacado mayor provecho de esto son los medios más establecidos como The New York Times o The Washington Post. Hacer “fact checking” y señalar las faltas de otros medios incrementa su “calidad moral” para modular la conversación pública. Aunque no está demás recordar que uno de los casos más ilustrativos de cómo una noticia falsa impacta a la población provino, precisamente, de estos medios cuando una y otra vez difundieron la noticia de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Años después supimos que se trató de un montaje del gobierno estadounidense.

En la era Trump el comportamiento de los grandes medios ha sido, irónicamente, el de confirmar las creencias del enloquecido magnate. La cobertura, que a veces raya en lo violento, no ha ayudado a entender la presidencia de Trump y mucho menos a entender las condiciones que lo hicieron ganar. Por el contrario, el efecto que parece tener es el de separar más radicalmente a los ciudadanos y sus opiniones.

Aquí uno de los ejemplos más recientes. Durante la campaña presidencial, Kashiya Nwanguma, Molly Shah y Henry Brousseau asistieron a un mitin de Donald Trump con la intención de protestar. Trump dijo desde el micrófono que sacaran a los inconformes e hizo un discurso acerca de lo políticamente incorrecto que sería decir que, por ejemplo, los golpearan, y que la prensa exageraría el asunto. Estas personas demandaron a Trump y una corte federal tiene pendiente el caso.

La denuncia acusa a Trump y a su campaña de agresión, e intenta darle la vuelta a una clara cuestión relativa a la Primera Enmienda al argumentar incitación a la violencia. Hay un número muy pequeño de muy limitadas excepciones a la Primera Enmienda. Esas excepciones son definidas estrechamente, de tal manera que, a menudo, no significan lo que se podría pensar que significan coloquialmente. En este caso, lo que los demandantes están apuntando es que Trump estaba incitando a una acción ilegal inminente. A la luz de los precedentes de la Corte estadounidense, difícilmente se podría establecer una conexión entre el “sáquenlos de aquí” de Trump y las agresiones sufridas; para penar a Trump, el precedente detalla que el discurso debería incitar a una acción ilegal inminente activada por ese discurso concreto.

Muy difícilmente una corte fallaría en contra de la Primera Enmienda por un caso como este y más difícilmente resulta que un discurso alcance ese nivel de precisión para ser censurado. Así que los abogados de Donald Trump pidieron que el caso se desestimara. El juez rechazó la moción; sin embargo, esto no significa que las alegaciones en la demanda son verdaderas. El juez simplemente está diciendo que los hechos en la queja del demandante cumplen con el mínimo para ser considerados en el fondo, es decir, decidir o no si el discurso de Trump fue ilegal.

Para la corte de apelaciones, los abogados de Trump han cambiado de argumento; solicitan resolver lo siguiente:

(1) Si la Primera Enmienda protege el discurso de campaña del Sr. Trump como una cuestión de derecho, o si el discurso cae dentro de la estrecha categoría de expresión que puede ser objeto de censura por “incitar a un motín”

(2) Si la Primera Enmienda impide que un orador sea responsable por negligentemente hacer que otros se involucren en violencia. Además han argumentado que bajo los términos del derecho de asociación que se desprende de la Primera Enmienda, el mitin es un evento privado en el que sus asistentes están ahí precisamente porque creen lo mismo y, por lo tanto se tiene todo el derecho de excluir a quienes no lo hacen. Los sindicatos, las iglesias o a las asambleas de los partidos políticos operan bajo esta lógica.

Las notas de la mayoría de los medios, sin embargo, reportaron de la siguiente manera: “los abogados de Trump dicen que no se puede protestar en su contra”. Algo totalmente falso pero altamente viral en tanto que empata con la visión de un ignorante dictadorzuelo rubio e inmaduro. Las noticias falsas son una serpiente que se muerde la cola. Todos lo periodistas que detestan al presidente no le hacen ningún favor a su causa si exageran de esta manera las notas al respecto de Trump. De hecho, realmente sirve para validar las afirmaciones de los partidarios de Trump de que la prensa está sesgada contra el presidente.

 

@antoniomarvel

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