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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
#LeyBeltrones: el efecto Cantoral-Manzanero
En la era de los nostálgicos, la mejor apuesta es pugnar por espacios de discusión abiertos y públicos donde valgan todas las opiniones de manera igualitaria. Sólo así podemos pensar en un cambio integral al régimen de propiedad intelectual que no beneficie a unos muy pocos y donde “libre” sea la norma y no la excepción. Donde lucrar con las ganancias de uno no signifique el abuso en los derechos de muchos.
Por Antonio Martínez
9 de diciembre, 2013
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Hace unos días el diputado priísta Héctor Humberto Gutiérrez de la Garza presentó una iniciativa de ley con distintas reformas al régimen de propiedad intelectual en México. Conocida en la red como la #LeyBeltrones (aunque el propio Manlio parece haber retirado su apoyo) esta iniciativa no pasa la prueba de la constitucionalidad ni un test de Derechos Humanos. Si bien es más flexible para los autores y pone un lenguaje tendiente a hablar de excepciones y limitaciones al uso de la propiedad intelectual, no le alcanza para ser una buena ley.

Escribo esto desde Ciudad del Cabo, donde el día de este lunes 9 de diciembre comenzó el tercer Congreso Global sobre Propiedad Intelectual e Interés Público. El evento durará toda la semana y como lo dijo en la inauguración Tobias Schonewetter, director de la unidad de propiedad intelectual de la escuela de leyes de la Universidad de Cape Town, uno de los objetivos será encontrar cómo conciliar los intereses privados y público cuando hablamos y discutimos de propiedad intelectual.

El derecho de propiedad intelectual es el monopolio temporal que brinda el Estado a los privados para explotar sus ideas-creaciones. Es de creación más o menos reciente (si partimos de la Convención de Berna de 1886) y se trata probablemente de una de las instituciones que le dio forma al siglo XX: Disney, Hollywood, Ford, Monsanto y un largo etcétera tienen como piedra fundacional la propiedad intelectual. Es probablemente el espacio donde los intereses privados más han influido públicamente en los asuntos de interés público. Probablemente en el siglo pasado lo que era bueno para Disney lo era para todos, hoy ya no.

El cambio de siglo significó también una ruptura cultural gracias a Internet. Los medios de producción y difusión de la cultura entraron en el terreno líquido y el de las copias. Esto desestabilizó a las industrias que ostentan estos monopolios (particularmente en el terreno de la música y el cine) y con ello una andanada de leyes tendientes a controlar lo incontrolable: el comportamiento humano basado en la imitación, nuestro derecho a compartir magnificado por la conexión directa entre personas en el entorno digital. Advierto la misma debacle el día que se puedan imprimir coches masivamente en impresoras 3D (aunque espero que antes suceda el fin del imperio del automóvil).

En el Congreso Global de Propiedad Intelectual precisamente abordaremos esta temática, el contexto en el que se encuentra y a partir de éste, posibles soluciones a un claro conflicto de intereses aparentemente irreconciliables: el privado y el público. Los temas son variados, desde el acceso a las medicinas (donde los gobiernos parecen empeñarse en defender los intereses de, por ejemplo, Pfizer, en lugar de las condiciones en que las personas con poco poder adquisitivo pueden acceder a medicamentos) hasta los recursos educativos de libre acceso y desarrollo. Es el segundo año que asisto a la conferencia y lo más interesante es la posibilidad de cambiar el tono en que se discute la propiedad intelectual a nivel global, regional y local.

En el caso de México existe poco debate al respecto. Durante décadas los creadores beneficiados del régimen priísta modificaron la ley a su antojo con ausencia de la deliberación pública de todos los sectores interesados. El IMPI ha fungido como una agencia de colocación de los intereses de las corporaciones (de Jorge Amigo a Miguel Margain) y no como una institución tendiente a buscar el equilibrio en los intereses en conflicto. Sobra decir que nadie del IMPI se encuentra en el Congreso. Los gestores de derechos de autor tienen su cuota en las listas plurinominales del PRI casi siempre, en esta ocasión es el diputado Gutiérrez. Manipular las leyes siempre les ha sido fácil quizá hasta ahora.

En los últimos años se ha extendido el debate de la propiedad intelectual en México. La oposición a ACTA generó una masa crítica más informada y consciente de los efectos de estas regulaciones en la vida de las personas. Hoy Roberto Cantoral y Armando Manzanero ya no pueden convencer con sus argumentos nostálgicos-sentimentalistas a una opinión pública que probablemente no sabe distinguir entre sus canciones y las de Belinda.

El contexto importa. En nuestro país existe hoy un contexto distinto al de hace unos años. Hoy es otra vez importante hablar de estos temas: la infame #LeyBeltrones, las negociaciones de México en el TPP, la Estrategia Digital Nacional, el debate sobre espionaje gubernamental en el mundo así como el curso de otros tratados multilaterales similares al TPP, nos colocan en un contexto donde debemos discutir la pertinencia de una reforma integral a nuestro régimen de propiedad intelectual: derechos de autor, marcas, patentes; una reforma que no copie (la paradoja) modelos que no se adecuan a nuestra realidad, sino trabajar en un esquema local que responda a retos globales. Es decir, quizá podamos aprender más de Tepito que de Hollywood.

En la era de los nostálgicos, la mejor apuesta es pugnar por espacios de discusión abiertos y públicos donde valgan todas las opiniones de manera igualitaria. Sólo así podemos pensar en un cambio integral al régimen de propiedad intelectual que no beneficie a unos muy pocos (y que claramente no ha servido en sus propósitos) y donde “libre” sea la norma y no la excepción. Donde lucrar con las ganancias de uno no signifique el abuso en los derechos de muchos.

La foto que vimos de Manzanero, Cantoral y Dulce sonrientes con el diputado Gutiérrez justamente representa lo contrario. Ni preguntar cuánto dinero gastado en cabildeo hay detrás (ni se puede saber). Las consecuencias de su idea de cultura aferrada al siglo XX lejos de ayudar, es un obstáculo para un amplio debate sobre nuestras leyes en la materia concebidas en el siglo pasado.

 

@antoniomarvel

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