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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Libertad de expresión en línea: las redes son la vieja TV
Algunos hechos en las últimas semanas nos brindan indicios para pensar que las redes sociales dejarán de ser grandes contenedores de expresión, para pasar a ser un híbrido entre un medio de comunicación editado y un espacio de interacción social.
Por Antonio Martínez
5 de septiembre, 2014
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Las redes sociales son espacios de expresión en internet que han supuesto la ruptura de paradigma en la forma en que nos comunicamos; pasamos de la comunicación de “uno para muchos” a la de “muchos para muchos”. Como lo documenta James Gleick en su libro TheInformation, cada sistema —desde los tambores parlantes hasta las computadoras— moldea la cultura y la forma en que construimos nuestra sociedad. En ningún otro momento de la historia los espacios de interacción social habían sido tan masivos; con ello hemos acarreado distintos problemas para los cuales no hay soluciones definidas.

En su libro Rewired, el director del laboratorio de medios cívicos del MIT, Ethan Zuckerman, habla del cosmopolitismo imaginario que ganamos en las redes. Mientras pensamos ser más sociales y abiertos a la diversidad, en realidad ocurre lo contrario: nuestras redes son homofílicas y xenofílicas a la vez, de manera que las tribus nacidas en consecuencia no necesariamente son más diversas. Las “figuras puente” como las llama Zuckerman trascienden ese fenómeno y aprovechan la red para irrumpir y exponer a distintos círculos a nueva información. Por último el autor argumenta a favor de las conexiones físicas y obliga a politizar lo que sucede en la red —cuyo contenido político, pienso, ha sido diluido por el tecnohipismo y emprendedurismo de Silicon Valley.

Si lo pensamos, el gran éxito de las redes (Youtube, Facebook o Twitter) es que son contenedores neutros cuyo valor está construido por los usuarios. Es decir, ninguna de estas herramientas vale por sí misma sino por la capacidad que le da a cada persona de generar valor. De ahí que en algún tiempo se generó una ficción que, desde mi punto de vista, sobrevive: estas redes son la nueva esfera pública. Aunque parezca una obviedad, vale la pena recordar que son espacios privados al cien por ciento, aunque algunas veces tengan consecuencias públicas.

Estos espacios privados tienen reglas propias; los términos de servicio de cada una especifica qué se puede hacer y qué no. En general, todos estos contratos de adhesión que firmamos —muchas veces, o casi siempre, sin leerlos— se ajustan a ciertos estándares sobre privacidad o libertad de expresión; además, gracias a la hiperconcentración de internet, estas redes se encuentran en Estados Unidos, lo cual amplía la salvaguarda legal para que funcionen ya que, de acuerdo a la sección 230 de la telecomunications act, los intermediarios no son responsables legales de los contenidos en la red.

Algunos hechos en las últimas semanas nos brindan indicios para pensar que las redes sociales dejarán de ser grandes contenedores de expresión, para pasar a ser un híbrido entre un medio de comunicación editado y un espacio de interacción social. La decapitación del periodista James Foley, la filtración de fotos de algunas celebridades que posaban desnudas y la promoción diferenciada del contenido de Ferguson, nos hablan de una mediación activa entre el contenido y los usuarios finales. La élite de los cosmopolitas digitales, con la carga que esto implica, decide exactamente qué y cómo lo vemos.

En el caso del periodista decapitado, las redes se lanzaron a cancelar cuentas de quienes compartían el video (mientras los periódicos, que se regulan de forma “más pública” lo llevaban en portada). Sucedió lo mismo para los usuarios que compartieran las fotografías de Jennifer Lawrence y por último, como lo sugiere la socióloga Zeynep Tufekci, el caso de Ferguson pudo haber sufrido de una censura algorítmica en Facebook; a este último caso yo agregaría que quizá también se deba al tipo de conexiones que establecemos, el Twitter, frente a unos desconocidos que no necesitan reciprocidad es más fácil expresarse que frente a los amigos en Facebook. Un estudio de Jason Maderer para el Georgia Institute of Technology advierte que hablar de política en Facebook puede ser más complicado que otros medios. Por ello en FB pasaba el Ice Bucket Challenge y en Twitter, Ferguson.

Para la escritora y activista Jillian C. York, estos casos representan una especie de censura, tomando en cuenta la concentración de la red y el gobierno del contenido en estos nuevos protoestados (las redes); la supresión de contenido racista o islámico o violento es más fácil porque adquiere rápidamente consenso de parte de un red homofílica y que funciona como una caja de resonancia. Para York, la solución es que se rompa la ficción privada de la red y se adhieran a sistemas públicos de censura y libertad de expresión; en este caso York sugiere la primera enmienda. Yo pensaría más en un piso más global y con más actores involucrados como la Declaración Conjunta de libertad de expresión e internet. La activista piensa que esto serviría “Para ser más responsables ante los usuarios, ya que estas plataformas deben adoptar públicamente procesos transparentes que permitan una visión completa de toda decisión de bloquear el contenido. Y estos sitios deben invitar a la retroalimentación de los usuarios como un control contra los abusos”.

El problema es la discrecionalidad de estas redes contra las expectativas del usuario. Es decir, en internet uno tiene una expectativa razonable de acceder a un contenido (el video de Foley) que de otra manera no estaría al alcance de todos y no debería estar mediada mi posibilidad por un particular que no rinde cuentas sobre ello. Del lado contrario, hubo periodistas que compararon a youtube con las radios de Ruanda que entre 1990 y 1994 difundieron propaganda de odio cuya consecuencia fue el genocidio. La comparación es exagerada e imprecisa, detrás de Ruanda estaba el gobierno, el Estado; detrás de la prohibición de un contenido en Facebook sólo está Zuckerberg y sus usuarios.

 

@antoniomarvel

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